lunes, 10 de noviembre de 2008

Musas de Diana Beláustegui

Me desperté con un ruido y al instante surgió la duda de si lo había escuchado o soñado.
Uno nunca sabe y mucho menos en mi caso.
Suelo tener una imaginación audaz y delirante que me sorprende en lugares y momentos muchas veces inadecuado. Contuve la respiración tratando de oír, entre la agitación y el corazón que me golpeaba los tímpanos, no podía percibir los pequeños sonidos.
Silencio.
¿Lo había soñado, imaginado? ¿Lo había escuchado en realidad?
Silencio. Más silencio.
¿Que había sido eso? Una respiración. ¿Era un pulmón que se llenaba de aire y contenía el aliento?
No, no era nada. ¿O si?
Silencio.
Silencio.
Tal vez era mi mente.
Recordé los acontecimientos de hacía unos horas. Durante esa semana una idea me había rondado por la mente y esa noche para poder contactarme con la inspiración había realizado unos rituales de aproximación.
Cuando la idea es nostálgica pongo música lenta y en la oscuridad intento comunicarme con mis hadas apesadumbradas, enamoradas, engañadas, para que guíen la tinta que se derrama en el papel en garabatos que luego me cuesta descifrar.
Pero la idea que últimamente me atormentaba era oscura, no podía traducirla, eran imágenes sueltas que se concatenaban con frases, pero nada mas, poco definido.
Anoche decidí que era el momento de llamar a mis demonios. Con las luces apagadas y unos cuantos sonidos de Marilyn Manson me escondí bajo la mesa para dejar que volaran tranquilos por la habitación. Para poder verlos sin que ellos me vieran. Necesitaba admirar sus danzas y que dejaran las puertas abiertas de la mente para poder escuchar los murmullos convertidos en gritos y lograr escribir la historia que dictaban.
Un relato sangriento y espeluznante había sido uno de los resultados, el otro era evidentemente este miedo que me tenía paralizada.
Sin dudas había tenido alguna pesadilla y mi despertar sobresaltado era toda una manifestación de un inconsciente que seguía danzando con los demonios de esa noche.
No hay ruidos…se que no hay ruidos, ojala y no escuche más ruidos.
Silencio.
Y allí esta de nuevo. Es alguien que se acerca con sigilo, cuidando cada paso, cada acento que el pulso le marca en las venas.
Al poco tiempo de mi separación, se me cruzo la idea de que tal vez alguien podría aprovechar la soledad de una mujer para invadir su morada… de pronto creo que no fui la única en pensarlo.
Es irónico encontrarme en esta situación, habiéndome vanagloriado siempre de ser mujer fuerte y autosuficiente, estar ahora bajo la sábana tratando en lo posible de no temblar, levantando la manta lo suficiente como para poder ver alguna sombra o intuir al menos si se aproxima o no. Miro el reloj y son las tres y media. Hace escasas dos horas que me había acostado. Estoy transpirando.
Silencio.
Silencio.
Un ruido. Es la banqueta que está cerca de la heladera. Quien sea que camina por el comedor, entre las sombras, la ha chocado.
Silencio.
Silencio.
Cuando tengo que escribir y las palabras no salen y me veo en la obligación de llamar a mis demonios, el ritual me deja exhausta, luego duermo de ocho a nueve horas que imagino son para que cada ente se incorpore nuevamente en las profundidades del alma. Ahora el miedo que ciento y esta sensación de angustia se me ocurre que podría ser porque aun no estoy completa. Algunos demonios todavía deben estar recuperando el aliento o gritando enloquecidos para luego entrar en calma. Me levanto en puntitas de pie. Cuando intento acercarme a la puerta aspiro una bocanada de aire caliente. Me detengo. Nunca antes estuve despierta cuando mis demonios deciden entrar, no se que pensar. Los veo por el rabillo del ojo, hay dos que juegan a arrancarse las uñas, creo que se dieron cuenta de que los observo. Ya no se a quien temer. Cuando danzan, siempre me escondo bajo la mesa y una vez que termino de escribir me acuesto donde estoy y duermo. Ahora me encuentro al descubierto. Ya no me importa el intruso y su respiración cercana. Los demonios me ven. Ni siquiera cuando son las hadas me atrevo a mirarlas, y ahora estoy aquí cara a cara con estas bestias.
¿Debo creer que nunca estuve cuerda, y esto es solo parte de mi caótica imaginación?
Enloquecen y sé que me atacaran, grito y corro. En el comedor puedo ver la luz de una linterna y cuando llego agitada me espanta la idea del intruso y me paro en seco, ya no escucho a mis demonios pero los siento. El tipo me alumbra y la luz es tan fuerte que puedo ver su mirada, esta asustado, esta aterrado.
Sus pupilas dilatadas saltan de mi persona hacia algo que esta detrás de mí, nos mira y tiembla… lo atacan.
El hombre nunca más interrumpirá a las musas de un escritor.
Estas no siempre son bellas y amables.

3 comentarios:

  1. Muy bueno. Estuve atento hasta el final, oyendo los ruidos, a ver qué pasaba en la próxima línea.

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  2. Gracias Juan por comentar mi cuento. Entré y había 8 comentarios, ninguno hablaba de mi texto. Que triste.

    Diana

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  3. Diana, coincido con vos: una tristeza que hayan desvirtuado este espacio para hacerlo una palestra de bajezas y acusaciones, aun cuando los comentarios sean desatinados o inpertinentes, quizá no merezcan respuesta.
    De todos modos quería hacerte un par de comentarios sobre tu texto que en términos generales me cerró bastante. Muy interesante el ambiente de incertidumbre que creaste, aunque tal vez el juego entre el sueño y la vigilia que planteás al principio este algo trillado. Por ahí te conviene utilizar otra estrategia para crear esa atmósfera de duda porque yo, como lector, debo confesarte que al comenzar a leer me dije "¿Otra vez la indistinción del sueño y la vigilia?", sin embargo, fue una primera impresión y el texto se pone más interesante.
    Está muy bien eso de explayarse en lo que hacen tus demonios y tu forma de relacionarte con ellos (bajo la mesa), al principio parece un desarrollo gratuito, pero lo resolvés bien y no te detenes en muchos detalles que lo recargarían demasiado (incluso los detalles que das están bien puestos, esto de que "juegan a arrancarse las uñas"). El tema de las hadas no me cierra mucho, sé que estás contraponiendolas con los demonios como dos formas inspiradoras casi contradictorias, pero me suena un poco naif; claro que también es cierto que hay mucho de mi subjetiividad en esto: sinceramente no me interesan mucho las hadas y sus connotaciones anexas. Pero ese es un problema mio y no de tu texto.
    En cuanto al final, me encantó, me parece muy bueno, sólo te hago una sugerencia: me parece que si lo terminas en "Sus pupilas dilatadas saltan de mi persona hacia algo que esta detrás de mí, nos mira y tiembla… lo atacan." el final tendria más fuerza, porque ya sabemos que si tenés musas demoníacas, tus musas no siempre son bellas y amables.
    Bueno, eso es todo, espero te sirvan de algo estos comentarios (confieso bastante superficiales). Besos.
    Luís María.

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