Mostrando entradas con la etiqueta La Jeta Opina sobre La Jeta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Jeta Opina sobre La Jeta. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de abril de 2010

Algo de lo incompleto - Andrés Navarro



Dice Barthes en su El placer del texto: “(Placer/goce: en realidad, tropiezo, me equivoco; terminológicamente esto vacila todavía. De todas maneras habrá siempre un margen de indecisión, la distinción no podrá ser fuente de seguras clasificaciones, el paradigma se deslizará, el sentido será precario, revocable, reversible, el discurso será incompleto.)”

Pasado un tiempo de esa escritura, el discurso es incompleto… está. Esto está todo confuso aún, o recién empieza para mí. La experiencia de la Jeta me lo confirma. Intentamos diferenciarnos-distinguirnos de un, no sabemos bien qué, confirmando lo que decía Rolando, eso de las “seguras clasificaciones”. Y si pongo la palabra “paradigma” el asunto se termina de poner pesado. Mientras tanto, parece que de eso se trata. Año 2010, nos empezamos a reunir algunos enfermizos, después de cada evento para hablar y hablar y hablar y llenar de barro los pisos de los cafés ocasionales en los que nos metemos. Si parece que teníamos la garganta empolvada por el desuso, y no nos damos cuenta y hablamos fuerte y alguna señora rubia nos mira de reojo. ¿Qué decimos? Algo precario seguramente, algo revocable. Algo incompleto que genera el placer del encuentro pero también el goce de lo siempre insatisfecho. En esta andamos, y siguiendo con lo del francés: “esto vacila todavía”.

viernes, 16 de octubre de 2009

Acerca de la última reunión, de Juan Manuel Aragón



La última tenida de "La jeta", estuvo, ¡bueno, bueno!, muy divertida y enriquecedora. Diana Beláustegui leyó un escrito que había llevado sobre rock nacional. Detalló prolijamente las bandas, las formaciones, los cantantes, e hizo alguna referencia al momento político y social de cada período. Fue con su hermano, un flaco que deleitó a la concurrencia con el rasgueo de canciones conocidas. Nadie me creyó cuando conté que Roberto Cantos, de los Coplanacu, cuando era chango se sabía todas las canciones de los grupos de entonces. En ese tiempo hacía dúo con Pirulo Ábalos. En algunos pasajes de la charla, faltó poquito para que nos abrazáramos cantando "me gusta ese tajo, que ayer conocí, ella me calienta, la quiero invitar a dormir". Pero no daba. Con un poco de birra, quién sabe. Hubo una discusión muy rica sobre si el rock actual es rock o es otra cosa, con referencias al rock chabón, a Charly y otras consideraciones de bandas nuevas que nunca he sentido ni mencionar. Pero cómo será que estaba de linda la conversación que me animé a opinar de grupos de los que en mi vida no he sentido ni una nota. Andaba un saldobés, cruza de salteño con cordobés, al que luego se le haría una especie de homenaje en Desafinados, con recitado de poemas y todo. Pero me perdí esa parte, la patrona cumplía años y desde hace como seis meses le vengo prometiendo que la iba a llevar a otra parte. Esa noche, pues, he cumplido.
Párrafo aparte para el pantaloncito -cortito cortito- que llevó la Belén Cianferoni. Fue la encargada del mate, pero el tereré había sabido ser una porquería, amigos, vaya una antirrecomendación pra este brebaje misionero, aña membuí. Pero ella, digo, la Belén estaba de lo más recomendable. Yo cantaba "con sus lindas piernas ella me hace pensar, que debo destruir la mierda de esta gran ciudad", y era para ella aunque no se diera cuenta, qué me importa.
Poca gente, pero valiosa, eso sí.
Los que se lo perdieron, se lo perdieron.
Para la próxima, las chicas van todas de hot pants, si no, no entran, promesa. Los changos llevamos la bebida y ellas los canapés.
Y que se haga agua el helado.
Saludos

viernes, 19 de junio de 2009

Mala Literatura


De: adrian carrascosa adriancarrascosa@yahoo.com.ar
Asunto: comentario sobre forrest
A:
nesmendoza@yahoo.com
Fecha: viernes, 19 junio, 2009, 1:35 am

Nestor escribi un comentario salio un poco largo, pero esta bueno (por lo menos estoy conforme) te lo mando porque hoy a la siesta no pude enviarlo, no entiendo bien como agregar el comentario, si vos puedes envialo. Hoy por la noche volvi a intentarlo nuevamente y nada. Como es la primera vez que intento enviar algo, tal vez me estoy comiendo algun paso. abrazos.



La "mala literatura",siempre genero rechazo, ofuscó a los señores que creen resguardar el valor de la literatura en eso que llamamos "cuidar el estilo", pero de esa mala literatura de esos géneros menores o bajos, salio lo mejor que tiene la literatura argentina hoy, desde Macedonio Fernández, Roberto Arlt, Manuel Puig, Osvaldo Lamborghini, Perlongher, Zelarayan, Cucurto, y por último el que domina la atención de críticos y lectores: Cesar Aira. Por que estos escritores se alimentaron de esos discursos sociales para demostrar que hay literatura en esos pequeños "detalles" de la vida cotidiana, y ahí esta el mingitorio de duchamp que vino a cambiar la mirada del arte de principios de siglo XX y nada volvió a ser igual, porque en esa lógica de la provocación, porque en esa tomadura de pelo cuestiono los valores "de mirar el arte" para hacer estallar y revelar nuevos horizontes de valores.
Ya lo decía Arlt en su famoso prólogo a los Lanzallamas, "el futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un "CROSS" A LA MANDÍBULA”. Y la prosa poética de Néstor genera eso, rechazo y al mismo tiempo es provocativa, potente, nos puede gustar o no, lo que es innegable es que esta buscando una voz propia tal vez no sea su mejor texto (y los tiene) pero, Néstor trabaja con el lenguaje que otros descartan, eliminan para volverlos a resignificar en sus textos, para dar imágenes potentes, provocativas. La literatura , por lo menos para mi, tiene que molestar, movernos, y sobre todas las cosas tiene que remover las tripas. Además en este texto encontramos referencias a lo alto y lo bajo y allí están los pichiciegos de fogwill y el mito de Sísifo de Camus, escondidos, apenas asomándose tras bambalinas, mimetizados, porque no es lo importante ese discurso, sino el otro el que otros rechazan, ese es el que gana por nocaut.
Estoy seguro que no es su mejor escrito, o no es lo suyo el formato narrativo, pero si funcionan bien, los párrafos aislados, el primero es muy bueno, con ese cierre de ese gran tema (¿se usa todavía decir “tema”?) de Calamaro. Además de ese tono provocativo que mencionaba más arriba, sus textos siempre tienen esa combinación binaria entre lo insociable y lo afable “…Como un pichi comiendo chocolate amargo y abrazado a la foto de una chica rubia de un colegio de barrio norte. Y aspiraba el olor de la pólvora. Y para no pensar en los gurkas, para no hacerme en los pantalones, soñaba con ella. Su piel rociada con perfume caro, su aliento a café con leche de la mañana. Soñé con volver y amarla para siempre como en esas películas francesas que hacen lagrimear a las universitarias sensibles: Amelié, La Doble Vida de Verónica.”
Siga adelante compañero, porque uno no escribe para la satisfacción de las personas honorables.

Adrian Carrascosa

lunes, 8 de junio de 2009

Coger y decir con doble ere y eses santiagueñas

Aclaración: Nos dio pereza(a la autora y al que publica) corregir los signos de puntuación. Traten de entender, no la pereza, sino el desorden de ideas. Este texto fue escrito a propósito de la primera reunión de La Jeta.


La negra me pidió que posteara algo, algunas líneas post-inauguración de La jeta. Y aunque jamás se ingresó en el plano de los detalles, de los qué y los cómo, bien porque ya estábamos en su casa en posiciones demasiado horizontales (leáse muertas, fatigadas, y evítense en este caso lecturas eróticas), bien por eludir demagogias y sacarle provecho al mecanismo de las palancas (tiro fuerza y potencia, y el resto, que puedo aceptarlo o no, le toca al otro), o bien porque a veces se está casi en el terreno de los sobreentendidos … imagino que en una primera lectura puede presumirse – de hecho, yo debo haberlo hecho – que el pedido de la negra y otras cositas de la Jeta (el blog, el cuadernito verde limón para firmas y graffitis…) responde a un afán de registro, de burocracias, oficialismos y demás.
Pero como no puedo con mi genio y necesito ir más allá – y de ésto que sigue y lo anterior yo me hago cargo, y entiéndase que no por solicitudes externas y menos aún en rol de portavoz o algo que se le parezca– pienso que el afán de postear un par de letras en un blog, de volcar por escrito algo, de hacer círculos para que en el medio tropiecen y se codeen con trifulca o guiño de ojo de por medio las palabras… de coger y decir en castellano, con ge, con jota o con doble ere y eses santiagueñas, a conciencia o no, va en busca de dar materialidad a algo que para mi forma de ver las cosas supera el que conste en acta.
Se me instala en la cabeza por ejemplo una de las tantas nociones que pude manipular en mis años de estudio: “Nombrar algo es crearle una existencia”. La palabra, y nada más que la palabra (dicho ésto en términos genéricos: verbal, visual, sonora etc…) al menos en esta tierra, es lo que amasa la forma y el concepto: la tuya, la mía, la de la realidad, la de las realidades, la del cosmos, la de lo extraterrenal, la del todo.
Si a lo que aquí y ahora intenta dársele existencia, nombrándolo, es un grupo literario, un paradigma en materia de escritura artística, un punto de encuentro para lunáticos en actitud de rascarse los pupos, un espacio de intercambio y cruce de lecturas que a posteriori o no enriquezcan algunos papelitos que andan rondando en nuestras casas en cajones de escritorio o archivados en la compu – y que presumo no son más que un signo de la necesidad de decir y coger en nuestra lengua y no en otra; de los cuales algunos, con un poco de suerte, habrán llegado al orgasmo –… me atrevo a decir que por el momento es secundario. Además es una materia en la que, si se quiere llegar a algún lado, poner en marcha un enunciado o fórmula del tipo “yo digo, tú dices, nosotros decimos, luego ésto existe”, claro está que supone un área de confrontación y fricción de códigos que no lleva tiempo, sino ciclos, y muchos más ingredientes que éso.
Sobre el asunto entonces, el “a qué se busca darle forma y existencia con todo esto” – el porqué, para qué, cómo, cuándo y quiénes – casi han diluviado las indagaciones, explícitamente o no; y si me atrevo a decir que para mí al menos la cuestión por el momento es secundaria, no es porque la alternativa de pronto pueda parecer que no hago más que buscar refugio o caparazón en el arca de Noé. No es éste el caso: primero porque no tengo todas las respuestas; y segundo, porque si las tuviera, quiero creer que una o dos voces no tienen porqué ser en ésto eco del resto del coro, y el coro aquí, sabemos, es amorfo y demasiado heterogéneo…
En cualquier caso, si me parece secundario por el momento, es porque me atrevo a conjeturar que en Santiago el primer conflicto a la hora de tratar de gestionar algo en materia literaria y hasta de otra índole es otro: la primera parte de aquélla proposición. Nombrar algo, aniquilar silencios, encontrar la palabra, si se quiere nuestra palabra, pulir garganta y voz para verbalizar todo o algo de lo que toca nuestros sentidos, para verbalizar el mundo. No sé cuál, porque sé que como muchos quiero decir mundos, pero estoy en la búsqueda de la forma de sustantivar y darle forma a ésto y creo, por implicaturas que puedo hacer a partir de lo que escucho, que a muchos les sucede lo mismo. Entonces mi punto es éste: si el conflicto es nombrar, nominalizar – y ésto va más allá de la problemática de la coerción y censura cultural –… de ahí que en literatura y en otras dimensiones nos ha costado (el que quiera acoplarse al plural lo hará) “crear, dar germen, gestionar existencias”. De lo que fuere: una hoja de paraíso, una cáscara de mandarina, el Carlos V, los campanazos de la casa de gobierno cada vez que pasa una hora, nuestras vaquitas y chanchitos que algunos tanto detestan… Viene y por ahora no, creo, al caso.
Lo extraño y quizás no de todo esto, es que también no pude evitar que se me venga a la cabeza de pronto la teoría del caos y el orden; claro que a riesgo de simplificar (seguramente eso estoy haciendo) ese magnífico sistema de explicación del devenir de las cosas. Esto lo traigo a colación porque aunque a la negra me la cruzo un poco más que al resto, porque aunque sabía que lo primero que venía en camino era Mairal, su tecno-erotismo y otras yerbas; el hecho de que aquí y ahora un cuento del susodicho autor me venga como anillo al dedo para decir el cúmulo de ideas que quiero decir, coger, y que quiero tratar de coger, tomar, asir y decir en mi lengua, no tiene nada de programático, no responde a un plan ni nada por el estilo.
Entonces una alternativa de lógica me dice que el caos y el orden son las dos caras de una misma moneda, y que si en el primer encuentro de la Jeta nos dimos con que muchos que andamos por el mundo sueltos como pelusitas en una suerte de caos cósmico – sí, puede ser, como la de Forrest Gump – tenemos alguna que otra inquietud en común; y que si Mairal, no porque haya sido previsto, hoy me viene y nos viene si se quiere como anillo al dedo para hacer un poquito de exégesis de algunas ideas que salieron a flote el sábado… es porque no todo es aleatorio y las piezas no están del todo inconexas. El efecto palanca, el efecto mariposa o el efecto gota de agua también han andado rondando por Santiago (no podía ser de otro modo, alégrense, algo nos dice que somos parte de un todo), y lo que puede parecer caótico puede revelarnos desde otro enfoque algún orden de cosas.
Espero no estar yéndome por la tangente y estar siendo medianamente (no pido más) clara. Esto, tomar a Mairal para darle lectura a algunas cositas a las que les dimos la licencia de fluir el sábado y que, si se quiere profundizar, están concatenadas con más cosas e intentan decirnos mucho más, también es un esfuerzo de indagación. Quiero creer que si los signos de interrogación eran uno de los denominadores que pudo vislumbrarse el sábado que tenemos en común, en muchos de ustedes también habrá hecho mecha alguna vez ese esfuerzo de indagación. Quiero creer también que la lectura que se hizo de Mairal el sábado no se cerró (cada uno habrá dejado puertas abiertas para seguir resignificando el texto) y que la misma no quedó circunscripta en esa cadena de asociaciones que suelen ser comunes cuando el punto de partida es un rótulo que tiende a encasillar, en este caso, la literatura erótica.
Lo que quiero decir con ésto es que si algo puede quedar en limpio sobre Mairal, a quien jamás había leído, no es sólo un discurso atravesado por la isotopía de lo sexual y lo erótico, o un registro que es factible que con cierto afán de búsqueda de efectos semánticos prescinde de eufemismos (es decir, por algo lo hace)… porque sería poco. Poquísimo. Si algo puede rescatarse aquí, y esto va a título personal, es que el señor para decir lo que le apetecía decir encontró nada más y nada menos que su palabra. Nombró algo y gestionó, sin rendir cuentas a nadie, el discurso para hacerlo. Hizo gárgaras con agua y limón, y dio rienda suelta a su ya entonada garganta. Si ese discurso y esa forma es el resultado de la confluencia de muchos otros que en un principio no fueron suyos no viene al caso, hasta es insoslayable, porque al fin y al cabo, a posteriori, de ese insumo el señor cogió un poco y creó lo suyo para terminar cogiendo y asiendo algo (un fragmento de mundo o lo que fuere) y luego arrojarlo y proyectarlo en sus papeles y en su propia lengua.
La analogía y la dualidad semántica que revela el título del cuento de Mairal que se leyó el sábado no me parecen ingenuas. Qué acto más potencialmente comunicativo que una cojida, que el acto sexual. Si existe una posibilidad de comunión en esta tierra esa es una de las pocas vertientes para materializarla. De ahí que la relación analógica entre la cojida, la cópula, lo que une y anexa y, por otra parte, el lenguaje, nuestra lengua, el castellano, la comunicación entre culturas, la fricción o intersección de códigos… no es para nada, me parece, un desacierto como recurso para plantear tópicos que trascienden lo meramente erótico. No en balde Mairal nos grafica un personaje que después de vivir con todos sus poros el éxtasis lingüístico, el orgasmo de la palabra, se muda de país, de lengua, de hemisferio y ahora coge (dice) poco y callado, haciéndose tristes pajas (puede figurárselo aquí sin saliva o hasta con la lengua mutilada) a la una de la mañana con el recato de por medio de no manchar la alfombra adquirida en cuatro cuotas en Ikea y eyaculando por eso en una hoja de rollo Paper Towel Extra Absorbent comprado en el Wal-Mart de Baron Drive.
Las estructuras a las que puede subordinarse el hombre a la hora de decir se dejan leer por sí solas. Estructuras, vale recalcar, extranjeras. Se podrá decir: ¿Qué pueden tener de nocivo las estructuras lingüísticas? ¿Hay acaso otro modo de desplegar universos de contenidos que no sea una estructura, una forma, un lenguaje? El quid de la cuestión es muy probable que sea otro: ¿Con qué estructuras lingüísticas quiero decir mis mundos: con las mías o con las de otros? ¿Se puede legitimar una lengua e invalidar a otras? ¿En un espacio micro todos tenemos que hablar una misma lengua? ¿Cuáles son los caminos para encontrar la palabra, pero no cualquiera, sino mi palabra? El planteo: “Problematizar la palabra, problematizar el sexo, la cópula, el nexo, la comunicación”. Otro naipe que entró a jugar a la cancha. Otra vez estuvimos y estamos ante el caos: los elementos sueltos que tal vez no son más que piezas de un mismo orden.
Como muchos, no sé en términos generales adónde apuntan aquí y hoy las balas. El caos, que sospecho que responde a algún tipo de orden, aún me resulta eso y no mucho más que eso: un caos. Conozco mis búsquedas y las de algunos de ustedes, lo que tampoco sé que tiene del todo una forma precisa y acabada, y no basta. Si estuve sentada ahí el sábado, fue porque pacté con la idea de que no iba a haber preconceptos ni predeterminaciones… de que hay un afán de despojarnos de eso en la medida de lo posible, porque es algo que siempre está latente… de que es demasiado pronto para arrojar lineamientos pero no puntos de partida.
Si en el futuro hay un blanco adonde apuntar bienvenido sea. Si ese blanco me parece digno prepararé las balas; si no lo es a mi criterio me haré a un lado en la fila. Si los tiros fallan continuaré en la búsqueda y sabré, aunque suene pelotuda la metáfora, que un día alguien estuvo conmigo y viceversa en la batalla. En un campo de batalla todo puede pasar: se entra a conciliar, hay que cuidarse las espaldas, se necesitan rótulos para darle funcionalidad y algo de lógica a lo inaprensible (los enemigos, los camaradas, los poderosos, los que se sublevan, los subordinados, los que no están de un lado ni del otro…)… Pero lo más comunicativo y lo que puede hacer cópula: nos salvan y salvamos.
Todo eso y más está ahí y no lo ignoro. En vano sería intentar hacerlo y no es mi opción. Pero mis balas por lo pronto, porque tengo derecho a tener un blanco en mente, no tienen energía para detenerse en eso, o quieren ahorrarla para otras cosas. Para continuar por ejemplo surcando caminitos que me lleven a dar con mi palabra, y si se puede, a otros con la suya. Para que Santiago – y Santiago son muchos de los que me rodean: los que se sientan a tipear ficciones frente a una compu o en alguna hojita suelta, y los que están fuera pero no de ese papelito y ese monitor –, también pueda abrir la jeta y decir y coger en su lengua, con doble ere o el sonido que más le plazca, pero con su lengua y no otra.

Bilina
(Verónica Pizzella)

domingo, 7 de junio de 2009

Argentina-Colombia


múltiples intereses de la jeta literaria

Los jugadores hacen su precalentamiento en la vereda aprovechando el solcito. Mientras va cayendo el resto, hablan de la posibilidad de hacer un picadito al frente. Pero habría que poner cintas amarrillas, dice uno, a modo de partage lo permitido y lo peligroso. Llega el capitán Espeche en su motoneta cósmica y entramos en el Monumental de la Nueve de Julio para que comience el partido. Arranca mejor Colombia. No dejan jugar. Verón no tiene que jugar más, dice mi viejo. Pero si el Diez lo puso ahí es para reivindicarlo, pienso yo mientras me morfo un chegusán de salame y queso. La brujita representa esa literatura vilipendiada por los dueños de lo Mismo. Representa a los monstruos, los alien, los tipos huraños, los asexuados, los Borges…Huuuu!!!! La quita Macherano, se la pasa a Avel Pintos y arranca el drama de las clasificaciones con una gambeta neofantástica. De las tribunas bajan conejitos vomitados por el placer. “A mí no me quieran etiquetar la lectura” dice Oscar Córdoba mientras clava los tapones de puntas. Y el partido se pone trabado… dije trabado? Y ahora sí, lo que todos suponíamos, la hecatombe, la devacle total, una seguidilla de hechos bochornosos que involucra putas, gauchos homosexuales, un tío bombero, y uno que asechaba en el umbral. Esta literatura ya la hizo Tinelli. Qué quilombo por Dios. Pero bue, ya lo dijo Miguel Fumón : “Y, sin embargo, esta sutil línea de visibilidad implica a su vez toda una compleja red de incertidumbres, de cambios, de esquivos.” Entonces la Platea, que antes puteaba, ahora se ríe no sin un cierto malestar difícil de vencer, porque Argentina va ganando pero juega mal. Es que necesitamos imperiosamente que haya orden. A saber: a) los jugadores nuevos tienen que presentar currículum, b) la moderadora no puede renunciar y debe ejercer su función con mano dura porque el que no se calla por algo será , c) hay que respetar al otro y dejar hablar, d) hace frío en la biblioteca, e) el mate no tiene que estar tan lejos, f) que lo psicoanalistas no hablen de la significancia porque me trae recuerdos, g) abolir los recuerdos, h) escupir esta flema, i) atender el partido, o aunque sea a mi viejo que ahora lo putea a Riquelme, j) bañarme, k) en fin, pasan los dos minutos de descuento, el paisano toca el silbato, me levanto del perezoso y me voy a retirar una tele usada que me acabo de comprar.

Andrés Navarro