Mostrando entradas con la etiqueta ensayos). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ensayos). Mostrar todas las entradas

martes, 23 de noviembre de 2010

Apuntes sobre literatura

Cierto día dejé de escribir instrucciones porque me pareció que Cortazar podía levantarse y aclarar que no me daba el cuero. Después me di cuenta que además no me gustan porque es antipático y a veces maleducado, andar diciéndole a la gente cómo tiene que hacer las cosas. Descartado el tono imperativo. Después me enamoré de Dolina y empecé a tratar a la gente de usted. Y también me pareció innecesario, ya que me gusta estar cerca, mas no establecer distancias. Luego me hice amiga de la primera persona, la autoreferencialidad y las construcciones rebuscadas, casi barrocas pero bien eruditas. También las abandoné porque me parece un poco adolescente decir la vida desde las licencias de un yo irreprochable, condescendiente y pretensioso. Me parece que al mundo le aburre saber cuánto estudié.

De ahí que me gustan las crónicas. Coqueteo con la tercera persona (pero omnisciente, no he superado las ansias de control) y el gesto de interrogación. En el medio, las pasiones, para dar cuenta de una historia y de una opción: de a ratos la lucha, de a ratos la resistencia, de a ratos la reflexión, de a ratos la construcción, de a ratos la destrucción, de a ratos la paciencia, de a ratos la urgencia. Así me gusta la literatura, toda ficción y aprendizaje. Sin absolutos, sin moralina, con batallas, porque la vida es eso, pero sin odio. Tampoco nos amamos tanto, o si?

Gavy Yauzá

lunes, 22 de noviembre de 2010

Instrucciones para escribir un cuentito verosímil - Abel Miranda

Antes que nada debe haber leído a Borges y a Láinez (no ponemos todos los apellidos porque prefiero un texto breve, no dejamos de decir que son de familias ilustres, claro), luego busque en archivos esas viejas historias de violencias y enredos amorosos que se comentan por ahí, aprópiese de los datos y de los pormenores de la historia, retoque aquí y allá agregando libertad creativa (si le falta puede utilizar la de los autores antes mencionados o la de algunos que se les parezcan). Le aseguro que con este cuentito podrá ganar concursos que lo llevarán al éxito. Seguramente habrá jurados que no apreciarán su buen estilo y su apellido, pero insista (mande dos). Déjese de joder con andar queriendo renovar la escritura, haga lo que le digo.

Ellas II

Son mujeres que pasan los 55, si no en edad por lo menos en esa necesidad de querer ser joven. Debemos decir que son buenas señoras, católicas claro, que aman la poesía y el orden. Para Ellas la poesía es un orden divino y Ellas son los instrumentos por los que bajan los versos del Ser.
Se reúnen y leen sus poemas equilibrados, son reuniones donde prima la camaradería, el buen gusto y la hipocresía, claro. Que tus versos son más hermosos que los míos en esta parte, ay! no, pero los tuyos son exquisitos aquí cuando dice “la tierra se estremece al paso de su paso celestial, habitada por la doliente calma angelical”, ah sí, esa parte, la verdad que la logré con mucho esfuerzo y poca lectura, para no dejarme influenciar y seguir siendo auténtica.
Todas se preguntan qué sería del mundo sin esos libros que son hijos de su dolor más extremo, y piensan con razón, debemos decir, que el mundo es injusto con Ellas. Lo disculpan sólo (ahora ya podrá ir sin acento si quieren, así cumplimos con lo que manda el amo del lenguaje y su academia que mantiene el buen escribir para bien de nosotros, claro, no de sus intereses, qué mal pensados) porque la mayoría de los lectores del mundo son ignorantes y no han cultivado el buen gusto. Ellas se leen las unas a las otras sólo (consultar a la RAE) para no repetir frases, que lamentablemente terminan repitiendo. Pero sabemos que esto sólo sucede porque están movidas por el mismo espíritu celestial.
A todos lados llevan sus libros como muestra de su formidable trabajo. Tienen hermosas portadas, dulcificadas con imágenes puras y celestiales. Los versos son la esencia de su ideología (mejor no entrar en detalle). Aportan siempre una limosna a la salida de la iglesia (mejor si las están mirando), un chico de un barrio pobre, muy pobre digamos, come gracias a la gentileza de su gentil existencia. Todos agradecemos a esas buenas señoras sus poemas y cuentitos, por qué no, y admiramos esa vitalidad eterna. Amen. Amén.

martes, 16 de noviembre de 2010

Ellas - Abel Miranda

Entre las muchas cosas que Ellas realizan también está la poesía, y claro que sí, les encanta a sus amigas, que son lindas como Ellas, como sus poesías. Ay qué lindas que son chicas, qué lindas que son esas poesías!! Y Ellas siguen escribiendo esos versos aeróbicos, con músculos pectorales, ebúrneos, contorneados por amores cálidos, alejados de la muerte y la angustia, a salvo, siempre a salvo en islas tropicales.
Ellas siempre sueñan con escribir una novela, cómo no, de trescientas o más claro, donde haya personajes histéricos a lo Emily Brontë. Ay! Ellas sueñan sí, pero mientras tanto hacen versos e inundan el mundo de sentido amoroso y feliz. Sus amigas dicen gracias chicas muchasgraciaschicas por los poemas, ustedes dicen lo que nosotras no podemos. Y sus maridos las llevan a las ferias, y ellas leen son acento extranjero, que le da realce, esos lindos poemas dulcementeazules y ahuecados como Ellas. Escriben poemas dulces sobre las ciudades, donde siempre hay humildes y amantes lindos, qué lindos!! y malvados que no aman esas ciudades dulces como Ellas. Ellas no saben dónde viven sus empleadas, pero saben que ellas no escriben poesía, pobrecitas las empleadas porque no escriben poesías, qué lejos están de la esencia del mundo, pobres.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Narices Pegadas


*Para continuar con la línea de reflexiones propuesta por Andrés, va mi aporte. Un caramelo media hora para el que descubre la imagen en 3d oculta.

Es como estar con la nariz pegada al monitor de la computadora tratando de descubrir una imagen detrás de esas otras imágenes. Coloridas, mezcladas y fundidas unas con otras, saturadas, saturando aún mas nuestra percepción. Y uno que es impaciente busca desesperadamente encontrar esa imagen 3D. Encontrarla significa ganar, ver eso que no se ve a simple vista y que por alguna extraña razón hace fluir por nuestro espíritu la sensación de poder. Es en verdad una fuente de poder ver cosas que los demás no ven?. Shagy siempre veía los fantasmas antes que sus compañeros y eso lejos de colocarlo en una situación de poder lo empujaba a una inevitable situación de peligro puesto que los fantasmas al saberse descubiertos, concentraban gran parte de sus energías en deshacerse de él, en matarlo y cosas afines. ¿Poder es sinónimo de peligro?.

¿Cuál es la diferencia entre no ver una figura 3D en el monitor y no ver en un río la irreversibilidad del tiempo? La diferencia radica en que nosotros sabemos que detrás de esas figuritas hay algo, alguien dibujó algo y nos está desafiando a descubrirlo. Debajo de las aguas, en el fluir del río, solo hay incertidumbre (y pescaditos, claro). Tal vez no haya nada y esas aguas solo sean aguas, nada hay que nos indique a ciencia cierta que algún ser supremo pensó en ellas como una gran metáfora del vivir y en un acto de piedad nos lo puso como indicio. Para que luego, un agudo pensador desocupado lo devele. Si en verdad estamos dispuestos a aceptar esto, entonces tendríamos que aceptar también que tal vez nunca terminaremos de descubrir esas ideas detrás de las cosas, pues son tantas... como yo, que tipo cuatro de la mañana, con una jaqueca terrible y la sospecha, terrible también, de que es un engaño y nada hay detrás de esos arbolitos, me voy a dormir.

Necedad y soberbia la que me hace suponer que no soy yo y mis limitaciones sino el mundo y sus engaños.


De Gavy Yauza

miércoles, 3 de febrero de 2010

"Los traumas infantiles de mi Microsoft Word" de Luis María Rojas

Los traumas infantiles de mi Microsoft Word.
O de cómo hacer literatura a partir de los errores.
O de cómo hacer literatura cuando no te dan los plazos.

He decidido erotizar lo cotidiano. Releo lo escrito y me doy cuenta de que el Microsoft Word se cagó de risa una vez más. Ahí donde debía decir “exotizar” ahora se lee “erotizar”, tengo que agregar la palabra al diccionario para que no vuelva a ocurrir. Oportunista, como siempre, a casi menos de una hora de tener que leer este texto, es casi una obligación ética (o práctica, en este momento el apuro me debilita los límites de lo ético y lo práctico y no encuentro diferencias) tirar la punta de este ovillo y regodearme con los lapsus de mi Microsoft Word. ¿Cómo justificaríamos nuestra existencia de intelectuales/académicos/literatos/militantes sin esta tan malsana práctica? Me tengo que dejar llevar por estas disquisiciones, un tanto traída de los pelos, sobre cómo el azar a veces se convierte en una usina de nuevos significados, de cómo la creación artística se nutre de estas impericias y despistes (no franquezas) para crear algo novedoso (está bien el tema, ya va tomando forma). Acaso la Creación misma (la Creación, así con mayúscula) no haya sido más que un colosal error de tipeo y acá nos tienen, tratando de darle un sentido al azar.

[Nota mental, nuevo plan: Dejar que el Word escriba lo que se le de la gana sin corregir, a lo mejor, sale algo interesante.]

(Se siente bien, el texto va saliendo redondito, pasé en un mismo párrafo de consideraciones sobre el lenguaje al arte y del arte a la metafísica ¿o será teología? Mah si, da igual, seguro les va a encantar, aunque tendría que descontar a aquellos que lo considerarán “demasiado intelectual” y esgrimirán cuestiones como las de “la autenticidad” o “la vivencia”, Mmm… tengo que encarnarlo un poco más, acercarlo a la vida cotidiana. ¿Y si le clavo un Lebenswelt en vez de “mundo cotidiano”? No, no, no, no, ya me estoy chicaneando de nuevo, mejor me dejo de joder con esos germanismos que sino después tengo que andar explicando que el uso del término fue una ironía, que no hay que hacer una lectura lineal del recurso, que sólo fue una forma de criticar cómo la gente, cuando escribe, pretende aparentar cultura solapando estas locuciones y después tengo que explicar por qué usé “locuciones” en vez de “palabras” y después explicar por qué utilizo la ironía si se puede escribir tranquilamente lo que uno siente sin ser irónico… “Lo que uno siente…” Parece un callejón sin salida esto, diga lo que diga, voy a tener que andar explicando. Mejor tampoco me meto con esto de los sentimientos y los de “a mi me llega o no me llega lo que el otro escribe” y los “para mi la literatura es buena cuando me toca una fibra intima” y los “se nota que vivió lo que está contando, a mi, por ejemplo, una vez me pasó que…”. No, mejor no me meto con esto sino después las viejas de la primera fila de la catedral van a tener ocasión de meter cuchara.)

El azar en la creación artística. Pienso en Pollock y la manchita de pintura aleatoria que cierra la composición, pienso en los aplausos desenfrenados de la audiencia extasiada por el free jazz, pienso en los happenings de la Minujin del callejón Ronsin. ¿Cuánto de azar soportará la literatura? Pienso en el cadáver exquisito, triste reflejo de la escritura “surreal” como expresión del inconsciente pero… ¿Cuánto de azar hay en el inconsciente? Veo a lo lejos llegar hordas de psicoanalistas furiosos, antorcha en mano, al grito de “los actos fallidos en la literatura son la forma en que el inconsciente pugna por escapar a la censura. Por eso, la sublimación etc. etc.” Después dijeron algo sobre la “universidad de los trabajadores” y se tomaron el buque, la ciudad del buque (guiño para Andresito, Juancito y el gordito)

(¡Chán! Me metí con las consignas políticas ¿Cómo zafo de esta? ¿Es lícito ironizar sobre todo, o hay un límite más allá del cual sólo nos queda lo políticamente correcto? Comienzo con la peregrinación de datos redentorios (otra palabra que no me reconoce el puto Word, ¡No digas “puto”, decí “estúpido”, “desvergonzado”, “obsoleto” a ver si todavía además de los políticos tenés problemas por las elecciones sexuales). Mejor, me cago de risa del titular que salió el otro día en la Barcelona, dice así: “El rabino Bergman llamó a evitar que la Argentina sea Venezuela y a buscar el modo de que se parezca más a Honduras”, con eso basta creo, aunque la vaguedad quizá nunca se disipe. ¡Que lo parió, estoy cagado, van a pensar cualquiera! Es literatura ¿No puede uno decir cualquier cosa, asumir roles y discursos ajenos sin que inmediatamente sea censurado? Lo hubiera charlado con algún psicoanalista de la marcha, esto de andar satisfaciendo a todos me parece que es un trauma de la infancia. Mejor sigo como si no hubiera metido la pata)

Al final, ni siquiera la asociación libre resultó ser azarosa y parece que estamos constreñidos por estructuras objetivas que hablan por nosotros, con lo que la originalidad creativa parece negada (qué original). No puedo imaginar como el Microsoft Word podría revelar su inconciente en estos lapsus digitales, aunque no faltará alguno que pueda sacar provecho de los traumas infantiles de su computadora, sádicos que no respetan el dolor ajeno en tren de encontrar inspiración para escribir su textículo. Y otra vez caigo sobre lo mismo (parece que no voy a parir nada interesante), escribiendo sobre lo mismo, rizando el mismo rizo, dando vuelta autistamente la misma tuerca una y otra vez, el eterno meta-discurso de la creación literaria que habla sobre la creación literaria y que toma conciencia de que está hablando de la creación literaria y en un segundo lo novedoso se fue al carajo.

[Nota mental, nuevo plan: Cuando el Microsoft Word no te reconozca una palabra, mejor agregala al diccionario.]

P.D. Lo de “exotizar” lo dejamos para otro día.

martes, 2 de febrero de 2010

Lista de Posibles Preguntas... de Mauricio Rey

Dedicado especialmente a nosotros los jóvenes, tanto física como generacionalmente.Tambien a quienes mantienen joven el espíritu, a quienes no sólo mantienen la buena voluntad sino a quienes siempre estan atentos a los sucesos, a quienes no se dejan arrastrar por las modas. Sea ésto una invitación a poder ejercer el arte de la crítica y a los que "accionan" en y para la realidad.


MR



*¿Qué va a ser de nosotros en 20 años?

*¿Cómo nos verán nuestros hijos, nietos y demas generaciones?

*¿Estaremos mas o menos atados a los productos tecnológicos?

*¿La realidad será virtual, o habrá rastros de ella?

*¿Los paises ricos verán con otros ojos a los pobres?

*¿Las masas elegirán un lider capaz, o el lider elegirá a las masas? ¿Podrán los pueblos gobernarse por sí mismos, o esperarán "sugerencias" de las potencias que rigen el orbe?

*¿El hombre mejorará el medio ambiente que le queda?

*¿Habrá otra conciencia?

*¿Qué será de vos, de mí, de cada uno: Seremos mas tolerantes o nos ganará la violencia como elemento que justifica y disfraza nuestro miedo?

*¿Existirán mas religiones?

*¿Seguiremos expiando culpas en cerdos y gallinas?

*¿Creceremos en algun punto?

*¿Habrá fin del mundo, o un fín para el mundo?

viernes, 8 de enero de 2010

Disección de la Argentina conservadora


Hace mucho que no me reía tanto con un libro. En realidad, hace un año. El autor que me despertaba unas carcajadas irreprimibles en el hall de un hotel de Buenos Aires, era Bernardo Jobson. El libro en cuestión: El fideo más largo del mundo. Y el cuento más gracioso dentro de ese libro: Te recuerdo como eras en el último otoño. Léanlo y verán. (Sé que el sentido del humor es algo personal, pero confío en que el humor de Jobson no despierta demasiadas barreras).

Pero en este cierre de 2009 y comienzos de 2010 (qué amor al sistema decimal, diría Borges) fue otro autor el que me hizo reír con muchas ganas: Juan José Becerra. Conozco a Becerra, como a tantos otros escritores, más por apariciones en TV, columnas publicadas en diarios y entrevistas concedidas a suplementos tipo Ñ o ADN, que por una lectura ordenada de su obra. Y por supuesto, por algún encuentro casual –con sus libros, no con el autor- en esos paseos frecuentes que uno suele hacer por diversos estantes de diversas librerías. Fue así, por ejemplo, que una vez me topé con su ensayo La Vaca. Viaje a la pampa carnívora.

Pero el libro del que quiero hablar hoy es otro. Es una “novedad editorial”, aunque este calificativo despierte fundadas sospechas en quienes creen –con razones de sobra- que lo más valioso para leer ya fue escrito hace décadas, siglos y por qué no, milenios. Pero esta vez, les doy mi palabra, conviene hacer el esfuerzo que consiste en dejar por un rato “el clásico” que tengamos en la mesa de luz para meternos de lleno en Patriotas. Héroes y hechos penosos de la política argentina (¡no me digan que el título no los seduce desde el vamos!)

Empecemos. ¿De qué se trata Patriotas? De los discursos dominantes y sus portavoces, pero también de los discursos perimidos que todavía pululan en boca de personajes que se empeñan en retroceder el calendario. Aquello que los intelectuales de Carta Abierta denominaron “la restauración conservadora” –operada, sobre todo, después del enfrentamiento del Gobierno con las patronales agropecuarias- encuentra en el libro de Becerra su confirmación.

Bajo la pluma despiadada del autor de Patriotas desfilan el rabino Sergio Bergman, monseñor Héctor Aguer, el periodista Joaquín Morales Solá, el escritor Marcos Aguinis, el diputado Francisco de Narváez y el líder chacarero Alfredo de Angeli, entre otros. Becerra desmonta con una lucidez envidiable los pobres argumentos y las falacias de quienes inundan los medios de comunicación con sus declaraciones altisonantes.

El autor dice, por ejemplo, que Bergman le despierta “un poco de miedo”, porque lo ve “como una especie de cybrog, una maquinita antropomórfica que repite frases a una gran velocidad”, buscando más el efecto, la emoción y la empatía del espectador que el pensamiento y la reflexión. Con respecto a Marcos Aguinis, Becerra se hace una fiesta con el “panfleto” que aquél publicó en 2009 –y que claro, fue recontra best seller-: ¡Pobre Patria Mía! Con humor y mucha inteligencia, Becerra desarma como un rompecabezas el dispositivo de prejuicios con que trabaja “el gran autor argentino moderno”. Es también interesante el análisis de la campaña publicitaria de De Narváez, donde queda en evidencia cómo el millonario diputado basó su estrategia electoral en la degradación de la política, convirtiendo el eslogan “votame, votate” en algo que en verdad podía ser leído como: “ahuecame, ahuecate”.

Becerra deja para el último una pequeña crónica de los acontecimientos que tuvieron lugar entre marzo y julio de 2008 en Argentina. No hace falta aclarar de qué hablamos: “Fin del mundo en Agrolandia”, se titula este repaso por esos meses frenéticos. Allí, y también en el capítulo dedicado a De Angeli, Becerra destruye los lugares comunes devenidos en verdades consagradas, como esas que rezan que “el campo es la patria”, que “el campo nos da de comer” (como si nos regalaran los alimentos) o la visión del gaucho como reserva de la identidad argentina. En resumen, “el campo”, esa “máquina de producir supersticiones”...

Muchos de los personajes de Patriotas tienen características similares. Por ejemplo, sus discursos representan “el sentido común”, aunque para Becerra, “nada más lejos de la reflexión que el sentido común, un fenómeno totalmente inorgánico que se encuentra más del lado del hipo o de la tos que del pensamiento”. También son personajes que reflejan la “opinión pública”, “queja viviente colectiva que sucumbe por vicio tanto a las grandes esperanzas como a las pequeñas ideas”.

En medio de tantas novedades editoriales (¿hace falta enumerarlas?) que exudan un odio desmedido hacia todo aquello que no sea una condena brutal al oficialismo y, más que nada, al “matrimonio presidencial”, no está mal la aparición de un texto que venga a desmontar esos discursos que, basándose en una supuesta “vuelta a las instituciones” y “respeto a la democracia” sólo esconden ausencia de ideas y oportunismo barato.

En fin, un libro inteligente, bien escrito, y que además, hace reír. ¿Qué más se puede pedir en este verano pegajoso?

Esteban Brizuela

lunes, 9 de noviembre de 2009

Carta a la Astroreina de Mauricio Rey

Estimada mia:
Estoy buscando la manera de escribirte un poema, uno que resalte tu hermosura y tu inteligencia. Pienso en poner carteles al frente de la puerta de tu departamento, allí en el pasillo éstas palabras para vos
No son tus ojos,
ni los enrulados soles de tu cabello
ni esas piernas largas:
camino al cielo,
disfruto, me llevas,
tu afonia es la dulzura,
los ruidos y la paz de Santiago,
un sabado a la noche en un bar,
un cigarrillo...
algo mas,
tu material, tu ser quiero conocer,
la colmena donde elaboras tanta miel.
Esas son las instantáneas que tomé en la experiencia, esas son respuestas al problema urgente de solución, necesito certezas, y con ese fín busco la raíz de los sucesos. ¿ Habrá acaso otras soluciones que otros hayan dado? eso motiva a indagar el pasado para conocer el presente. Te lo he dicho en un momento, no hay sistema perfecto, y si lo hubiese le faltaria algo mas; y es que se vive, se piensa, se construye, se camina sobre las ruinas de la tradición. Éste punto se vuelve imprescindible, esencial; claro que cada tanto existen intenciones de cortar el cordon umbilical con lo anterior, y entonces sí, es necesario el cambio, pero el cambio debe ser pensado, sino es puro sueño. Preguntarse para qué, con quién, para quién, son necesarios para no caer en el vacio, incluso para no repetir errores. Seremos capaces de ensayar soluciones, de presumir consecuencias; por lo pronto no queda mas que salir a buscar material para observar, llevar adelante la prueba de ensayo-error. Luego, podré ver si mis palabras han tenido efecto en vos, quizá no, y entonces habré de elaborar discursos mas claros para que me entiendas.
Me despido, te envio un beso enorme.
MR

viernes, 16 de octubre de 2009

Ser... ¡GENUINO! de Diana Beláustegui

-Hace mucho que no escribo, la inspiración no desapareció de un día para el otro, fue gradual.

-¿Y desde cuándo te consideras escritor?- Me contestas con un arrimo de burla

-Escribo, ergo, soy escritor. Vos vives tu vida pelotudeando, nunca me topé con vos en actitud de meditación, por lo tanto, sos una pelotuda. No es tan difícil.

Te ofendes y terminas mirando hacia otro lado con aire solemne.

-Sostené aquí- te ordeno. Agarras el brazo de mala gana y arrugas la nariz, no me importa, yo mando, para eso te pago.

Antes de secarlos necesito el preciado aceite que despide el cuerpo a las 3 o 4 horas de muerto. Haces arcadas y me molesta. ¡Que cínica sos! Si yo sé que te atrae de mi, mi lado morboso, mi ángulo original… ¡genuino!

Desde que decidí incursionar en el grupo la personalidad de mi escritura se desdibujó, ellos eran buenos, escribían bien, y la mayoría más que buenos textos eran extraños, al igual que sus charlas. Y sus textos eran prosa y podían ser verso también, o no, porque ellos la tenían clara y me desdibujaban la claridad a mi. Llegué al grupo segura de muchas cosas y a la final lo que hicieron fue que me replanteara varios aspectos de mi escritura. ¡De la mía! ¡De lo que yo más amaba y de lo único en lo que no dudaba! Por un tiempo busqué la inspiración por otros lados, pagué unas putas queriendo encontrar la filosofía del objeto-puta, pero no había nada único o verdadero. ¿De dónde sacaban ellos las ideas? Me interné en las bibliotecas buscando francoesperadores, en las florcitas con sus macetas pequeñitas y grandes, en los pescados rabiosos… y me daba bronca.

-Sostené el otro brazo- ordeno – pero sostenelo bien. Yo mando, para eso te pago.

Así que decidí hacer los aceites y bañarme todas las noches en ellos, para poder tomar sus esencias, claro que para eso necesito de muchos cuerpos y ellos no son tantos. A aquel le voy a sacar poco, era un izquierdista, no vaya a ser que se me pegue eso.

Después los hago secar al sol y me confecciono un vestido de piel.

-Eso está trillado- me contestas

-Y bue, habrá que reinventar la escritura, intento no caer en comunismos. No me juzgues. No me jodas. Aunque conmigo no corres peligro, a vos aparte de ignorancia no podría sacarte más nada- Terminé de decir la frase y pasaron unos cuantos segundos hasta que la digeriste, luego el golpe me dejó noqueada. Cuando desperté ella estaba haciendo calentar mis preciados aceites y me había cortado los dedos

-Para que no escribas más- me gritaba.

Los ponía a hervir y les agregaba azúcar, luego alcohol, mucho alcohol, más tarde los tamizaba.

Se para en seco y me mira, comienza a prepararme.

-¡No me comerá! ¡Me beberá! Si eso no es original, la originalidad donde está. Sonrío orgullosa de ella, en una de esas su mente pudo ser persuadida por mi genialidad. ¿Es ésta mi alumna? ¿Aquí está mi legado? De pronto me siento conforme, el siguiente golpe me duerme nuevamente.

sábado, 3 de octubre de 2009

Sentir la Literalidad de Gaby Yauza



Ciertos escritores jóvenes, no valoran la literalidad como concepto, les parece pobre y limitado. Es en realidad lo más difícil de alcanzar. Cotidianamente hablamos más bien en abstracto.

Con el afán siempre vigente de separar al arte del resto de las manifestaciones humanas que no sean dignas de tal cosa, muchos teóricos desperdiciaron neuronas intentando averiguar qué hacia que un texto sea artístico y otro no. Una de sus hipótesis (ya anticuada) aludía al fin practico del lenguaje cotidiano en contraposición del lenguaje artístico. Sin embargo, con el paso del tiempo y el análisis de muchas expresiones, entendieron que la retórica forma parte de todo discurso, aunque más no sea, para exigirle al gato que salga de la cama. La ironía por ejemplo. O la hipérbole. ¿Elipsis?

“Me gustabas más antes” De todas las posibles lecturas, pongamos en foco la siguiente: usted, sujeto referido en la enunciación ha cambiado y él, el otro sujeto involucrado, no cambió. En consecuencia, las cosas que los unían quedaron varadas en universos paralelos. Todo esto en cuatro palabras. La elipsis se construye a partir del pronombre posesivo y la desinencia verbal. Hay ejemplos más felices, supongo que de fácil imaginación. Me muero de hambre. Me siento aislada. ¡Lo mato!

Retomando, tan común es el toque artístico de nuestro discurso cotidiano, que ya no podemos diferenciarlos. Sobre ese aspecto quiero concentrarme, el uso del lenguaje tuneado. Retocado. Barroco. Superproducido con recursos estilísticos varios. Y en ese ejercicio rebuscado de volver más interesante y complejo nuestro lenguaje, nos fuimos al otro extremo. La abstracción nos alejó del referente. Separamos drásticamente los términos de la metáfora, y olvidamos el parecido inicial. Dejamos los ojos de una muchacha, tirados en un rincón y sólo nos quedó el papel de Spinetta. Perdimos el frío blanco y el miedo oscuro a la muerte y nos quedamos con la luna de García Lorca. Sólo quedó el aspecto expresivo de la relación y en medio perdimos la comprensión del significado.

No quiero proponer que los humanos somos incapaces de abstraer, casi todo lo contrario. No se puede limitar la comprensión y el conocimiento a la experiencia física, concreta. Lo que quiero decir es que de tanto abstraer, perdimos significados básicos. Sólo por dar un ejemplo. La palabra nunca, o siempre. Guardan en si el poder de lo universal y permanente. ¿Quién pudiera utilizarlas apropiadamente en esta vida inestable y finita?, ¿quién puede decir, sin incurrir en el error o la mentira, de algo que es para siempre?

Si en verdad pudiéramos sentir literalmente lo que decimos, entonces el lenguaje perdería todo su encanto y nosotros nos volveríamos locos de tanto sentir. Es parecido a decir que las palabras no alcanzan para expresar las emociones. Sospecho que en realidad estamos tan acostumbrados a lo abstracto, al habla figurada que ya no entendemos realmente lo que las palabras evocan y por ello estas no nos alcanzan.

Los insuficientes somos nosotros.

Ellas son objetos infinitos manejados por seres finitos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Leónidas Lamborghini: eterno aprendiz de brujo

por Andrés Navarro

El poeta roto. El leguaje obnubilándolo insistiendo en sus acometidas. El poeta roto por esa insistencia de las palabras que lo habitan. El lenguaje, presa que apresa en el redil de la hoja.

El muñón del poeta. Espacio perdido del cuerpo, del cuerpo perdido que aún vibra. El muñón del poeta que extiende un llamado imposible. Imposible instrumento que se des-compone: el lenguaje roto.

Escribir del poeta roto. El juego de un juego que ya se está jugando; escribir de eso. Juego del poeta que es una palabra entre otras.

El poeta-palabra. El vagabundeo de un loco que salta de su mente y corre en un desierto infinito. La palabra-poeta que huye, no se sabe de qué.

La palabra-angustia. La palabra que se pierde a sí misma en un Caos eterno. La angustia que soporta la esperanza de una luz. La hoja de papel; esa luz.

Esa luz no ilumina el Todo. Hay palabras que nunca vuelven.

El poeta-oído. El oído del poeta atendiendo la llegada de las palabras. El lenguaje roto insistiendo. Las palabras y sus brujerías.

El poeta: eterno aprendiz de brujo. Quisiera ser Dios, quisiera ser la luz del Todo. El poeta roto. La conciencia de no ser más que aprendiz. La conciencia de que el lenguaje se le escapa siempre de las manos. La conciencia de que es imposible graduarse en esa magia.

El disimulo-poeta. El lugar de escucha y espera. La calma aparente de un deseo de recibir a las palabras. Las palabras y sus hechizos.

El susurro, la sugerencia prometedora, las voces imprecisas. La palabra-balbuceo: imperioso desorden que da vida. El poeta-escuchante de esas voces que lo rondan. Voces anteriores que susurran sus balidos tempranos e insisten hasta convertirse en palabra.

El disimulo-palabra. Las palabras que hacen como si. El poeta-paciente que deja que se acomoden solas, que no las fuerza. Pero la palabra también disimula. El poeta-baqueano ha de volverse hábil; artesano del lenguaje que se rompe.

El afán de combinatoria. La palabra paciencia del escucha y escribiente que entiende que pueden pasar años hasta que entienda. El poeta combina. Las palabras también bardean. El lenguaje que se rompe es una herramienta.

El poeta-gauchesca. El homenaje a los creadores de nueva lindura. Esa risa; risa oblicua. La caricatura. El ojo al poder. Esa resistencia.


II

La palabra-oveja. La intención de la palabra de jugarse el mundo, de crear su mundo, de entretejerse. La palabra-oveja que es oveja y es palabra porque puede serlo.

El temblor de vivir. La unión entre el principio y el final; la distancia insalvable entre ambos.

La simulación-palabra. No es hasta que es. Insiste en ser. El emulo-poeta insiste en esa palabra. La palabra de un modelo que se destruye. El lenguaje roto. El poeta roto insiste en esa palabra-tangente. Tangente-palabra de un modelo roto, reescrito, nuevo.

III

Papel-espacio neutro. Límite sin límites. El Caos original donde las palabras quieren morir pero no mueren; gritan, berrean, se retoban. Quieren romper el papel, pero no lo hacen. Papel-cárcel maldita.

El poeta-lobo. Las palabras perciben eso. Su lobo esconde, oculta para calmarlas. El poeta roto se inclina ante ellas para burlare sus sospechas. El lobo-poeta insiste en liberarlas del susto y seguir en el rodeo.

El poeta hurta. La palabra-oveja es esquilada. Ese dorado vellón es el elemento del poeta roto. El lenguaje fragmentado, roto, hecho vellón.

La palabra fracaso; estética del poeta. Hay un temor a no poder que se repite en cada faena. Ese temor es un borde que frena, pero anuda. El poeta-borde; ese desafío de toda la vida. Esa nada en permanente acechanza.

El poeta ladino. Ingenio para enfrentar ese temor. Si gana o pierde, no le interesa. El erotismo del juego es no saber bien cómo venía la mano. El poeta ladino en el umbral donde se palpita el juego; su deseo.

La ex-sistencia del poeta. La insistencia de las palabras que rompen el lenguaje, que rompen el poeta.

El poeta-inquietud: loco deseante.

Su deseo en el deseo de las palabras. El mismo fuego; lenguaje roto que se rompe. Al fin comienza a entenderlo: el poeta-instrumento de su instrumento.

El poeta-partida. El juego en su desarrollo. El final del juego. El comienzo del juego. La palabra ambigua.

El silencio-poeta. Esa nada que vive dentro de él y entre las palabras; eso indecible.

El fin del simulacro. La muerte. La vida en la escritura.

domingo, 30 de agosto de 2009

Cinicos por Nestor Mendoza

Vida de perros o una filosofía despeinada.

A MODO DE INTRODUCCIÓN: ORILLEROS Y TOPONIMIA.

En la historia de toda la filosofía occidental existen panteones que celebran a tal o cual pensador. Somos herederos de un pensamiento que aparece en GRECIA, aproximadamente en el v antes de Cristo, los nombre de Sócrates, Platón y Aristóteles son la estampa más difundida y celebrada en nuestras sociedades. Producto de acomodamientos históricos, de contingencias políticas y de la constitución de una civilización que formatea un estilo y un modo de ser en el mundo; muchos otros quedaron relegados a los fondos, bajos fondos de la historia y el pensamiento. En esta arquitectura de la CASA SEÑORIAL de esto que llamamos civilización, la piecita del fondo, esa a la que van a parar los trastos inútiles, las cosas que no tienen uso aparente, lo innecesario; quedaron depositados otros. Otros que la soberbia de los campeones del TOP ranking de la filosofía denominaron “filósofos menores”, o pensadores bajos como diría Tomás Abraham. Los orilleros, los del fondo, fueron relegados ahí; pero también lo eligieron de algún modo. Por aquel entonces aparecen las instituciones como la academia, el gimnasio o el liceo. Estos estaban ubicados por lo general en el centro. Centro geográfico y simbólico. Sin embargo hubo otros que no se contentaron con estas disposiciones. Diversas escuelas son hoy ninguneadas: Los sofistas, los estoicos, los epicúreos y claro los llamados cínicos.

En esta sociedad esclavista se fue consagrando “la idea” con mayúsculas. Una porción de ciudadanos gozaban tiempo libre y de las posibilidades de hacer del ejercicio del estudio y el pensamiento, el ethos que los ubicaba en un lugar de superioridad moral e intelectual. Pero ya se sabe, subversivos hubo siempre y los seguirá habiendo. Por caso podemos recordar que Epicuro, ese hedonista fenomenal, se reunía con sus amigos en EL JARDIN, de hecho un patio habitado por hortalizas y cuyo ingreso era irrestricto. Allí las tertulias eran decontracturadas, podían ingresar hombres libres y esclavos, y OH blasfemia, mujeres. El cultivo de la amistad y las interminables conversaciones eran el pan de siempre. Como si fuera un asadito amable con conversaciones variopintas.

Pero volvamos a las ubicaciones geográficas de los lugares elegidos para celebrar las reuniones de los pensadores. En contra de la propensión de los filósofos oficiales, los llamados cínicos (perros originalmente), se reunían en EL CINOSARGO, en las afueras de le ciudad y en lo alto de una colina. Desde los márgenes, en las orillas, los excluidos se las ingeniaban para producir un modo y los gestos necesarios para conseguir aquello que buscaban: la felicidad. Desde ese lugar dominaban una visión otra, diferente, practicaban una manera ascética de estar en el mundo. Alejados de los dioses, del poder, del dinero y de las convenciones morales más insípidas; practican sus gestos demoledores: la ironía, la mordacidad, el desapego por las cosas y los lujos. Excéntricos y desfachatados, despeinados y amantes de la vida autónoma que se desprende de lo superfluo; dejaron pocas huellas y textos. De alguna manera podríamos aventurar que fueron los primeros punk de nuestra historia, recordemos que punk podría traducirse como gamberro, escándalo o grosería, el desprecio por la manera supuestamente virtuosa y políticamente correcta de producir música. Además el cantante de los sex Pistols se hacía llamar Johnny Rotten, algo así como Juancito el podrido. Ellos, los cínicos, habitaban el mundo desde una concepción que les impedía si quiera comprarse ropas, se las confeccionaban ellos mismos. Normalmente carecían de casa y erraban despojados de casi todo. Y los nombres no son inocentes, rápidamente recuerdo algunas toponimias extrañas de nuestra provincia, como buey muerto, negra muerta; y que decir de Ahí veremos? Cuando no la cosa del accidente- accidente?- La localidad de Forres durante la guerra de Malvinas volvió a llamarse como antiguamente: Chaguar Punco, abandonado tras la contienda derrotista. Pero el mismo Forres significa otra cosa. Cuentan que la estación tenia un cartel de madera en la que rezaba su nombre auténtico: Forrest, pero por alguna razón la letra T se cayo del cartel y quedó así hasta ahora. El azar es un pícaro y las políticas oficiales también, que marginaron los nombres en quechua, la cultura derrotada. Y el cinosargo era de perros. Hace más de 2500 años.

Entonces porque retomarlos hoy? Hoy que la felicidad parece radicar en la compra de cosas como aparatos electrodomésticos: celulares, autos nuevos y relaciones, casas con diez pinos, amistades con el jefazo de turno; la conquista de la más linda o lindo. Y sin embargo el desaliento crece, la angustia no se para ni con los ansiolíticos, ni con todas las drogas del mundo. Es justo precisar que sintieron admiración por Sócrates, de quien Antistenes fue discípulo. De el admiraba su sencillez y su propensión a caminar haciendo preguntas a todo el mundo. Y para ser justos también algo de Platón: ¿Cómo no coincidir, en mayor o menor medida, con quien afirma: "Nada de lo que preocupa a la mayor parte de la gente me interesa: las cuestiones de dinero, de administración de los propios bienes, las especulaciones del estratega, los éxitos oratorios, las magistraturas, las intrigas, las funciones políticas. No he seguido esa senda, sino aquella en la que pueda hacer el mayor de los bienes a cada uno de vosotros en particular, tratando de persuadiros de preocuparse menos por lo que uno tiene que por lo que uno es, a fin de hacerse lo más excelente y razonable posible"?''Los cirenaicos y su placer erigido en regla, y los cínicos y su práctica metodológica de la subversión no parecían Ser merecedores del interés universitario. Porque el poder normaliza y necesita del orden para dominar. Las clases en la universidad, el trabajo en las fábricas, las oficinas de la administración, los espectáculos públicos, el amor de pareja, nos resultan hoy un largo y aburrido bostezo cuando no un horrible dolor de cabeza. El mundo de la competencia y la acumulación de objetos no significan nada si nos atenemos a las lecciones de los maestros perros. De alguna manera vivimos presos en libertad como dirían los redonditos de ricota. Engominando el alma, aceitando y calculando los caminos que nos llevarían a un supuesto éxito, campeones de la nada; criaturas inauditamente soberbias, nos olvidamos de lo esencial El ARTE DEL BUEN VIVIR. Porque de esto se trataría esta glosa debida a Michel Onfrey, la sospecha que las instituciones nos alejan de la vida, del pulso de lo sagrado, de lo que guste o no, importa. Al final de cuentas para que sirve el amontonamiento de lecturas, visiones de películas, visitas a museos y teatros? Ese abrir los ojos para cumplir con los requerimientos del trabajo, de la asistencia a las escuelas y universidades, si no somos capaces de amigarnos al menos con nosotros mismos? Y para que la poesía y la literatura y tanta filosofía si no podemos conmovernos con las cosillas mas esenciales? Si no somos capaces de darle otra vuelta de tuerca a este asunto de hacer de ésta nuestra vida una experiencia maravillosa. Porque como decía Keynes en el largo plazo todos estaremos muertos. Y no es posible vivir como zombies, derrotados en cada esquina, en cada semáforo, en cada comentario insidioso. Mientras tanto el mundo gira, y siguen las guerras, y los negocios y la corrupción hecha de saliva y sangre. Y sin embargo aventuro que he conocido en ésta a algún que otro cínico, aunque no los supieran del todo, John Paz por ejemplo; que supo andar por las calles, regalando ingeniosos comentarios, despreocupado y alegre con su alma brillante y porque no cínica. Y seguramente hay más.


LOS ORÍGENES: NO ME TAPES EL SOL


El nombre de cínicos tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes solía enseñar, que era un gimnasio llamado Cinosarges, que se puede traducir como el perro blanco o el perro veloz. El segundo origen tiene que ver con comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente les apodaba con ese nombre (cínicos). O sea cínico quería decir perro. Hoy se considera casi un insulto. Está comparación viene por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales. Buscaban el camino hacia la felicidad. Este camino no era fácil así que se necesitaba un entrenamiento, una disciplina para conseguir una plena autonomía moral y a ser posible también física. Cabe agregar que despreciaban el lujo material y el poder político. La felicidad no dependía de esas cosas y porque no depende de ellas puede lograrla todo el mundo. Se cuenta que cierta vez Sócrates parado frente a un montón de artículos exclamo: ¡pensar cuantas cosas que no me hacen falta! Este podría ser el perfecto y más acabado lema de los cínicos. Quien esto escribe siente algo parecido frente a los hipermercados y casas de electrodomésticos por ejemplo. Y en cuanto al poder político se dice que alguna vez Alejandro Magno, ya dueño del mundo; amo del imperio de entonces, se encontró con Diógenes de Sínope, también cínico, este estaba tirado en la arena cual rastafari jamaiquino. Alejandro ya conocía algunas de las anécdotas de este singular personaje y le dijo: pídeme lo que quieras y te lo concederé. Diógenes sin inmutarse le pidió que no le tapara el sol.

Los cínicos tomaron como modelos a la naturaleza y los animales, los adoptaron como ejemplos de autosuficiencia y basándose en ello propusieron un modelo de comportamiento ético que consideraban fundamental para alcanzar la felicidad. Proponen la necesidad de la autoafirmación individual frente a una sociedad alienante y concionadora. La idea de cinismo en la actualidad tiene un significado distinto, se distorsionó, significando indolencia, trampa, una concepción vulgar. El cinismo filosófico propone una gaya ciencia, un alegre saber insolente y una sabiduría práctica eficaz:"Tras la causticidad de Diógenes y su intención de provocar, percibimos una actitud filosófica seria, tal como puede haber sido la de Sócrates. Si se dedicó a hacer caer una tras otra las máscaras de la vida civilizada y a oponer a la hipocresía en boga las costumbres del 'perro', ello se debe a que Diógenes creía que podía proponer a los hombres un camino que los condujera a la felicidad". Diógenes se erige pues en médico de la civilización cuando el malestar desborda las copas y satura la actualidad. Hoy es perentorio que aparezcan nuevos cínicos.

La máxima del cínico es "no ser esclavo de nada ni de nadie en el pequeño universo donde uno halla su lugar".'Su voluntad es estética: considera la ética como una modalidad del estilo y proyecta la esencia de éste en una existencia que se vuelve lúdica. Todas las líneas de fuga cínicas convergen en un punto focal que distingue al filósofo, no ya como un geómetra, sino como un artista, el escenógrafo de un gran estilo. Pioneros de lo que hoy llamaríamos happenings o performances. Diógenes es uno de estos experimentadores de nuevas formas de existencia.

En el Cinosargo se encontraban los excluidos de la ciudadanía, aquellos a quienes el azar del nacimiento no había hecho dignos de tener acceso a los cargos cívicos.
De modo que la escuela cínica vio la luz en los suburbios, lejos de los barrios ricos, en un espacio destinado a los excluidos, a aquellos a los que el orgullo griego había dejado de lado. Obsesionados por su código de nacionalidad, los ciudadanos redoblaban el desprecio por los advenedizos.

Finalmente, el cínico posee del perro la virtud de la fidelidad y la preocupación por preservar y cuidar a su prójimo. Un día que Diógenes insistía en que lo llamaran perro, Polixeno, el dialéctico, se sintió incómodo y le comunicó su perturbación al sabio, quien lo tranquilizó diciéndole: "Tú también llámame perro; Diógenes, para mí, no es más que un sobrenombre; soy, en efecto, un perro, pero me cuento entre los perros de raza, los que velan por sus amigos"." El filósofo practicaba la mordedura con fines pedagógicos: a través de ella procuraba inculcar más sabiduría y virtud. "Los demás perros -afirmaba-muerden a sus enemigos, mientras que yo muerdo a mis amigos con la intención de salvarlos". Ladrar y morder no son hoy una necesidad perentoria? Acaso los jetones no son los que megáfono en mano, gritaron eso que no se quería escuchar?

El perro lanza sus gañidos sólo en contra de aquellos que prefieren la molicie y la dependencia y la sumisión. Ésas son las únicas presas contra las que el cínico dispara sus flechas. Desde esta perspectiva, la función del filósofo consiste en gruñir contra los obstáculos a esta tensión, es decir, contra lo social, que desde el punto de vista de los cínicos es lo que induce a cultivar virtudes mezquinas. Ningún filósofo que no sea perro patibulario o amenazador cuenta con el beneplácito del cínico. Refiriéndose a Platón, Diógenes decía:"¿Qué puede ofrecernos un hombre que ha dedicado todo su tiempo a filosofar sin haber inquietado nunca a nadie? Dejo a otros la tarea de juzgarlo". Según él, "los discursos de un filósofo deberían estar henchidos de esa dulzura acre que puede irritar las heridas humanas".

EL DESPEINADO

Al paso del cínico, uno no puede más que volverse: su porte, el aspecto de su vestimenta y su estilo concentran las virtudes de la escuela. Desprendimiento, sencillez y hasta austeridad; no en vano los discípulos de Antístenes se restringían a lo elemental, si no ya al desaliño. La preocupación por lo intemporal permite pertenecer a cualquier tiempo, puesto que libera de la tiranía de corresponder a la propia época y establece una suerte de perspectiva de eternidad allí donde los demás se aglutinan en lo más denso de lo cotidiano. Rechazar la moda implica también no sacrificarse a la uniformidad del momento y a las prácticas de masas, y al mismo tiempo preservar y afirmar una singularidad. De este modo, el comportamiento cínico vuelve inútil la lógica mercantil, ataca al comercio e invita a limitar la circulación de las riquezas y, por lo tanto, el enriquecimiento de los ricos

Así vestidos, con el rostro fácilmente reconocible, los cínicos andaban descalzos todo el año y disponían por todo accesorio de un zurrón y un báculo. Solían llevar en la alforja una pequeña colodra o taza con la que recogían agua de las fuentes y los manantiales. Pero un día, al ver que un joven bebía en el hueco de la mano, Diógenes, contrito y confuso, tiró el tazón al arroyo preguntándose cómo había podido cargar durante tanto tiempo un objeto tan molesto y superfluo... Otra que el linyera, dicen que Macedonio Fernández, luego de la muerte de su esposa, vagó por muchos lugares portando solo una cajita con la foto de su amada y una guitarra, y estamos hablando de uno de los más geniales artistas de las letras de este país. La argentum soberbia y equivocada.

Siempre con la ayuda de su palo, Diógenes prosiguió su obra filosófica. En medio de la plaza pública, un día convocó a grito pelado a los hombres... Por supuesto, la gente se acercó, ya que el personaje y sus prácticas le despertaban la curiosidad. Entonces Dió-genes distribuyó algunos golpes aquí y allá, al azar, dirigidos a los curiosos, y justificó su gesto diciendo:"Pedí hombres, no heces".'' En otra ocasión recorrió las calles con la misma demanda, esgrimiendo ridiculamente una lámpara encendida en pleno día, siempre en busca de hombres, siempre decepcionado en su búsqueda...'-Buscaba seres a quienes poder iniciar en su voluntarismo ético. Ética y estética, provocación como método pedagógico y político

RATAS, POLLOS, PECES Y APARENTE DESPREOCUPACIÓN

Fue un ratón el que hizo que Diógenes se convirtiera a la filosofía cínica. Mientras ocioso detallaba las idas y venidas del animal, el joven que era entonces comprendió que el ratón era un modelo de Despreocupación, independencia y libertad: iba y venía Sin que le importaran ni aca la oscuridad y el futuro, absorto en un puro presente sin ramificaciones nostálgicas ni imaginarias. Algunos hermanos del anterior, reiniciaron su danza ante la nariz y las barbas de Diógenes, quien intentaba conciliar el sueño en un rincón de la ciudad, arropado en su manto, mientras a algunos centenares de metros del lugar, las familias atenienses acomodadas daban una suntuosa fiesta. Diógenes se había conformado con pellizcar una galleta marinera de la que dejaba caer de vez en cuando algunas migajas. Se preguntaba el cínico si no le convendría tomar algunas de las sobras del ágape ateniense, cuando vio aparecer, como de la nada, a un ratón que se dio un festín con los restos que él dejaba. La situación impresionó de tal manera al sabio que lo hizo meditar sobre la lección recibida: "¿Qué me dices, Diógenes? He ahí un ratón que se regocija y se alimenta con tus sobras mientras tú, en cambio, de alma bien nacida, te compadeces y te lamentas por no poder embriagarte allá, tendido sobre la mórbida alfombra bordada".' Y el hombre se hizo filósofo.

En su manía por las definiciones. Platón había acuñado una frase que, a su entender, definía perfectamente al hombre, a quien llamó en aquella ocasión "un bípedo sin plumas"... Los platónicos considera-ron que era una expresión acertada y una clasificación Válida, pero no ocurrió lo mismo con Diógenes, quien en su rincón preparaba una contra demostración de facto: después de haber desplumado a un gallo vivo, lo lanzó en medio de una reunión presidida por Platón, con lo cual demostró, silenciosamente, que la definición era inadecuada y que, de todas formas, lo real no podría reducirse al concepto ni a las palabras. De ahí el empleo del gallo con fines nominalistas. Huelgan las palabras. He ahí un humorista inteligente.

Los cínicos atacan con ironía y ardor la teoría platónica de las Ideas: se interesan por la inmanencia y las cosas próximas, por la vida cotidiana y lo concreto. Así, ante una mesa, Platón se abismaba en los detalles para demostrar que no tenía realidad en sí misma, puesto que participaba de la mesa "en sí", de la Idea de mesa, sin la cual no habría nada, y lo mismo hacía con las tazas y otros objetos que permitían una aprehensión concreta y sensible. Por su parte, Diógenes afirmaba que no tenía ninguna dificultad para ver objetos como una mesa o una taza, pero que no veía en absoluto las esencias de donde supuestamente derivaban.'" El filósofo idealista conseguía salir del apuro diciéndole al sabio realista que carecía de los ojos de la inteligencia para descubrir aquellas verdades... Antístenes, se negaba a enseñar la existencia de constitutivos específicos y sólo atribuía existencia al ser concreto, individual"." Admitía naturalmente que veía un caballo, pero permanecía ciego a la "caballosidad".

Finalmente encontramos al pez masturbador... El animal le sirve a Diógenes para responder a las preguntas que le formulan sobre Afrodita: ¿cómo comportarse en relación con los deseos? ¿Debemos refrenarlos, contenerlos, tratar de ignorarlos? Al respecto. Platón enseñaba que había que distinguir entre una Afrodita celeste, amorosa guía capaz de conducirnos a lo verdadero, al bien y al conocimiento de las Esencias, y una Afrodita Vulgar, consagrada al amor carnal de los cuerpos y al placer sensual. Por supuesto. Platón exaltaba a la primera e infamaba a la última, y luego frecuentaba los burdeles para calmarse. Por el contrario, Diógenes estaba a la altura de sus palabras: vivía en consonancia con su pensamiento y pensaba en consonancia con la vida que llevaba. Dejando a otros la tarea de desacreditar al cuerpo en teoría antes de ir a buscar -legítimamente- el goce, Diógenes invocaba al extraño pez modelo de virtud. Cada vez que sentía un deseo, Diógenes lo satisfacía a fin de no dejarse esclavizar por él y de conservar libre el espíritu. Si no encontraba prostitutas, mujeres fáciles o complacientes, siempre podía recurrir al onanismo antes que ala continencia: "En este sentido -decía Diógenes-, los peces demuestran tener casi más inteligencia que los hombres: cuando sienten la necesidad de eyacular, salen de su retiro y se frotan contra alguna superficie áspera. Bravozorro, otra que Juan Manuel Aragón.

YO SOY MI DUEÑO

El dominio de uno mismo es la primera virtud: el sabio debe mostrar que supera el acontecimiento en lugar de dejarse superar por él. Diógenes iba de Atenas a Corinto para aprovechar las mejores condiciones climáticas. Pero, a veces, no podía evitar el frío extremo ni las temperaturas caniculares. Comenzaba entonces a hacer ejercicios que lo distinguían, ante la necesidad, como un sujeto y no como un objeto. Diógenes practicaba sus ejercicios en público, cerca de un templo situado del lado oeste del Agora: "En verano rodaba sobre la arena ardiente, mientras que en invierno abrazaba las estatuas cubiertas de nieve; es decir, aprovechaba cada ocasión para poner a prueba su resistencia".'" A causa de tales demostraciones, el cinismo fríe tempranamente confiscado para hacer de él un momento precursor del estoicismo."*

El cinismo es económico: no desea la profusión ni abandona al azar la función del tamiz. Cada ejercicio debe producir efectos inmediatos. En el pensamiento de Diógenes, todo dominio, sea cual fuere su sustancia, contribuye a la progresión hacia la felicidad, siempre que la experimentación esté asociada a una teleología de la liberación. El ascetismo es una mediación prioritaria en la perspectiva del cínico.

Se trata de demostrar las grandes posibilidades del vagabundo en relación con la virtud... Contra la figura del sabio hierático y un poco acartonado, el cínico propone la del filósofo errante. Siglos más tarde, Cioran expresa cierta simpatía por esta manera de ser, que representa también una proximidad con lo esencial. No tener nada predispone mejor a percibir en qué consiste el Ser. Diógenes tiene la intención de promover una vida bienaventurada y dice cómo hacerlo: "El objeto y el fin que se propone la filosofía cínica, como por otra parte se propone toda filosofía, es la felicidad. Ahora bien, esa felicidad consiste en vivir de conformidad con la naturaleza y no según la opinión de la multitud". Demonax irá aún más lejos al decir que sólo el hombre libre es capaz de alcanzar la felicidad. A quien se sorprende ante semejante declaración y cree conveniente señalar que, en su opinión, hay muchas personas felices, el cínico le responde:"Por el contrario, creo que sólo es libre quien no espera nada ni le teme a nada".

Los hechos y los gestos cínicos expresan la necesidad de la soberanía singular: cada hombre debe llegar a ser un dios. No hay manera más eficaz de volver caduca la fábula de un dios como figura arquetípica, modelo de un estilo. La vida se vuelve sagrada mientras sea única y susceptible de ser embellecida, porque se la vive a la sombra de una confusión entre ética y estética. Dión Crisóstomo había comprendido bien la voluntad de Diógenes cuando decía que su tensión apuntaba ante todo a "tomar como modelo la vida de los dioses".' Paradójicamente, los cínicos encontraron en los animales los modelos que convenía imitar...

Diógenes se despojó de todas las cargas y se libró de sus cadenas. Recorrió el mundo, libre, como un ave dotada de razón; no temía al tirano ni estaba obligado por la ley, tampoco se ocupaba de la vida pública ni se dejaba ahogar por la educación de los niños, no lo presionaba el matrimonio ni lo retenía el trabajo, no estaba perturbado por las campañas militares, ni el comercio lo apartaba de su camino. Por el contrario, se burlaba de los hombres que se entregan a tales actividades, así como nosotros nos burlamos de los niños pequeños cuando los vemos ocupados jugando a la taba, a combatir y a ser derrotados, a despojar a los demás y a sufrir a su vez el despojo de los otros. Diógenes, en cambio, llevaba la vida de un rey sin temor y libre.

Diógenes alababa a todo aquel que, estando a punto de casarse, no se casaba; a aquellos que, dispuestos a hacer una travesía, se decidían a no hacerla; a los que, prontos a ocuparse de la política, terminaban por no ocuparse; a los que, habiendo proyectado criar niños, no lo hacían; a quienes se aprestaban a vivir en la compañía de príncipes y de pronto preferían no acercárseles.' Elogio del renunciamiento. Elogio, al mismo tiempo, de un solipsismo discreto que permite eludir la agresividad que inevitablemente surge de toda inter subjetividad. Elogio, finalmente, de la autonomía, entendida en su acepción etimológica.

El voluntarismo estético cínico incluso es optimista si se hace hincapié en el hecho de que ofrece salidas y soluciones al problema de la existencia. El futuro no es un
horizonte limitado, sin perspectivas, pues sólo quien nada espera, quien desespera, es capaz de alcanzar el goce y la beatitud. No esperar lo imposible permite no decepcionarse nunca, y por lo tanto evolucionar en completa calma. Entre los cínicos, la figura emblemática del poder de la voluntad es Hércules.

JUEGOS EN LA PLAZA: ENFERMEDAD Y ETICA

El juego está ausente de los sistemas filosóficos. Ni siquiera los pensadores que se proponen una comprensión global del mundo lo analizan de manera rigurosa. Dejadas al margen, estas extrañas actividades son excluidas, probablemente porque ponen sobre el tapete un exceso de diversión, locura, desatino y placer. El delirio es el enemigo del filósofo que no pierde ninguna ocasión de conjurarlo mediante la razón, el orden, la simetría o el sistema.

En la plaza pública, Diógenes considera a los demás como espectadores, auditorio destinado a un voyeurismo pedagógico: ellos verán, oirán y tal vez comprenderán. La anécdota, la palabra ingeniosa o el retruécano apuntan a producir efectos éticos: una toma de conciencia, podría decirse. Así entendido, el juego revela sus virtudes heurísticas .La calle, la plaza pública, el exterior sirven de marco para las representaciones cínicas: el juego se pone en escena según los principios de la improvisación. Se despliega la peripecia, la historia se escribe en el momento y la
representación no será objeto de ninguna repetición, pues lo real no tiene copia...
El juego es una farmacopea, una medicina. Las personas están enfermas y hay que curarlas. La única poción que vale, la que ataca las verdaderas afecciones, sólo se
puede administrar a través del juego, como si éste fuera un excipiente que permitiera pasar más fácilmente un brebaje muy amargo... El filósofo entendido como médico de la civilización es una metáfora que seducirá tanto a Schopenhauer como a Nietzsche. Diógenes es uno de los primeros médicos generales -¿o alienistas? ¿o forenses? Diógenes sabe que vencer sin afrontar peligros es triunfar sin gloria. El cínico revela a sus pacientes las dolencias que sufren. A él le corresponde imponer las consultas, porque no hay nada peor que un enfermo que ignora su mal...

Los males que sufre la humanidad pueden resumirse en un único y mismo orden: los hombres están enfermos de no saber vivir en libertad y de no conocer las delicias de la autonomía, la autosuficiencia y el pleno gobierno de uno mismo. La gran salud, diría Nietzsche. Los síntomas son evidentes: el gusto por lo frívolo, la liviandad, el dinero, el poder, los honores, la mezquindad, la estrechez de proyectos, el conformismo y la sujeción a ideales seculares tales como el trabajo, la familia o la patria.


Para los cínicos, la enfermedad, la pesadez y la obesidad están relacionadas: el espíritu se entorpece a causa del peso, y el hombre poco preocupado por decidir y valorar su existencia se parece al puerco. Partiendo de semejante física de los cuerpos, uno podría inferir las virtudes del sabio: soltura, agilidad, delicadeza, elegancia. Éter, hálito, viento y espacio: no hay metáfora más apropiada para caracterizar la voluntad cínica. La ética es entonces un juego: además de ser un arte, apela a esa parte de nosotros que corresponde al gusto por lo agónico, el vértigo y el mimetismo. A ratos artista, a ratos médico, atleta o bailarín, el filósofo mantiene más relaciones con la estética que con la ciencia, más relación con lo bello que con lo verdadero. Diógenes es lo contrario de un positivista: Kierkegaard diría que era un filósofo ético, Nietzsche lo llamaría un filósofo-artista. Diógenes y sus compadres(o comadres: no olvidemos a Hiparquia) dan nueva dirección a sus creaciones, sin preocuparse por seguir un programa, lo que estorbaría la espontaneidad: la ética de los cínicos es poética, por cuanto expresa la carga creativa que la invade.

La moral de Diógenes supone aliento e inspiración, juego y disponibilidad. A fin de indicar las líneas de fuerza de una ética, Nietzsche propuso un tamiz eficaz que se explica en pocas palabras: "Un sí, un no, una línea recta y un objetivo".' Así resume la fórmula de su felicidad. A estas cuestiones seguramente los cínicos habrían respondido sin dificultad: el sí está destinado al reino de la singularidad y la unicidad, a su entusiasmo y a su grandeza rebelde, a su demonio. Antístenes, dice Diógenes, me mostró que ese uso me pertenece de manera inviolable e irrestricta: nadie puede ponerme obstáculos ni obligarme a disponer de él de otro modo que no sea a mi antojo".' Esto en cuanto al Sí...

El No de los cínicos remite a todas las mitologías favorecidas y alentadas por la civilización, a saber: todo lo que obstruye la expresión libre de la singularidad. Todas las instituciones están implicadas, como también las ideologías y los valores comúnmente admitidos, tanto en tiempo de los cínicos como en la actualidad... Si hiciera falta una formulación contemporánea del programa cínico, podría hallársela del lado de los libertarios que no reconocen ni dios ni amo. Para alcanzar el poder sobre sí, el dominio de sí mismo, Diógenes proponía una técnica sencilla que consistía en reprocharse con idéntica intensidad a uno mismo aquello
que con tanto ardor les reprochamos a los demás. Como ver primero la paja en el ojo propio. Inventar, experimentar, destruir; el filósofo-artista también es capaz de educar, de legislar. Diógenes soportó las amenazas del báculo de Antístenes. Pero nada de eso le hizo efecto. Su voluntad de cinismo era tal que, a pesar de todo, llegó a convertirse en el segundo color de este espectro tornasolado que fue la escuela durante diez siglos.
El filósofo artista es aquel que sabe que el hombre debe superarse para permitir la realización de una subjetividad sin obstáculos: "Conocer lo que es más elevado que el hombre, tal es el atributo del hombre pleno"."Para alcanzar esos fines sobrehumanos Diógenes concentró su sabiduría, a fin de hacerla más operativa. Así pudo instilar en cada acto y en cada gesto algo que descalificara las convenciones y el conformismo. En el frontispicio de un hipotético templo cínico, probablemente podría leerse: "Que no entre aquí nadie que no sea subversivo". Razón suficiente para dejar a Platón con sus geómetras... El filósofo-artista magnifica los medios de esta subversión y así alcanza una dimensión estética, poética o artística.

POETICA, MATERIALISMO Y CALLEJEO

Los cínicos, con el gusto que se les conoce por la provocación, dejaron de lado el modelo
matemático -del que Platón es un destacado representante-para preferir en cambio una metodología de lo perentorio y lo poético, de la intuición y el entusiasmo. El nominalismo cínico también es materialismo... Por las necesidades de la causa filosófica y porque el lenguaje es impotente, los cínicos se convierten en payasos, inventores de nuevas metodologías. Los instrumentos de la psicogogía cínica son múltiples y variados. Es una nueva metodología que privilegia el gesto, el acto o el signo sobre la palabra o el discurso, y que termina por autorizar los juegos de palabras, el humorismo, la ironía y la provocación. A veces el sarcasmo llega a la injuria, pero siempre atendiendo a la idea de iniciar al otro en una sabiduría superior. Nada más alejado del gusto de Diógenes que la maldad pura y gratuita.'

Respondiendo anticipadamente a las objeciones que podrían hacérsele hoy a la corporación, los cínicos osan practicar una sabiduría jubilosa, una gaya ciencia, un saber alegre en el cual la burla, el delirio y la ironía tienen su lugar, que no es menor. Ésta es también la manera de escenificar una subversión radical e interesar a un número mayor de oyentes o, en la actualidad, de lectores. Pero cuando se quiere confinar la filosofía en un gueto, no hay nada más seguro que el espíritu de la gravedad. Diógenes no pertenece a esta calaña. Para Hegel, la filosofía no debe hacerse puertas afuera sino en los anfiteatros de la universidad, no debe involucrar a los hombres y mujeres que uno encuentra en la calle, sino a aquellos que se someten a las exigencias de la institución además, circunstancia agravante, los cínicos no tienen un sistema, un pensamiento cerrado, ni conceptos operativos autoritarios. En suma, no hacen más que ocuparse de la sabiduría, la felicidad y la existencia concreta y cotidiana: el colmo para los filósofos. Ahora bien, la disciplina
muere a causa de este complejo de clausura: confinada a los espacios en los que se la reduce, se la acartona, por culpa de los ratones de biblioteca, del encierro. La hacen los iniciados para los iniciados y excluye de manera redhibitoria a quienes no tienen la suerte de pertenecer a esa casta.

Antístenes y Diógenes están interesados en llegar a la mayor cantidad posible de oyentes y no es que crean en las virtudes de una vulgarización masiva; no son necios hasta ese punto. Pero no quieren efectuar una selección a priori en su auditorio: ésta se efectuará a posteriori. El cínico es demócrata, por cuanto da a todos la oportunidad de escuchar el discurso cínico y, por lo tanto, de comprender el alcance del mensaje filosófico. Y al mismo tiempo es aristocrático, porque sabe que no todo el mundo se sentirá interesado y que sólo algunos adherirán a las opciones del perro.

ANTIGRAVEDAD Y HUMOR

Otro amigo del humorismo es el discípulo de Antístenes, Diógenes. En el mercado de esclavos, cuando su carne estaba expuesta a la venta, apelaba a la ironía cuando cualquier otro se habría sentido mortificado y habría optado por las lágrimas. Mirando alrededor de sí y percibiendo que uno de los posibles compradores no era precisamente muy masculino, Diógenes se acerca al desdichado y le dice:"Cómprame: en efecto me parece que tienes necesidad de un hombre".'-'

Así como no sienten ninguna simpatía por los hombres que ejercen el poder, los cínicos tampoco aprecian a los hombres de culto ni de Iglesia. Antístenes no se privó un día de sobrar a un sacerdote de los ritos de Orfeo que prometía la salvación a los nuevos conversos, pero sólo después de la muerte. El cínico le preguntó entonces al religioso por qué no moría en ese instante para obtener de inmediato la paz del alma..." Ironía contra los vendedores del más allá. El cínico apela a la duda sistemática e instala el escepticismo en el corazón mismo de los lugares comunes: promueve una lógica emancipadora. La ironía es una estrategia subversiva que recurre al rayo y a las temperaturas del apocalipsis: con ellos el cínico procura socavar las bases mismas de las mitologías sociales. Menos propicio para desencadenar el caos, el humorismo es más cortés.

LO CRUDO, LO COCIDO, LA CIVILIZACIÓN Y LA BARBARIE.

La cocción es emblemática de la civilización. Respecto de las carnes, Diógenes afirmaba que "hay que decir que son repugnantes antes de la cocción, pero que ésta las hace más puras de lo que eran antes". En la lógica de lo crudo y lo cocido, el cínico advierte una convención pura y sencilla: ¿cómo comprender si no que los hombres coman sin repugnancia ostras y erizos de mar sin preparación previa? Sólo la convención alternada con el hábito legitima semejantes prácticas. Atomismo, materialismo, teoría de las partículas: los cínicos se inscriben en la tradición que de Demócrito a Sade, pasando por Lucrecio y La Mettrie, hace de esta teoría un argumento para el monismo y, por lo tanto, contra el espiritualismo y el idealismo. El materialismo es un arma en la guerra contra la trascendencia y las veleidades de sacralización: si es necesario elegir virtudes de perfección, habrá que divinizar a la Naturaleza y a ninguna otra cosa. Spinoza recordará la lección.

Comer carne cruda o carne humana, legitimar el incesto y tomar en solfa el hecho de convertirse en carroña después de la muerte: Diógenes no podía arremeter de manera más brutal contra lo social y sus certezas más unánimemente compartidas. Su método es escéptico y desde Montaigne a los libertinos eruditos, pasando por Charron, se acordarán de él: sólo hay verdades relativas

ESCANDALO ES UN ESCANDALO: INCESTO Y CANIBALISMO.

Relativas a un país y una historia, a un lugar y un tiempo. Nada tendría valor para la totalidad del universo independientemente de las fronteras. Las prohibiciones, al igual que las verdades, son relativas. Lo que es certeza aquí, es duda allá y error en otra parte. También hay que rendirse ante la evidencia: los cínicos, por más que se burlen de la civilización, no elogian la incultura. Conocen las prácticas y costumbres de países extranjeros llamados por entonces bárbaros. Bien informados, se apoyan en testimonios que les permiten negar la existencia, por ejemplo, de una prohibición general del incesto o del canibalismo. Sólo las costumbres, las tradiciones y los usos se cristalizan; de verdades
relativas pasan a ser considerados verdades generales y a ser reverenciados como tales. Ya lo decía Marx: “todo lo sólido se desvanece en el aire”.

Recordemos, sin embargo, que Diógenes vomitó la carne cruda que trataba de ingerir, que nadie lo vio devorar carne humana ni llevarse a su propia madre a la cama, así como no pudo sorprendérselo haciendo el elogio del crimen, de la violación o de todo lo que supondría la voluntad manifiesta de destruir a otro. Diógenes carece de violencia, sólo apunta a cuestionar, de manera pedagógica, las virtudes que se presentan como fundamentales. E indudablemente sólo promueve estas transgresiones en el plano verbal y teórico: lo hace para demostrar que muchas de las cuestiones que algunos, por oscuros intereses al servicio del ideal ascético, se esfuerzan por presentar como certezas reconocidas por todo el universo, no son más que convenciones sociales. El cínico quiere hacer estallar las estructuras culturales caducas en nombre de lo que, desde una perspectiva nietzscheana, podría llamarse una supercultura definida como una civilización más exigente y más rigurosa en el sentido de la liberación de las necesidades naturales: Diógenes quiere promover el Desarraigo contra el Suelo, el Exilio contra la Patria, la Mezcla contra la Raza, la Inteligencia contra la Sangre. En las antípodas del naturalismo regresivo, propone una supercultura dinámica en la cual la negación de ciertos valores culturales valga como momento dialéctico.

OJO QUE NO HABLO DE MONEDAS SINO DE GRUESOS BILLETES

Diógenes se convirtió en monedero falso... Hijo de un banquero y nativo de Sínope, aparentemente tuvo que abandonar la ciudad cuando su padre fue acusado de falsificar monedas, empresa en que lo habría ayudado. Una versión presenta al cínico como víctima de un oráculo que, en su juventud, le habría aconsejado en términos sibilinos no se sabe bien qué acción, que él interpretó erróneamente. Según parece, cumplía por entonces las funciones de inspector de la moneda, lo cual evidentemente habría simplificado las cosas... Pero dejemos que Laercio nos cuente la historia: "Algunos dicen que [Diógenes] habría falsificado las monedas que le había confiado su padre, y que éste murió después de su detención, mientras su hijo huía"' hacia Delfos. Cuando alguien le recordaba su pasado, Diógenes se escurría por la tangente: "También hubo una época en la que yo no podía retener el deseo de orinar, pero ahora ya no". Un error de la juventud, por así decirlo. También solía responder: "Era la época en que yo era como hoy eres tú, pero lo que yo soy ahora nunca lo serás tú":' peripecia anterior al dominio de sí mismo y a la sabiduría. Hoy es difícil saber lo que ocurrió verdaderamente. La falsificación de moneda es poner en marcha una empresa destinada a producir nuevos valores, nuevos imperativos. Hay que dudar del valor asignado a lo real por las convenciones, para luego llegar a la certeza de que "el mundo no tiene este valor que le hemos a tribuido. (...) De ese modo -y es Nietzsche quien habla- hallaremos la emoción que nos impulsará a crear valores nuevos. En suma, el mundo podría valer mucho más de lo que suponemos. Es necesario que nos demos cuenta de la ingenuidad de nuestros ideales y que sepamos que, en la creencia de haberle asignado la interpretación más elevada posible, no hemos conseguido darle a nuestra existencia humana el valor medio que, justamente, le corresponde"/' Cambiar la ética, y no someterla ya a imperativos utilitarios sino a la exigencia lúdica. De ahí el alineamiento de la moral con una regla del juego que legisla la fiesta.

FIESTA, MASTURBACIÒN Y PUTAS


El cínico es un solitario sin ataduras que elige el destino del vagabundeo y la singularidad, cueste lo que cueste. Su camino es único y no conduce a los claros donde se forman los grupos. Diógenes no se parece en nada al revolucionario que querría la fiesta para todos, como una obligación colectiva. Carece de moral colectiva. El cínico dice que cada uno es el director de las festividades en las que se compromete: es en sí mismo su propio fin. Nada le es más ajeno que el proyecto colectivo: su revolución es individual, no le concierne más que a sí mismo. Su deseo no es la agregación de semejantes. Odia la comunidad y sabe que todo pensamiento gregario es común. La transmutación de los valores es una empresa de monada, de lo único, del átomo: su campo de batalla es la conciencia individual, sus barricadas son invisibles, y sus furores solitarios, sin testigos y sin ostentación.

Ya sabemos que a Diógenes no le incomodaba la masturbación en público, como tampoco le repugnaba a Hiparquia el coito en las calles .El burdel había convertido a Diógenes en sabio:" parece que lo frecuentaba con más asiduidad que las clases esotéricas de los platónicos. Como sabio lúcido y desesperanzado que era, sabía que el deseo nunca cumple sus promesas y que hay que reconocerle a la sexualidad su carácter primitivo de fiesta gozosa y sencilla que regula las pasiones y libera el espíritu.

Los demás esperan y con ello se exponen a la infelicidad. Él desespera y así se procura largos momentos de beatitud y placer. No espera nada y por ende se regocija y va, sereno, diciendo a los demás y a sí mismo: "Un hombre de bien, ¿no ve acaso una fiesta en cada día?". El mismo Plutarco, a quien debemos estas últimas palabras de Diógenes, decía también de Grates:"Pasó su vida riendo y divirtiéndose como en un día festivo. Al cínico no le agrada la religión: sabe hasta qué punto se fortalece limitando las libertades y singularidades individuales. Un sacerdote, del culto que sea, es siempre un censor que trabaja en contra de la vida a través del renunciamiento, que enfrenta a Tánatos contra Eros. La raíz de toda religión es la alienación de las potencias que se encuentran en el interior de cada uno, la transformación de esas potencias en una hipóstasis, en dioses a los cuales pueda rendírseles culto. La carne de los dioses está hecha de la sangre de los hombres y lo que se le da a uno se le quita al otro. Poco importa que se trate de politeísmo, de monoteísmo o de panteísmo. No hay nada fuera de la naturaleza: el materialismo invalida toda condición de posibilidad de lo sagrado. Si hubiese tenido veleidades de sacralizar algo, Diógenes habría sido panteísta a la manera de los estoicos o de Spinoza. El ateísmo cínico se refuerza con una impiedad militante y sarcástica que hace pensar en el tono del libertino frente al comendador: insolencia y desplante.

De Antístenes a Heraclides -desde el siglo V antes de Cristo hasta el siglo IV de nuestra era-, la sustancia es la misma: escépticos para los menos encarnizados, anticlericales para los más agresivos, los cínicos no son amantes de la religión ni del sacrificio en ninguna circunstancia que pretenda superarlos o poner en tela de juicio su propia soberanía.

PODERES Y POLICIAS

Diógenes es el antídoto de estos oportunistas que prostituyen sus talentos en las causas más deplorables: un jefe de Estado es siempre un hombre deplorable; todo es sencillamente una cuestión de medida y el acomodo es una regla del género. El cínico es impertinente con Alejandro: en esta relación hay un estilo que puede cristalizarse en principio. Verdades elementales: un hombre de poder es la expresión misma de la corrupción, de la venalidad
y de la oportunidad. Las ideas son las primeras víctimas de sus caprichos. Todo se sacrifica en aras del pragmatismo, suerte de altar donde el realismo y la eficacia hacen las veces de incienso y turiferario. Ante cualquier poder que exija sumisión y sacrificio, la tarea del filósofo es la irreverencia, la confrontación, la impertinencia, la indisciplina y la insumisión. Rebelde y desobediente, por convencido que esté del carácter desesperado de su empresa se fija el deber de encarnar la resistencia ante el Leviatán y quienes llevan agua para ese molino. Se trata de ser impío y ateo en materia política. Diógenes practicaba, dichoso, estas virtudes. No reconocía como tal la jerarquía que pretendía oponérsele. Un amo, un emperador, un jefe o quienquiera que procurara
ejercer su poder sobre cualquier materia diferente de sí mismo le resultaba antipático y lo decía, sin odio pero también sin complacencia.

Jefes, gendarmes, simples delatores de las calles: todos ellos le parecían condenables. Una vez le preguntaron a Diógenes cuáles eran los animales más feroces y él respondió: "En las montañas, los osos y los leones; en las ciudades, los funcionarios del fisco y los sicofantas"
Diógenes era un anarquista, puesto que no aceptaba otro poder que no fuera el que cada uno dispone sobre sí mismo, pero también era libertario, si se define a este tipo de hombre como el que no reconoce ningún valor por encima de la libertad. A la pregunta: "¿Qué es lo mejor del mundo?", Diógenes respondía: "La libertad en el decir".'" Y el comentarista que nos relata su declaración agrega que "[Diógenes] ponía la libertad por encima de toda otra cosa". La posición del cínico respecto de la política es el tema de una de las imágenes transmitidas por Estobeo: cuando se le preguntaba a Antístenes hasta qué punto había que implicarse en las cosas públicas o en los asuntos de la ciudad, él respondía: "Como uno se acerca al fuego; si se mantiene demasiado alejado, sentirá frío; si se coloca demasiado cerca, se quemaría”. No te quemes ni te alejes tanto de mí. Como sea, siempre habrá intelectuales cortesanos que preferirán la alcahuetería que se paga al precio de la libertad de espíritu, y habrá otros que saben que no todos los días se puede comer al gusto de uno pero que sí se puede permanecer libre y defender las propias ideas.

Diógenes invita a Alejando a deshacerse de su orgullo y le indica el camino que debe seguir para conquistar la sabiduría: abandonar las preocupaciones mezquinas que nos vuelven esclavos, el gusto por el dinero, las riquezas, las conquistas y otras inutilidades. Como se habrá comprendido, el cínico es la encarnación del contrapoder que los filósofos nunca deberían dejar de ejercer. De alma libertaria, los cínicos han llevado aún más lejos la reflexión política condenando sin ambages la tiranía y la guerra, dos miserias tan proliferantes y tan caras al corazón de los políticos.

TRABAJO, FAMILIA Y PATRIA: demolición de tres lugares comunes

1-Las etimologías nunca son inocentes. La de la palabra "trabajo" recuerda la proximidad de la actividad laboriosa con el uso del tripalium, un instrumento de tortura de tres estacas. Es fácil imaginar el uso de semejante objeto. En las leyes de Guillermo el Conquistador -que datan de fines del siglo XI-, trabajar es sufrir, atormentar; literalmente: torturar con el tripalium. El primer lugar común de nuestra ideología comunitaria y social consiste en hacer del trabajo una virtud...La labor es el precio que hay que pagar para ser admitido en la comunidad, y señala netamente la sumisión del individuo al grupo: algo que el cínico no puede aceptar. Además,-"Diógenes probablemente se hubiera reído de estar desempleado. No se habría sentido herido en su dignidad. Y se habría sorprendido mucho de esta fijación moderna por la idea del trabajo".' El otium era una virtud para Antístenes y sus continuadores.

Tener el trabajo en tan poca estima equivale a atribuirle escasa importancia a las riquezas y a la propiedad, que hoy son como la miel que atrae a las moscas. El cínico se burla del consumo que legitima la esclavitud contemporánea. Según él, "quien coloca su interés en los bienes de este mundo y limita la potencia de su sabiduría y su inteligencia a esas cosas viles y finitas no es un sabio, sino que se parece a las bestias que están a gusto en el lodo"." La riqueza de un filósofo reside en el dominio y el poder que tiene sobre sí mismo. El filósofo invierte en un estilo que exige la fusión de la ética y la estética, cuando los demás invierten su capital en lo económico y lo utilitario. Uno eligió la calidad y la vida, el otro la cantidad y el dinero. El primero es libre porque es autónomo, del segundo es siervo porque es esclavo de sus deseos. En la economía cínica, la pobreza es una virtud que permite alcanzar más rápidamente el desapego necesario al filósofo: "La virtud -decía Diógenes- no podría habitar en una finca ni en una casa rica"." Castillos y propiedades alejan al hombre de la autenticidad. Lo necesario es suficiente: desear lo que uno puede ofrecerse es encaminarse hacia la felicidad. Habiéndolo comprendido, Antístenes se libró de todo lo que poseía. Después de haber vendido sus bienes, habría distribuido del dinero obtenido entre quienes lo rodeaban.'" Crates hizo lo mismo con una fortuna considerable después de haber asistido a la representación de una tragedia que lo convirtió al modo de vida cínico.'"

2-Continuando su exégesis de los lugares comunes, el cínico ataca a la familia y las prácticas virtuosas asociadas con ella. Tal el caso del matrimonio, que corresponde a la religión doméstica según la cual la mujer se hace cargo de un sacrificio sistemático: deja al padre para encontrar un marido, con lo cual no hace más que cambiar de cadenas. En Grecia, la condición de la mujer era deplorable. Estaba confinada, con sus pares, a los lugares donde aprendía a hilar y tejer y, sobre todo, donde no aprendía a leer. El analfabetismo era un arma utilizada por este pueblo cuyo carácter virtuoso no deja de alabarse en todo el mundo. A las mujeres se les exigía la sumisión y el silencio. Y el filósofo Aristóteles solía citar un verso de Sófocles que dice: "En la mujer, el silencio es un factor de belleza", Su repudio de la lógica mercantil en todos los sentidos les hacía rechazar el matrimonio, la procreación y la misoginia que, en casi todos los casos, son mutuamente dependientes. Las mujeres cínicas -o, más exactamente, la mujer cínica, pues sólo nos han quedado huellas de ésta- son de otro estilo. Podemos juzgarlas por Hiparquia, cuyas gracias son célebres. El lector recordará sus devaneos eróticos en público con Grates, pero antes de llegar a ese punto, Hiparquia ya había dado pruebas de una voluntad y una tenacidad que la honran. Les había comunicado a sus padres que quería compartir su vida con el filósofo cínico. Obviamente, la familia se opuso al aventurado himeneo. E Hiparquia les hizo saber que recurriría sin temor al suicidio si se le impedía llevar la vida que quería. Así, el cínico manifiesta sin circunloquios y sin rodeos su repudio a la familia y a la moral sexual que ella presupone. Como segundo lugar común sobre el cual se apoya la sociedad, la familia es también uno de los objetivos de la desestructuración cínica. El celibato, la unión libre y la sodomía se transforman en valores que la sustituyen.

3El tercer y último pilar del equilibrio burgués es la patria. Tanto en los griegos del pasado como en cualquier francés de hoy, el orgullo nacional provoca una vibración inmediata. Libre de ir adonde más le plazca, el filósofo cínico se siente en su casa esté donde esté, porque en todas partes es un exiliado. Por lo demás, con mucha frecuencia se le notificó un exilio que él abrazó por su propia cuenta: ¿cómo sorprenderse entonces de que Diógenes hiciera el elogio del exilio y de que Grates siguiera sus pasos?" Así es cómo a la pregunta "¿De dónde eres?", Diógenes respondía: "Soy ciudadano del mundo, (pues) la única verdadera ciudadanía es la que se extiende al mundo entero"." Y Grates acuñará esta soberbia fórmula para responder a la misma interrogación: "Soy ciudadano de
Diógenes". Los cínicos aprenden a vivir, a pensar, a existir y a obrar ante los fragmentos del mundo real: cuando se encuentran con la muerte, el placer o el deseo. Enseñan la insolencia frente a todo lo que se engalana con las plumas de lo sagrado: lo social, los dioses, la religión, los reyes y las convenciones. La filosofía cínica se preocupa por las cosas cercanas y desacredita todas las empresas que privilegian el espíritu de seriedad.


NÉSTOR MENDOZA- agosto de 2009, Ejército Argentino, un barrio.
Reseña tomada del libro de Michel Onfray