lunes 21 de diciembre de 2009

Lamento de Maria Lujan Luna


Sin un hombro para llorar.

Sin lágrimas que desperdiciar.

Sólo palomas vuelan con el viento.


Es apenas dolor lo que yo siento.

Pero no me supe expresar.

Yo

Nunca aprendí a hablar.

A gritar.

Siempre parada a un costado.

Nunca del lado contrario.

Un estereotipo.

Un molde.

Una fotocopia en cadena.

Casi, casi un alma en pena.


Aunque no hice ningún esfuerzo.

Nunca tuve un solo tropiezo.


Todo lo que tenía era prestado.

Todo Ajeno.

domingo 20 de diciembre de 2009

Numeral... de Walter Neirot.

Sólo el invierno,
la ropa en un rincón,
el vaso vacío,
el atardecer intacto,
algún recuerdo mantenido en vinagre,
el reloj cubriendo el bidé,
mis manos presionando,
la tela, el vino,
una ola que despierta a solas,
respirar, otra vez, de nuevo,
sembrar los cabellos,
llevar tus palabras a la nieve,
usar los labios para poses,
los gerundios para lo que no haces,
hasta que el invierno,
el humo y las palabras
vayan borrando tu rastro inexistente...

La espera de Diana Beláustegui

Ya hacía un tiempo que vivía ahí y estaba acostumbrada.
Al principio, la estadía se tornó dura. No encontró a los que pensaba encontrar. Cuando llegó, ellos ya no estaban, se habían ido. En su lugar halló gente extraña, y no eran tantos tampoco.
Se habituó a las largas charlas, en las tardecitas, sentada a la salida de su morada, recordando historias antiguas. Aprendiendo también a convivir con el pasado, a aceptarlo como tal, como algo perdido. ¡Eso llevaba su tiempo!
En la primera semana se sintió desolada, lloraba mucho. Había mañanas en las que gritaba tan fuerte su impotencia que los gritos eran escuchados por los ocasionales visitantes del lugar, haciendo que más de uno huyera espantado.
Los que llegaban estaban un tiempo relativamente corto, comprendían todo, miraban lo que dejaban con ojos tristes y se marchaban arrastrando los pies con resignación.
Ella no. Se negaba a irse. No se iría sola como el resto. Ella lo esperaría. ¡Él no se merecía otra cosa! Ella esperaría lo que hiciese falta y el día de su entrada… le abriría el portón.
Se sienta y cuando piensa en eso es cuando realmente se siente feliz.
Ella sabe que llegará, seguramente, vestido con su mejor traje y escoltado por parientes llorones. Quiere ver su expresión cuando lo dejen solo y la encuentre. Cuando ella decida mostrar su rostro macabro con la pestilencia que traen los años y que se adhieren mohosos a su ser.
Ese día lo tomará de los hombros y lo conducirá al lugar donde se merece estar. Quiere verlo entrar, quiere verlo aterrado y suplicante, así como él la vio aquella última vez.
Se sienta afuera y contempla el tiempo pasar. ¿Qué son diez años, cuando uno espera por la venganza? ¡Diez años, no son nada! Ya llegará.
Por lo pronto, durante las noches, entra al mausoleo y se sienta a contemplar lo que queda de la belleza que supo poseer y acaricia los huesos rotos del cuello para no olvidar. Para poder seguir esperando sin olvidar.
Suspira profundo y los perros ladran.
Él llegará.

Escritor de Diana Beláustegui

Fabián tenia una uña larga en el dedo índice de su mano derecha. Cada 15 o 20 días (variaba según episodios personales o influencias externas) sentía dolores de cabeza que se alternaban con sensaciones de presión en la frente. A veces aguantaba 5 días antes de realizar su ritual de curación.
Se sentaba a la mesa, ponía una cartulina blanca y se acomodaba en la silla, con un toallón manchado, atado al cuello, cubriéndose pecho y espalda. Buscaba con la yema de los dedos un lugar específico en la zona del parietal derecho. Cuando la encontraba clavaba la uña, hundiéndola lo más posible. La piel pronto cedía, el cráneo tenia en ese lugar un agujero cuyo diámetro no superaba el medio centímetro, era cuestión de rasgar y cortar, luego introducía un tubito de una lapicera y ladeaba la cabeza para que saliera lo que provocaba la presión. Primero eran grandes letras imprentas, mayúsculas, times new roman negrita que se intercalaban con palabras en arial narrow cursiva que caían formando charcos y coágulos espesos. El tratamiento para su presión comenzaba a funcionar a los diez minutos, sentía alivio, y el dolor comenzaba a desaparecer. Experimentaba cierto mareo y una sensación de embriaguez que rozaba lo orgásmico. Con una toalla se limpiaba el costado de la cabeza y juntaba los pliegues de piel tapando el orificio. Pronto cicatrizaría, era cuestión de horas. Tomaba la cartulina manchada y comenzaba a moverla de un lado al otro como quien lee la borra de café en una taza.
Las frases se formaban solas y la historia surgía delante de sus propios ojos. Luego hacía secar la cartulina y la enmarcaba usando madera apenas pulida, protegida con un barniz mate. Las colgaba en una habitación amplia, preparada solo para sus obras, la pared estaba pintada en rojo bermellón, quedaban pocos espacios vacíos, en el centro había un sillón grande al estilo Luis XV en el que luego se sentaba para conmoverse con sus historias.
Nunca quiso ser escritor, nunca lo planeó, pensó ni tramó. Pero estaba signado en su camino.
A los 15 años una bruja, medio chamán y medio espiritista tocada con la varita de la locura después de haberlo observado un rato largo, lo sentenció.
- Las mejores historias saldrán de tu mente.
Y cuando él rompió en carcajadas la vieja le clavó la uña en el lado derecho haciendo crujir el cráneo y provocando la abertura en el hueso.
El dolor punzante duró unos segundos y ella siguió:
-Tu vida dependerá de ello, todo lo que tu espíritu creativo dicte se irá moldeando en tu cerebro y si no lo sacas, morirás. ¡Tu destino está marcado, niño! ¡Acabas de nacer, escritor! Bienvenido al mundo de las letras, doloroso y placentero, solitario y abrumador.

sábado 19 de diciembre de 2009

Imposible de Néstor Mendoza.

Es imposible que vuelvas
he cambiado cerraduras
y uso llaves nuevas.

mi corazón
bien
gracias.

Pequeñez de Juan Manuel Aragón

Tener es ser.

-Ché, remember el pebete mequetrefe.
-¿René Gerez? ¿El que bebe leche? ¿El que vé peces en Telefé?
-Ese, ese, el que crece entre memeces.
-Mercedes Belén Tévez de Pérez Betbeder es demente, se desprende del precedente entremés que emerge del repelente gen.
-El brete crece del deferente emerger.
-Eh, qué querés.
-Que esperes.
-Déle, déle, él es excelente.
-Pelé, encrespe el presente, frene el flete, peleche entremeses, vele chébere kermés. Enceste.
-El breve gen teje el best-seller célebre.
-¿El best-seller es fetén-fetén? ¿De qué depende?
-De Fede Vélez, de Tere Neme, de René Mestre, del Bebe Becker, del Nene Pece, de Teté Meneses, de Petete Estévez.
-El revés del deber ser.
-Me tenté, esperé de Hermes el desprenderse del perecer. Pequé de repente, entregué el cheque.
-Recele del vesre.
-Qué merequetengue perenne.
-Sé breve.
-Que pene Menem, qué pequeñez, que se estrese, que se eyecte.
-¡Eh!, ¡frene!, ¡frene!
-Esperemé, qué teme.
-Que le den el dentre.
-Emerge el ex entre entes peleles.
-Leer el presente teje embeleses.
-Que cese, que cese. Que se emperne, que se le despeleche el tele, que se emperre, que rece.
-¿Que espere el tren?
-¡Jé, jé, jé!

De Esther Petersen Negrete: «Helen Keller en el destete del bebé».

Las magas de Juan Manuel Aragón.

Las magas amaban la casa. A las cansadas daban nalgadas; laxas, parlaban la tanda, changas baratas. ¡Araca! Ana Carrara, Amanda Abdala, Mara Artaza, Tamara Zapata, Marta Aranda, Aldana Lara, Pabla Galván, Sara Amaya, Ada Barraza, Carla Cajal, Sandra Carranza, apalabraban al Rajá. Las magas sacaban la bata, andaban vagas, hablaban para Caracas, Canadá, La Plata, Samarcanda, Catamarca, Andalgalá, Canán, La Pampa, las Cataratas, Calama, Amamá, Granada, Las Palmas, Salta, Navarra, Panamá, La Matanza, Paraná, Aracataca, La Banda y La Kaaba para ramadán.
Las magas agarraban la navaja, apalabraban la rambla, daban lata a la cana y manyaban carnaza, nalga, caballa, papa, batata, manzana, naranja, ananá y castañas. Sacaban la nata.
Las damas amaban al galán falaz y las sábanas ganaban al alba. Daban largas a la cancha, bajaban las patas al canal y agarraban la taba, la pallana y la larga sanata. Trabajaban nada, ¡alhaja las ñatas! Sanaban a las patadas las manchadas astas. ¡Satanás! ¡Satanás!
Andaban varadas, nadaban y cantaban la mar astaba sarana, sarana astaba la mar. Haraganas. ¿Las plantas? Arrayán, pacará, jacarandá, jana. Hamacaban la caja, las majas marcaban las barajas, andaban tras las largas caras, las galanas. Para la macha, mandaban a la gárgara caña cachaza. Al marcar las cartas, abarataban la laca y mataban la basta sanata. Y, ah, las magas, abracadabra, las patas daban a la cabra. La cámara ya las llamaba para amar.
¡Magas!, ¡magas! Tan tarambanas, tan malsanas. ¡Tan bataclanas, las flacas!

jueves 17 de diciembre de 2009

¿Coelho o Kafka? ¿A dónde mando el sms? de Belén Cianferoni.


Mis amigos tienen una actitud positiva cuando muestro mis cuentos o las pseudo crónicas que escribo, me ven y preguntan con una cara licuada entre preocupación y solidaridad, Belencita… has tocado fondo…, y me dicen entre llantos mocosos ¿Belenchus en verdad estás tan mal? te entendemos. Temen por mi vida, que en un acto desesperado salte de algún lugar alto, que me extra medique, o quien sabe cuántas cosas fuleras …productos de una imaginación a base de fernet y puchos baratos (puede agregarse también el sostén de educación básica argentina a medio hacer, es el resultado de varias profesoras de lengua del secundario). Lo que no consideran es que de hacerlo, de en verdad sacar el último aliento a este saco de huesos con cuero y baches, lo haría de una manera más artística que los suicidios asistidos por crónica tv… y lucrativa para mis cuentos de paso, aunque no disfrute de ver como mis escritos prosperan, pero no importa… pero… y si me hago la muerta… así podría ser que… Es peligroso, fraudulento e inútil seguir en esta línea de pensamiento, mejor dejo de seguir maquinando esto. Me autopropongo ir saltando de tanto en tanto a otro tema que no involucre ningún artículo del código penal.
Cuando aterrizan las preguntas incomodas sobre mi estado emocional respondo intentando guardarme las malas palabras muy adentro mío: No, todavía no sigue la idea de seguir puteando un rato más, todavía no compre un libro de Bucay o de Coelho.
- Yo quiero morir ahogada en sopa de letras… me imagino los diarios, los encabezado y a crónica tv con las trompetas… “”PIBA QUE ESCRIBÍA SE AHOGA EN SOPA DE LETRAS”… fantástico. Después les dejo unos cuentos periódicamente a unos amigos para que simulen encontrar los escritos de mi época depresiva en algún cajón o caja fuerte. Doy una comisión a cambio, y que ellos inventen un contexto en el que los escribí (conociéndolos el contexto va a resultar mejor elaborado que los cuentos), así puedo vivir en paz en Machu Pichu, en Irak o en Georgia del Sur, algún lugar tranquilo y sereno fingiendo mi muerte y tomando unos tragos de vodka de vez en cuando. –
De tanto en tanto, después de tantas preguntas, me quedo pensando: cómo sería mi vida si comprara libros de autoayuda y superación. Aparte de perder el respeto de mi persona, se agregaría también que podría llegar a ser feliz, y por ende cambiaría mi manera de escribir. ¿Cómo sería una Belén con el cerebro lavado, limpio y fresco como una lechuga? De seguro escribo poesía y de amor, pensamientos pedorros con un hilado grueso y obvio, no escatimaría en rima ni en mundos paralelos y danzantes, con muchos unicornios y hadas, plagado de mensajes moralizantes y rectos donde se podría aprender de… que se es posible ser feliz y escribir pelotudeces.
- ¿Otros escritores habrán fingido su muerte? Kafka es sospechoso… es demasiada casualidad que aparecieran de la nada tantos escritos periódicamente a manos de su amigo, de su secretario, digo por decir presunciones nada más, sumándo su joven edad y esa enfermedad fulminante tan bien preparada. Todas esas circunstancias de su vida me suenan a imaginación perseguida por el apuro de aumentar el valor a la obra artística. –
He recibido un par de libros de Coelho como regalo de cumpleaños -que alentador- por parte de mis amigos –reitero que alentador– pero se transformaron siempre en dinero cuando los vendo a las vecinas de enfrente y ellas tan gustosas por el envío a domicilio, pagan un pequeño precio extra, que es solo un 25 por ciento sobre el monto que abonaron los agridulces buitres que tengo por amigos, es cierto la felicidad no tiene precio, pero para mis vecinas de enfrente si, y con un recargo del 25 por ciento.
- ¡No quiero llegar a imaginarme el precio de mis falsos libros póstumos si fuesen de autoayuda o de superación! Siento que estoy perdiendo plata fingiendo estar viva para mi familia ¡Y triste!, en vez de estar muerta tranquilamente en algún lugar francés o tropical quizás y feliz escribiendo boludeces. ¡Qué garka era Kafka! De seguro él sabía todo esto, y no esperó para hacerse el difunto. Aunque si me mato (en ficción), no tiene sentido que escriba cosas lindas, seguro el que escribe cosas lindas tiene una vida muy feliz, y no se mata porque sí ahogándose en una sopa de letras. -
Todo mejoraría con los libros de autoayuda, sería tan feliz que bebería de noche sin preocupaciones, compraría ropa de moda hasta que la tarjeta de crédito se empache, reiniciaría el nuevo día cantando, besaría bebes en la frente, comería barras de cereal a pesar de que tengan un sabor a cartón asqueroso pero no me importaría porque tendría un radiante sabor a campiña francesa mojada por las suaves aguas del perfumado riachuelo, iría a escuchar chacarera aunque la odie con toda mi alma pero me reencontraría con mis raíces –nauseabundo que no?-, usaría la palabra raíces pero siempre en buen sentido –puaj-, le daría una nueva significación a lo que significa la palabra bienestar mental –¿qué?–, podría estar bien con mi intra-yo-interno –usan palabras así ¿qué no? – tomaríamos licuados en vez de cafés y mi intra-yo-interno me contaría que se siente para la mierda viviendo esta mentira que llamo vida alegre. La mirare a los ojos y le diré muy enojada: ¿Qué diría Coelho si te viera así? El sabe de esto porque sabe… Se decepcionaría, y sabes qué pasa cuando Coelho se decepciona… Nos mataría a las dos… Yo no te conozco, en verdad no te conozco… Vete… fuera... Vete… ¡¡¡Coelho perdóname… esta imbécil no sabe lo que dice!!!
- Escribir siempre libros deprimentes y tristes puede llevar a suicidios, dice el prospecto de los libros de Poe y Quiroga. Es decir, que en mi falsa vida (o falsa muerte, uy que lio), el escribir sobre temas completamente deprimentes hablando de violaciones, depresiones, mutilaciones, asesinaciones, y todos esos iones de carga negativa, puede llevar a matarme de verdad, encima nadie iría a mi velorio (¿Cómo son los velorios en Georgia del Sur?), porque ya fueron al otro falso velorio a cajón cerrado porque me ahogué en un sopa de letras insulsa mientras sostenía un par de cuentos en la mano para la promoción de Alfaguara (de seguro Luis María me saco una foto). –
En el fondo ¿cuál quedaría de las dos opciones?, mando “fuerzabucay” por sms al 6969 o “ahogatenlasopadeletras” al 9696, ¿o en verdad hay algo más? Hay algo más fuerte… Y de seguro no está en un mensaje de texto.

miércoles 16 de diciembre de 2009

Redondos de Ernesto Giménez

esa noche temí besarte

me decías que

no

no daba

esa noche te pedí el celu

me diste un número

equivocado

esa noche te dije

que me gustabas

una bocha

pero vos estabas

con otro

chabón

esa noche yo cantaba

algo de los redondos

no sé

ponele

“ni bien amainó

la tormenta, olvidó

las promesas hechas

otra vez!”

pero vos

como siempre

andabas en otra

martes 15 de diciembre de 2009

Noche de Néstor Mendoza.


Si uno pudiera decir algo
Algo de uno a cien
Algo de uno a la sien de otro
Y a pesar del otro.

Si uno pudiera escuchar algo
algo menos que los ruidos propios
si uno pudiera escribir algo
que no sea sol
ni luna
ni amor
ni dolor
ni canto.

No estaríamos así
como este nopasanada
solos y aburridos
mirando telarañas
en el techo
de un lugar que no es.

La telaraña de Andrés Navarro

en el techo de mi
habitación

en un rincón
arrinconado

una arañita
tejió su telaraña

con una escoba
la desarmo toda

porque sí
porque da mal aspecto

lunes 14 de diciembre de 2009

Generación del 80 de Ernesto Giménez

Cuando me dicen
si sigues así
uno de estos días
te vas a morir
yo contesto
me voy a vivir
a misiones
así consigo cucumelo
y me pierdo en las cataratas

no conozco las malvinas
el día que nos ganaron
los yonis
yo cumplía dos años
14 de junio del
ochentidós
por ciento móvil

a veces pienso
en misionar en las malvinas
pero no hay cucumelo
que alcance
en islas Malvinas
pasando la Aguirre
como yendo
al cementerio
donde aguarda
la muerte
de los pobres.

Porque este es el fin de todo de Luján Luna

Porque los sueños nunca conocieron finales felices
Porque la ira nunca conoció momentos buenos.
Porque la luna nunca conoció a su sol,
Más allá de unos cuantos eclipses
En los que estaban unidos por un lazo de amor.
Porque las plumas desperdigadas en el jardín
Me recuerdan a mi infancia,
Aunque pronto las llevará el viento,
Siempre dejarán impregnada tu fragancia.
Porque lo último siempre es lo mejor,
A pesar de que es cuando más se nota el dolor.
Porque un perdón no borra todo.
Porque para un todo hace falta más que eso.
Porque eran unos pocos los que realmente vivían,

Los que nunca olvidan,
Los que retienen el pasado,
Los que asumen el presente,
Y los que no piensan basándose en el futuro
Eran los que el viento los había elegido.

Porque el punto final es el que más dolor crea.

Según mi querido Lucius, la razón no existe. Y menos para los que escriben.
Para ellos, todo está en el papel.
M.L.