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miércoles, 5 de mayo de 2010

Narices Pegadas


*Para continuar con la línea de reflexiones propuesta por Andrés, va mi aporte. Un caramelo media hora para el que descubre la imagen en 3d oculta.

Es como estar con la nariz pegada al monitor de la computadora tratando de descubrir una imagen detrás de esas otras imágenes. Coloridas, mezcladas y fundidas unas con otras, saturadas, saturando aún mas nuestra percepción. Y uno que es impaciente busca desesperadamente encontrar esa imagen 3D. Encontrarla significa ganar, ver eso que no se ve a simple vista y que por alguna extraña razón hace fluir por nuestro espíritu la sensación de poder. Es en verdad una fuente de poder ver cosas que los demás no ven?. Shagy siempre veía los fantasmas antes que sus compañeros y eso lejos de colocarlo en una situación de poder lo empujaba a una inevitable situación de peligro puesto que los fantasmas al saberse descubiertos, concentraban gran parte de sus energías en deshacerse de él, en matarlo y cosas afines. ¿Poder es sinónimo de peligro?.

¿Cuál es la diferencia entre no ver una figura 3D en el monitor y no ver en un río la irreversibilidad del tiempo? La diferencia radica en que nosotros sabemos que detrás de esas figuritas hay algo, alguien dibujó algo y nos está desafiando a descubrirlo. Debajo de las aguas, en el fluir del río, solo hay incertidumbre (y pescaditos, claro). Tal vez no haya nada y esas aguas solo sean aguas, nada hay que nos indique a ciencia cierta que algún ser supremo pensó en ellas como una gran metáfora del vivir y en un acto de piedad nos lo puso como indicio. Para que luego, un agudo pensador desocupado lo devele. Si en verdad estamos dispuestos a aceptar esto, entonces tendríamos que aceptar también que tal vez nunca terminaremos de descubrir esas ideas detrás de las cosas, pues son tantas... como yo, que tipo cuatro de la mañana, con una jaqueca terrible y la sospecha, terrible también, de que es un engaño y nada hay detrás de esos arbolitos, me voy a dormir.

Necedad y soberbia la que me hace suponer que no soy yo y mis limitaciones sino el mundo y sus engaños.


De Gavy Yauza

jueves, 29 de abril de 2010

Un blog pinchado - Andrés Navarro


El anónimo cumple su función. Propone un quiero re truco. Esto tiene sus efectos; exige una elección, una respuesta: quiero, no quiero, quiero vale cuatro, pero para eso hay que ver las cartas que uno tiene y “jugar” según eso (sabemos cómo es el truco, puede no haber nada). Y la respuesta generalizada, me parece, ha sido el no quiero.


En este blog se planteaba la idea de un espacio para que gente publique sus escritos y haga sus comentarios críticos, así empezó y publicamos notas, cuentos, poemas y varios nos animamos a hacer eso difícil de comentar intentando fundamentar nuestras opiniones. Hasta que apareció “nuestro” anónimo. Le digo nuestro porque le tengo un cariño especial, como si de una mascota se tratara. Pero no cualquier mascota; se me figura una mascota tipo “Mordelón” de Futurama: un bichito aparentemente ocioso que lo único que hace es comer y cagar, pero que resulta ser un embajador en la Tierra, guardián contra los succionadores de cerebros. En fin, nuestro anónimo apareció haciendo el tipo de comentarios que ya conocemos, rompiendo o entorpeciendo esa idea primera. Mi primera reacción (hablándolo con otra gente) fue decir que no hay que darle bola para no darle existencia: en la medida que le contestemos el anónimo tiene una razón de ser, decía yo. Pero la razón de ser del anónimo no parece ser la respuesta hacia su “figura” sino que su razón de ser son los textos y comentarios nuestros. Esto lo digo a partir de ver que cuando empezó a decaer este blog en publicación de textos y comentarios, el anónimo dejó de “aparecer”. Y ahora, que publiqué un par de notas y que en la segunda nota se completó el círculo con un comentario, oh sorpresa, volvió el anónimo.


A sí que este escrito es para intentar otra cosa; por lo menos un “quiero”. Quiero quitarle por un momento de los dedos la “función” anónimo a quién sea que la encarne, para hacer parte a esa figura de “esta” figura. Esta figura consiste en tomar elementos del mundo y proponerles un nuevo lugar, no necesariamente mejor, sólo un otro lugar en la escena. En esta escena el anónimo es una estructura muy interesante, capaz de infiltrarse en un blog, pincharlo, prepotearlo, para decirle: ¡a ver, qué cartas tienes! Está muy bien.


Leo en Foucault: “Un texto anónimo que se lee por la calle en una pared tiene redactor; pero no tiene autor. La función autor es pues característica del modo de existencia, de circulación y de funcionamiento de ciertos discursos en el interior de una sociedad.” Nuestro anónimo, me parece, viene a cuestionar la “función autor” que manejamos. ¿Manejamos alguna? ¿O somos manejados por una idea de autor previa? Lo que viene a denunciar este anónimo es que “ese” autor ha muerto y lo que hay es un espacio vacío. Vacío de significación: vacío de textos, vacío de comentarios. Pero también dice el anónimo-Foucault: “Sería tan falso buscar al autor de lado del escritor real como del lado de locutor ficticio; la función autor se efectúa en la misma escisión – en esa partición y en esa distancia - .” Entonces de lo que se trata es de un momento, de una instancia inmejorable para ubicar a esa función nuevamente, o lo que querramos, en ese lugar vacío que se presenta.


Y cierro con las palabras del anónimo-Arlt: “El futuro es nuestro por prepotencia de trabajo… Y que los eunucos bufen”.


miércoles, 28 de abril de 2010

El sentido de una acción - Andrés Navarro


Mandarse al frente a que te peguen o inventar. ¿De qué se trata esto?
Está visto que hay mucho de lo primero. Hay un llamado a hacer el trabajo sucio: machetear un espacio, hacerlo transitable, a condición de hacerse visible. Hacerse visible, aunque parezca delirante, resulta ser un modo de objetalizarse; convertirse en blanco de los ladrillazos. ¿Se trata sólo de una voluntad masoquista de poner el cuerpo para recibir los golpes hasta que se cansen, así otros puedan hacer uso de ese espacio? ¿O hay ganas de inventarse alguito entre cascote y cascote? Habrá que ver de qué se trata.

domingo, 25 de abril de 2010

Algo de lo incompleto - Andrés Navarro



Dice Barthes en su El placer del texto: “(Placer/goce: en realidad, tropiezo, me equivoco; terminológicamente esto vacila todavía. De todas maneras habrá siempre un margen de indecisión, la distinción no podrá ser fuente de seguras clasificaciones, el paradigma se deslizará, el sentido será precario, revocable, reversible, el discurso será incompleto.)”

Pasado un tiempo de esa escritura, el discurso es incompleto… está. Esto está todo confuso aún, o recién empieza para mí. La experiencia de la Jeta me lo confirma. Intentamos diferenciarnos-distinguirnos de un, no sabemos bien qué, confirmando lo que decía Rolando, eso de las “seguras clasificaciones”. Y si pongo la palabra “paradigma” el asunto se termina de poner pesado. Mientras tanto, parece que de eso se trata. Año 2010, nos empezamos a reunir algunos enfermizos, después de cada evento para hablar y hablar y hablar y llenar de barro los pisos de los cafés ocasionales en los que nos metemos. Si parece que teníamos la garganta empolvada por el desuso, y no nos damos cuenta y hablamos fuerte y alguna señora rubia nos mira de reojo. ¿Qué decimos? Algo precario seguramente, algo revocable. Algo incompleto que genera el placer del encuentro pero también el goce de lo siempre insatisfecho. En esta andamos, y siguiendo con lo del francés: “esto vacila todavía”.

viernes, 8 de enero de 2010

Disección de la Argentina conservadora


Hace mucho que no me reía tanto con un libro. En realidad, hace un año. El autor que me despertaba unas carcajadas irreprimibles en el hall de un hotel de Buenos Aires, era Bernardo Jobson. El libro en cuestión: El fideo más largo del mundo. Y el cuento más gracioso dentro de ese libro: Te recuerdo como eras en el último otoño. Léanlo y verán. (Sé que el sentido del humor es algo personal, pero confío en que el humor de Jobson no despierta demasiadas barreras).

Pero en este cierre de 2009 y comienzos de 2010 (qué amor al sistema decimal, diría Borges) fue otro autor el que me hizo reír con muchas ganas: Juan José Becerra. Conozco a Becerra, como a tantos otros escritores, más por apariciones en TV, columnas publicadas en diarios y entrevistas concedidas a suplementos tipo Ñ o ADN, que por una lectura ordenada de su obra. Y por supuesto, por algún encuentro casual –con sus libros, no con el autor- en esos paseos frecuentes que uno suele hacer por diversos estantes de diversas librerías. Fue así, por ejemplo, que una vez me topé con su ensayo La Vaca. Viaje a la pampa carnívora.

Pero el libro del que quiero hablar hoy es otro. Es una “novedad editorial”, aunque este calificativo despierte fundadas sospechas en quienes creen –con razones de sobra- que lo más valioso para leer ya fue escrito hace décadas, siglos y por qué no, milenios. Pero esta vez, les doy mi palabra, conviene hacer el esfuerzo que consiste en dejar por un rato “el clásico” que tengamos en la mesa de luz para meternos de lleno en Patriotas. Héroes y hechos penosos de la política argentina (¡no me digan que el título no los seduce desde el vamos!)

Empecemos. ¿De qué se trata Patriotas? De los discursos dominantes y sus portavoces, pero también de los discursos perimidos que todavía pululan en boca de personajes que se empeñan en retroceder el calendario. Aquello que los intelectuales de Carta Abierta denominaron “la restauración conservadora” –operada, sobre todo, después del enfrentamiento del Gobierno con las patronales agropecuarias- encuentra en el libro de Becerra su confirmación.

Bajo la pluma despiadada del autor de Patriotas desfilan el rabino Sergio Bergman, monseñor Héctor Aguer, el periodista Joaquín Morales Solá, el escritor Marcos Aguinis, el diputado Francisco de Narváez y el líder chacarero Alfredo de Angeli, entre otros. Becerra desmonta con una lucidez envidiable los pobres argumentos y las falacias de quienes inundan los medios de comunicación con sus declaraciones altisonantes.

El autor dice, por ejemplo, que Bergman le despierta “un poco de miedo”, porque lo ve “como una especie de cybrog, una maquinita antropomórfica que repite frases a una gran velocidad”, buscando más el efecto, la emoción y la empatía del espectador que el pensamiento y la reflexión. Con respecto a Marcos Aguinis, Becerra se hace una fiesta con el “panfleto” que aquél publicó en 2009 –y que claro, fue recontra best seller-: ¡Pobre Patria Mía! Con humor y mucha inteligencia, Becerra desarma como un rompecabezas el dispositivo de prejuicios con que trabaja “el gran autor argentino moderno”. Es también interesante el análisis de la campaña publicitaria de De Narváez, donde queda en evidencia cómo el millonario diputado basó su estrategia electoral en la degradación de la política, convirtiendo el eslogan “votame, votate” en algo que en verdad podía ser leído como: “ahuecame, ahuecate”.

Becerra deja para el último una pequeña crónica de los acontecimientos que tuvieron lugar entre marzo y julio de 2008 en Argentina. No hace falta aclarar de qué hablamos: “Fin del mundo en Agrolandia”, se titula este repaso por esos meses frenéticos. Allí, y también en el capítulo dedicado a De Angeli, Becerra destruye los lugares comunes devenidos en verdades consagradas, como esas que rezan que “el campo es la patria”, que “el campo nos da de comer” (como si nos regalaran los alimentos) o la visión del gaucho como reserva de la identidad argentina. En resumen, “el campo”, esa “máquina de producir supersticiones”...

Muchos de los personajes de Patriotas tienen características similares. Por ejemplo, sus discursos representan “el sentido común”, aunque para Becerra, “nada más lejos de la reflexión que el sentido común, un fenómeno totalmente inorgánico que se encuentra más del lado del hipo o de la tos que del pensamiento”. También son personajes que reflejan la “opinión pública”, “queja viviente colectiva que sucumbe por vicio tanto a las grandes esperanzas como a las pequeñas ideas”.

En medio de tantas novedades editoriales (¿hace falta enumerarlas?) que exudan un odio desmedido hacia todo aquello que no sea una condena brutal al oficialismo y, más que nada, al “matrimonio presidencial”, no está mal la aparición de un texto que venga a desmontar esos discursos que, basándose en una supuesta “vuelta a las instituciones” y “respeto a la democracia” sólo esconden ausencia de ideas y oportunismo barato.

En fin, un libro inteligente, bien escrito, y que además, hace reír. ¿Qué más se puede pedir en este verano pegajoso?

Esteban Brizuela

martes, 27 de octubre de 2009

“Los suplementos literarios de los diarios están en las páginas policiales”



Entrevista. Osvaldo Aguirre, periodista. Por Esteban Brizuela


“Hace quince años, cuando comencé a trabajar como periodista fijo en un diario, creí alcanzar la situación ideal para un escritor”, dijo Osvaldo Aguirre en una conferencia el año pasado. El diario en cuestión era La Capital de Rosario y el periodista que hizo aquella confesión es no sólo un excelente cronista de policiales sino también un reconocido poeta y novelista.

Aguirre ha dejado la sección de policiales, en la que estuvo durante mucho tiempo. Actualmente dirige el suplemento cultural Señales, que aparece todos los domingos junto al mencionado matutino.

Vino a Santiago del Estero para dar un curso en la UCSE sobre periodismo cultural. En el intervalo de una de sus clases, dialogó con este medio sobre sus comienzos en esta profesión. También habló de los suplementos culturales, y de los encuentros y desencuentros entre la universidad, el periodismo cultural y la industria editorial.

Después de recibirte de licenciado en Letras, ¿se te planteó una disyuntiva entre seguir inmerso en la academia o salir de ahí y trabajar en otra cosa, como finalmente lo hiciste?

Sí, bueno, se me planteó el problema laboral. Yo era docente y profesor pero rápidamente vi que no había muchas expectativas y ahí empecé a trabajar como notero, no haciendo periodismo cultural. Poco después me llamaron del diario La Capital, ahí comencé en la sección de policiales. Para mí fue un descubrimiento maravilloso.

Ir a la sección policiales, ¿fue una imposición o una elección?

Me destinaron ahí porque yo publicaba en una revista local, de distribución gratuita, unos pequeños cuentos policiales en base a notas de los diarios. Yo recreaba los casos y los contaba como una especie de cuento, y eso fue lo que les interesó. Justamente, en ese momento, la sección policiales era malísima, tenía muy malos periodistas, estaba muy desprestigiada en el ámbito periodístico y de los lectores.


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jueves, 22 de octubre de 2009

Ok, largamos.

Taller de edición artesanal de libros
en Santiago del Estero /cupo completo (y más)/





ver también
"cien funes volando"


Descripción

El taller está orientado a personas que desean conocer el oficio de Encuadernador. Se realizan las tareas propias de cada etapa del proceso de encuadernación: descosido, preparado, cosido, pegado de cubiertas, etc, utilizadas en la encuadernación rústica, japonesa y diente de perro.
Se trabaja en grupo, con seguimiento personalizado, encuadernando libros o apuntes recomendados por los talleristas y restaurando libros que trae cada participante. A su vez se fomenta la creación de anotadores de distintos tipos y tamaños para su uso o comercialización.

Requisitos: El curso está orientado a personas con o sin experiencia o conocimientos previos.

Objetivo General:

Al terminar el taller el asistente será capaz de reproducir tres técnicas de costura y sus múltiples variaciones. Creará sus propias piezas, sea para restaurar libros en mal estado, encuadernar fascículos u hojas sueltas de tipo “apuntes universitarios”. Para esto se utilizarán tanto materiales de primera calidad como los que se puedan reciclar de su entorno cotidiano (guías telefónicas, papeles fantasía, hojas sueltas, chapitas, tapas, clavos, etc).


Aclaración importante

* habilidades manuales: el oficio de encuadernador no es para todo el mundo. Es un trabajo artesanal, minucioso, que requiere de mucha paciencia y habilidad con las manos. Además se utilizan elementos cortantes.
* detalles de impresión: en este taller no se realizarán estampados de títulos y autores en los lomos o las tapas de los libros porque requiere de una costosa máquina de stamping, que sirve para imprimir esos datos, con tintas doradas en los lomos.

Armado de una editorial

Las posibilidades que surgen de armar una editorial en el propio Espacio Cultural son múltiples y de distinta índole. Además de estar a disposición de proyectos alternativos:
Libros
Revistas
Discos (sello discográfico independiente – diseño e impresión)
Anotadores o cuadernos personalizados
La editorial comprende encuadernadores, diseñadores, editores, correctores y técnicos que dominen los distintos aparatos. Se puede trabajar con un grupo no menor a 4 personas (sin contar a los encuadernadores en el caso de los libros) Si bien la manufactura es artesanal, se pueden hacer grandes tiradas y, mientras más encuadernadores haya, más grande será la tirada.

Sobre el coordinador del taller

Lucas Oliveira es escritor y editor de la Editorial Funesiana donde trabaja como encuadernador principal. Ha publicado Papel (cuentos) y Poesía para Gerentes (poesía) a través de ésta editorial además de varios cuentos (Buenos Aires – Escala 1:1 de Editorial Entropía), en diversas revistas literarias en papel , o publicaciones virtuales. Forma parte del grupo de narrativa “El Quinteto de la Muerte”. Tiene a cargo el blog The Stirrer Funes: www.lestroispetitscochons.blogspot.com y el de la propia editorial: www.editorialfunesiana.blogspot.com. Organiza el ciclo mensual de lectura de narrativa Los Mudos, la narrativa quenosescucha, www.losmudos.blogspot.com

Horarios de las Clases del Taller
Viernes 23 de octubre de 16 a 20 hs.
Sábado 24 de 9 a 12 y de 15 a 19 hs.
Domingo 25 de 16 a 20 hs.
Lunes 26 de 16 a 20 hs.

Lugar
Biblioteca 9 de Julio
Independencia 131
Santiago del Estero


Por inscripciones dirigirse a la Dirección de Cultura, calle 25 de Mayo 155, en el horario de 9 a 12 y de 18 a 21 (cupo limitado)

Invita: La Jeta Literaria

Organizan: Biblioteca 9 de Julio - Dirección de Cultura de la Provincia.

EXTRA: SABADO FUNESIANO

El día sábado 24 estaré participando de una lectura junto a La jeta literaria en el bar Desafinados de la calle Urquiza al 200 donde se expondrán para la venta libros del catálogo de Editorial Funesiana, desde las 20 30 aprox. hasta las 23 hs.

viernes, 16 de octubre de 2009

Ser... ¡GENUINO! de Diana Beláustegui

-Hace mucho que no escribo, la inspiración no desapareció de un día para el otro, fue gradual.

-¿Y desde cuándo te consideras escritor?- Me contestas con un arrimo de burla

-Escribo, ergo, soy escritor. Vos vives tu vida pelotudeando, nunca me topé con vos en actitud de meditación, por lo tanto, sos una pelotuda. No es tan difícil.

Te ofendes y terminas mirando hacia otro lado con aire solemne.

-Sostené aquí- te ordeno. Agarras el brazo de mala gana y arrugas la nariz, no me importa, yo mando, para eso te pago.

Antes de secarlos necesito el preciado aceite que despide el cuerpo a las 3 o 4 horas de muerto. Haces arcadas y me molesta. ¡Que cínica sos! Si yo sé que te atrae de mi, mi lado morboso, mi ángulo original… ¡genuino!

Desde que decidí incursionar en el grupo la personalidad de mi escritura se desdibujó, ellos eran buenos, escribían bien, y la mayoría más que buenos textos eran extraños, al igual que sus charlas. Y sus textos eran prosa y podían ser verso también, o no, porque ellos la tenían clara y me desdibujaban la claridad a mi. Llegué al grupo segura de muchas cosas y a la final lo que hicieron fue que me replanteara varios aspectos de mi escritura. ¡De la mía! ¡De lo que yo más amaba y de lo único en lo que no dudaba! Por un tiempo busqué la inspiración por otros lados, pagué unas putas queriendo encontrar la filosofía del objeto-puta, pero no había nada único o verdadero. ¿De dónde sacaban ellos las ideas? Me interné en las bibliotecas buscando francoesperadores, en las florcitas con sus macetas pequeñitas y grandes, en los pescados rabiosos… y me daba bronca.

-Sostené el otro brazo- ordeno – pero sostenelo bien. Yo mando, para eso te pago.

Así que decidí hacer los aceites y bañarme todas las noches en ellos, para poder tomar sus esencias, claro que para eso necesito de muchos cuerpos y ellos no son tantos. A aquel le voy a sacar poco, era un izquierdista, no vaya a ser que se me pegue eso.

Después los hago secar al sol y me confecciono un vestido de piel.

-Eso está trillado- me contestas

-Y bue, habrá que reinventar la escritura, intento no caer en comunismos. No me juzgues. No me jodas. Aunque conmigo no corres peligro, a vos aparte de ignorancia no podría sacarte más nada- Terminé de decir la frase y pasaron unos cuantos segundos hasta que la digeriste, luego el golpe me dejó noqueada. Cuando desperté ella estaba haciendo calentar mis preciados aceites y me había cortado los dedos

-Para que no escribas más- me gritaba.

Los ponía a hervir y les agregaba azúcar, luego alcohol, mucho alcohol, más tarde los tamizaba.

Se para en seco y me mira, comienza a prepararme.

-¡No me comerá! ¡Me beberá! Si eso no es original, la originalidad donde está. Sonrío orgullosa de ella, en una de esas su mente pudo ser persuadida por mi genialidad. ¿Es ésta mi alumna? ¿Aquí está mi legado? De pronto me siento conforme, el siguiente golpe me duerme nuevamente.

sábado, 3 de octubre de 2009

Sentir la Literalidad de Gaby Yauza



Ciertos escritores jóvenes, no valoran la literalidad como concepto, les parece pobre y limitado. Es en realidad lo más difícil de alcanzar. Cotidianamente hablamos más bien en abstracto.

Con el afán siempre vigente de separar al arte del resto de las manifestaciones humanas que no sean dignas de tal cosa, muchos teóricos desperdiciaron neuronas intentando averiguar qué hacia que un texto sea artístico y otro no. Una de sus hipótesis (ya anticuada) aludía al fin practico del lenguaje cotidiano en contraposición del lenguaje artístico. Sin embargo, con el paso del tiempo y el análisis de muchas expresiones, entendieron que la retórica forma parte de todo discurso, aunque más no sea, para exigirle al gato que salga de la cama. La ironía por ejemplo. O la hipérbole. ¿Elipsis?

“Me gustabas más antes” De todas las posibles lecturas, pongamos en foco la siguiente: usted, sujeto referido en la enunciación ha cambiado y él, el otro sujeto involucrado, no cambió. En consecuencia, las cosas que los unían quedaron varadas en universos paralelos. Todo esto en cuatro palabras. La elipsis se construye a partir del pronombre posesivo y la desinencia verbal. Hay ejemplos más felices, supongo que de fácil imaginación. Me muero de hambre. Me siento aislada. ¡Lo mato!

Retomando, tan común es el toque artístico de nuestro discurso cotidiano, que ya no podemos diferenciarlos. Sobre ese aspecto quiero concentrarme, el uso del lenguaje tuneado. Retocado. Barroco. Superproducido con recursos estilísticos varios. Y en ese ejercicio rebuscado de volver más interesante y complejo nuestro lenguaje, nos fuimos al otro extremo. La abstracción nos alejó del referente. Separamos drásticamente los términos de la metáfora, y olvidamos el parecido inicial. Dejamos los ojos de una muchacha, tirados en un rincón y sólo nos quedó el papel de Spinetta. Perdimos el frío blanco y el miedo oscuro a la muerte y nos quedamos con la luna de García Lorca. Sólo quedó el aspecto expresivo de la relación y en medio perdimos la comprensión del significado.

No quiero proponer que los humanos somos incapaces de abstraer, casi todo lo contrario. No se puede limitar la comprensión y el conocimiento a la experiencia física, concreta. Lo que quiero decir es que de tanto abstraer, perdimos significados básicos. Sólo por dar un ejemplo. La palabra nunca, o siempre. Guardan en si el poder de lo universal y permanente. ¿Quién pudiera utilizarlas apropiadamente en esta vida inestable y finita?, ¿quién puede decir, sin incurrir en el error o la mentira, de algo que es para siempre?

Si en verdad pudiéramos sentir literalmente lo que decimos, entonces el lenguaje perdería todo su encanto y nosotros nos volveríamos locos de tanto sentir. Es parecido a decir que las palabras no alcanzan para expresar las emociones. Sospecho que en realidad estamos tan acostumbrados a lo abstracto, al habla figurada que ya no entendemos realmente lo que las palabras evocan y por ello estas no nos alcanzan.

Los insuficientes somos nosotros.

Ellas son objetos infinitos manejados por seres finitos.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Insomnio, Derechos y el lugar de los desharrapados, de Néstor Mendoza

INSOMNIO, DERECHOS Y EL LUGAR DE LOS DESARRAPADOS.

A Raúl Dargoltz, que luchó y lucha con fiereza.

I

Me invitan a decir algo. Hay que presentar un libro. Un libro, y algo tengo que decir. El título me gusta. Me gusta y me interesa. Me importa. “Que Universidad necesitan los pueblos”, las compiladoras: Irma Antognazzi y Nilda Ramos, recogen ponencias de las Jornadas realizadas en Córdoba el año pasado, a propósito de los 90 años de la REFORMA UNIVERSITARIA de 1.918. Nada menos. Vuelvo a mirar en mi biblioteca, no encuentro nada parecido, hace falta pensar digo. Pensar en la Universidad como una necesidad de nuestros pueblos. Además me interesa también que pertenecen a un grupo de trabajo: HACER LA HISTORIA.

Algo debo decir, algo debo pensar. Cavilo, doy vueltas. Un grupo que tiene quince años; y que es eso de ¿grupo? Cuando todavía resuenan los dogmas de los 90, que se proponían lo individual como mecanismo de inserción, sï, claro, en el mercado. Grupo, colectivo, Juntadas, allegamientos. Pero no solo grupo, dice trabajo. Grupo de trabajo. Trabajo es lo que nos faltaba y sigue en gran medida ausente. Y ya me va gustando más.

Y no solo eso, se llaman HACER LA HISTORIA. Me detengo ahí, la historia se hace; ¿que quiere decir esto? ¿Querrá decir que yo, uds., todos nosotros somos protagonistas? Que ahora mismo estamos haciendo algo, produciendo. Hacer, me digo, es moverse, es mirar moviéndose. Aquí y ahora. Nos acostumbraron a pensar la historia como un cuadro congelado, el desfile de héroes , fechas de batalla, nombres instalados por un puñado de gentes que se han arrogado el derecho a definir quienes eran dignos de entrar en la galería de hombres importantes.¿ Y los otros? Alguien sabe cuantos cayeron en las jornadas de diciembre de 2001. Los nombres de ellos.¿ Importan los nombres? Dice Walter Benjamín: “Sólo a través de la esencia lingüística de las cosas llega el hombre desde sí mismo al conocimiento de estas: en el nombre”[1] Los nombres de los que pusieron el cuerpo para terminar con políticas de entrega, de relaciones carnales, de servilismo al Imperio; otra que tristes peones del Imperio hemos tenido. Y solo quedan números: 30.000 por ejemplo. Desaparecidos, entes; no están, son muchos NN. Los no nombrados. Esfumados. Políticas del ninguneo. Vacíos y huecos. Perversiones y sadismos, me digo. Políticas del terror, economías del terror. Hacer, me remite inmediatamente a la tesis XI sobre Feuerbach, de Marx. ¿La recuerdan? “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Cambiemos filósofos por historiadores o sociólogos si quieren. Me van a decir: “ah, pero eso ya lo sabemos”, ¿basta con eso? ¿Es suficiente? Saber no alcanza, saber haciendo o hacer sabiendo, conjeturo, es una posible respuesta. No es que se nieguen las interpretaciones, pero la invitación a la praxis, a la actuación, al hacer; es lo que nos va a dar un conocimiento más amplio de eso que llaman realidad. Hacer es transformar. Nos habían acostumbrado, algunos por acción directa, otros por omisión; a resignarnos al fin de la historia, ese mito burdo. Ese escándalo, sin argumento, ni sustento científico. Y sin embargo se mueve.

II

Un libro es una herramienta, sirve en tanto obliga a pensar, si nos moviliza; si nos interpela o nos deja con preguntas, si instiga a la crítica. Este es uno de ellos. Un recorrido que no se contenta con meros textos de historias, sino que se amplía con un contexto, un presente que nos obliga a pensar y repensar y, por supuesto y; sobre todo a actuar. ¿Pero como reseñar toda la información contenida en el libro? Ponencias y discusiones de autores de distintas proveniencias: los hay Argentinos, Uruguayos, Brasileños, Venezolanos, Chilenos etc. Temáticas y discursos variados. Es que tengo la impresión que lo de la Universidad es apenas un pretexto. En verdad, se trata de poner en discusión la realidad de Nuestra América, nuestros pueblos. Algo se mueve por estos lados. Acabo de leer una entrevista que afirma: “América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo, dice Noam Chomsky. Hay aquí una resistencia real al imperio; no existen muchas regiones de las que pueda afirmarse lo mismo”.[2] No es casual entonces que el panel 1 lleve la denominación de “América Latina y el Caribe. Pueblo e imperialismo”, con disertaciones de Venezolanos, Nicaragüenses, Chilenos, Mexicanos y Brasileños. Aparecen textos que dan cuenta de los avatares de la revolución bolivariana, el caso de Nicaragua, las contingencias de México, Bolivia y la Argentina. O las palabras de Homenaje al Dr. Alberto Pla, científico, pensador y militante. Y que de acuerdo a lo dicho por Guillermo Almeyra “…siguió siendo, hasta el fin de sus días, socialista militante, marxista consecuente, defensor de los principales aportes teóricos de León Trotsky”. O las sabias palabras del catalán Josep Fontana que se pregunta ¿para que sirve la historia? Y nos ilustra diciendo: “El papel de quienes enseñamos historia en la tarea de ayudar a que los alumnos desarrollen una conciencia crítica es mucho más importante de lo que habitualmente pensamos.” Y citando a Marc Bloch, que caería asesinado a manos de la GESTAPO, quien dijo: “formarse una idea clara de las necesidades sociales y esforzarse en difundirla significa introducir un grano de levadura en la mentalidad común; darse una oportunidad de modificarla un poco y, como consecuencia de ello, inclinar de algún modo el curso de los acontecimientos, que están regidos en última instancia, por la psicología de los hombres”.

Estoy haciendo algo que no me gusta. Recurrir a mucha cita. Va a ser imposible contar todo. Me entusiasma ver que el panel 2 es Universidad y sociedad en América Latina, y el 3 “Arte y política. Arte y sociedad. Medios y sociedad. Medios de comunicación masiva y poder”. Que la mesa redonda sea sobre: “Aportes al conocimiento científico para resolver los problemas sociales”. Me agrada el trabajo de los brasileños, rehabilitan el pensamiento de Mariátegui y recurren a Gramsci con el tema de la Hegemonía y el poder. O que Antognazzi pinte un cuadro muy preciso de la situación de las universidades y sus ligazones con el poder financiero. Cito: “Las políticas impuestas por el poder financiero para las Universidades Públicas y que ya se están aplicando en gran medida en Argentina, no son meras cuestiones administrativas o presupuestarias sino académicas, políticas e ideológicas. Es imprescindible pensar el problema no sólo en términos costo-beneficio”. Contundente.

Me agrada el trabajo de Redondo: “Escritores e Intelectuales en la Política: Argentina 1970”. Describe y analiza la tensión entre la escritura y la militancia, el trabajo intelectual y la acción en Haroldo Conti, Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Julio Córtazar.

De alguna manera se juntan la historia, la sociología, la antropología, el arte, la literatura y la política. En época de superespecializaciones, encontrar aunados estos campos es un buen síntoma. No se trata de compartimentos separados y estancos. Los mejores pensadores supieron reunir todos estos registros, pienso. Si Uds. tuvieran que colocar en un estante de la biblioteca a Marx por ejemplo ¿donde lo ubicarían? ¿En la sección economía? ¿Sociología? ¿Filosofía? ¿Política?

Va a ser imposible contar todo. En todo caso creo que es una lectura que moviliza. Y yo los invito a leer. Me agrada que las Jornadas terminaran con una visita al Centro de Detención Clandestino de La Perla. Necesitamos seguir hurgando e investigando sobre nuestro pasado más o menos reciente. Reclamar por más Justicia. Me desagrada saber que FONDO NACIONAL DE CIENCIA Y TÉCNICA (FONCYT) no accediera al pedido de subsidio para la realización de las Jornadas “por no cumplir con los requisitos de reunión científica”. Es una barbaridad. Sencillamente.

III

Un grupo de compañeros de esta Universidad pertenecientes también al grupo de voluntariado tuvo la suerte de participar de las Jornadas que están impresas en este libro. Yo no pude, cuanto los envidio. Me desvelan estas cosas. Estamos en camino al bicentenario. Y la coyuntura es, creo, bastante favorable, en vista de la gran Crisis que se ha desatado en el corazón del Imperio, más grave y generalizada que la del 29. Y por estos lados se escuchan rumores de socialismo. Hay gobiernos progresivos: Ahí están Evo Morales, Chávez, Correa y Cuba aún de pie. Algunos dirán que son burgueses nacionalistas, reformistas, populistas, NAC & POP. Pero si no entendemos que no son Fujimori, Menem, Collor de Mello; estamos en verdad, perdidos. Porque en última instancia no habrá Universidad del Pueblo si no cambian nuestros gobiernos, si no se redistribuye la riqueza, si no se tocan los resortes importantes de las estructuras de nuestros países. Nos dirán soñadores, esa forma peyorativa de decir: “Son unos tarados, tienen mucho pajarito en la cabeza, pajarones!!”. Entonces le doy vueltas al término, y entiendo que la operación semántica implica esa noción de idiotez, bobería; tal como el término utopía. Entonces no diré “el sueño Bolivariano”, pienso en el Insomnio de Bolívar; un título que leí en una librería del centro, pero que no compré porque me echaron con el precio. Pero eso del insomnio, dice de un desvelo, de una preocupación, de un estar metido hasta el tuétano con un tema, en este caso la unidad de Nuestra América, la independencia. La libertad. Política, económica y social.

El insomnio es cómo construir una Patria Grande, como hacer que esos derechos formalmente escritos tomen encarnadura real, porque legalmente todos tenemos, por ejemplo, el derecho a una educación Superior, a concurrir a una Universidad. Pero en los hechos, las coacciones económicas, las miserias y las estrecheces hacen que esto sea irreal. La universidad es como la isla de la Fantasía. Todos tenemos derechos pero no veo aquí mucha cara de campesino o de muchachos de barrios orilleros. Y es un desvelo y una preocupación. Soy consciente que son muchos los que así piensan pero a que negarlo, también son muchos los que no se interesan ni se molestan por estas injusticias. Conflictos de clase. Conciencia de clase.

IV

Para finalizar y siendo coherente con lo antedicho, haré alguna referencia a cosas que se están gestando por estos días, si es que esto de la historia es un instrumento para mejor ver el presente. Se está discutiendo la nueva ley de radiodifusión. Con un debate engorroso y poco claro, donde no se termina de entender, al menos en mi caso, cuales son los puntos centrales que se modifican, a quienes beneficia etc. Lo que si es evidente es que no podemos seguir rigiéndonos con una normativa de la última dictadura y que si los grandes monopolios ladran es que no debe ser del todo mala. Pero hay mucho ruido en la comunicación. Entonces se pregunta uno, y que van a hacer las autoridades de esta Universidad con la radio y el canal de televisión. ¿Para que están? ¿A quienes sirve?

Y que diremos de los conflictos que se suceden, en este mismo instante en las localidades del campo santiagueño? En Pozo del Castaño o Puesto del Medio por ejemplo. Donde siguen los actos de violencia, con guardias blancas, Empresarios de la Soja con sus topadoras echando a los dueños de la tierra, inmemoriales poseedores: los campesinos santiagueños.

Y por último, la situación en la que están envueltas ciertas Universidades, incluidas esta con el tema de la Alumbrera. Por ahora hay una propuesta de donación de 7 PC y 4 impresoras por parte de la Empresa, está resolución pasó a la comisión de Presupuestos del HCS, la comisión dictaminó a favor de recibir la donación y destinarla a la carrera de minería. Este despacho de la Comisión se votará en la próxima reunión del Consejo Superior. De hecho cinco universidades nacionales rechazaron los fondos de la Alumbrera en encuentro organizado por la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba este último 8 de septiembre. Estuvieron presentes representantes de la UBA, Universidad de Entre Ríos, Universidad Nacional de Salta, Universidad Nacional San Juan Bosco y la UNC. En el punto 1 del documento las facultades y unidades académicas se solidarizan "con todas las comunidades que sufren los efectos negativos de Minera Alumbrera Limited en Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero". Su punto 3 en tanto denuncia que "al clientelismo de gobierno y al clientelismo de empresa se ha agregado el clientelismo de universidad favorecido por la aceptación de los recursos aportados por YMAD-Alumbrera". Y de acuerdo con lo publicado por la revista EL VEGETARIANO, esta Universidad, entre otras, ha recibido la suma de 1.049.895 pesos.

No es esta precisamente la Universidad que necesitan nuestros pueblos. No puede regalarse la salud, el medio ambiente y los recursos de nuestra gente a cambio de monedas. No es ético, es inadmisible. Esperemos que nuestras autoridades revean esta situación. Los invitamos a hacerlo. Y hago finalmente mías las palabras del premio Nobel alternativo Martín Almada, Paraguayo él: “ se trata de despertar a los dormidos y movilizar a los despiertos”.Muchas gracias.



[1] Benjamín, Walter: “Sobre el programa de la filosofía futura”( Pág. 143). Planeta Agostini. 1986.

[2] Entrevista realizada por LA JORNADA, México. En, http://www.cubadebate.cu/especiales/2009/09/21.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Leónidas Lamborghini: eterno aprendiz de brujo

por Andrés Navarro

El poeta roto. El leguaje obnubilándolo insistiendo en sus acometidas. El poeta roto por esa insistencia de las palabras que lo habitan. El lenguaje, presa que apresa en el redil de la hoja.

El muñón del poeta. Espacio perdido del cuerpo, del cuerpo perdido que aún vibra. El muñón del poeta que extiende un llamado imposible. Imposible instrumento que se des-compone: el lenguaje roto.

Escribir del poeta roto. El juego de un juego que ya se está jugando; escribir de eso. Juego del poeta que es una palabra entre otras.

El poeta-palabra. El vagabundeo de un loco que salta de su mente y corre en un desierto infinito. La palabra-poeta que huye, no se sabe de qué.

La palabra-angustia. La palabra que se pierde a sí misma en un Caos eterno. La angustia que soporta la esperanza de una luz. La hoja de papel; esa luz.

Esa luz no ilumina el Todo. Hay palabras que nunca vuelven.

El poeta-oído. El oído del poeta atendiendo la llegada de las palabras. El lenguaje roto insistiendo. Las palabras y sus brujerías.

El poeta: eterno aprendiz de brujo. Quisiera ser Dios, quisiera ser la luz del Todo. El poeta roto. La conciencia de no ser más que aprendiz. La conciencia de que el lenguaje se le escapa siempre de las manos. La conciencia de que es imposible graduarse en esa magia.

El disimulo-poeta. El lugar de escucha y espera. La calma aparente de un deseo de recibir a las palabras. Las palabras y sus hechizos.

El susurro, la sugerencia prometedora, las voces imprecisas. La palabra-balbuceo: imperioso desorden que da vida. El poeta-escuchante de esas voces que lo rondan. Voces anteriores que susurran sus balidos tempranos e insisten hasta convertirse en palabra.

El disimulo-palabra. Las palabras que hacen como si. El poeta-paciente que deja que se acomoden solas, que no las fuerza. Pero la palabra también disimula. El poeta-baqueano ha de volverse hábil; artesano del lenguaje que se rompe.

El afán de combinatoria. La palabra paciencia del escucha y escribiente que entiende que pueden pasar años hasta que entienda. El poeta combina. Las palabras también bardean. El lenguaje que se rompe es una herramienta.

El poeta-gauchesca. El homenaje a los creadores de nueva lindura. Esa risa; risa oblicua. La caricatura. El ojo al poder. Esa resistencia.


II

La palabra-oveja. La intención de la palabra de jugarse el mundo, de crear su mundo, de entretejerse. La palabra-oveja que es oveja y es palabra porque puede serlo.

El temblor de vivir. La unión entre el principio y el final; la distancia insalvable entre ambos.

La simulación-palabra. No es hasta que es. Insiste en ser. El emulo-poeta insiste en esa palabra. La palabra de un modelo que se destruye. El lenguaje roto. El poeta roto insiste en esa palabra-tangente. Tangente-palabra de un modelo roto, reescrito, nuevo.

III

Papel-espacio neutro. Límite sin límites. El Caos original donde las palabras quieren morir pero no mueren; gritan, berrean, se retoban. Quieren romper el papel, pero no lo hacen. Papel-cárcel maldita.

El poeta-lobo. Las palabras perciben eso. Su lobo esconde, oculta para calmarlas. El poeta roto se inclina ante ellas para burlare sus sospechas. El lobo-poeta insiste en liberarlas del susto y seguir en el rodeo.

El poeta hurta. La palabra-oveja es esquilada. Ese dorado vellón es el elemento del poeta roto. El lenguaje fragmentado, roto, hecho vellón.

La palabra fracaso; estética del poeta. Hay un temor a no poder que se repite en cada faena. Ese temor es un borde que frena, pero anuda. El poeta-borde; ese desafío de toda la vida. Esa nada en permanente acechanza.

El poeta ladino. Ingenio para enfrentar ese temor. Si gana o pierde, no le interesa. El erotismo del juego es no saber bien cómo venía la mano. El poeta ladino en el umbral donde se palpita el juego; su deseo.

La ex-sistencia del poeta. La insistencia de las palabras que rompen el lenguaje, que rompen el poeta.

El poeta-inquietud: loco deseante.

Su deseo en el deseo de las palabras. El mismo fuego; lenguaje roto que se rompe. Al fin comienza a entenderlo: el poeta-instrumento de su instrumento.

El poeta-partida. El juego en su desarrollo. El final del juego. El comienzo del juego. La palabra ambigua.

El silencio-poeta. Esa nada que vive dentro de él y entre las palabras; eso indecible.

El fin del simulacro. La muerte. La vida en la escritura.

lunes, 27 de octubre de 2008

“Los suplementos literarios de los diarios están en las páginas policiales”





Entrevista. Osvaldo Aguirre, periodista. Por Esteban Brizuela


“Hace quince años, cuando comencé a trabajar como periodista fijo en un diario, creí alcanzar la situación ideal para un escritor”, dijo Osvaldo Aguirre en una conferencia el año pasado. El diario en cuestión era La Capital de Rosario y el periodista que hizo aquella confesión es no sólo un excelente cronista de policiales sino también un reconocido poeta y novelista.

Aguirre ha dejado la sección de policiales, en la que estuvo durante mucho tiempo. Actualmente dirige el suplemento cultural Señales, que aparece todos los domingos junto al mencionado matutino.

Vino a Santiago del Estero para dar un curso en la UCSE sobre periodismo cultural. En el intervalo de una de sus clases, dialogó con este medio sobre sus comienzos en esta profesión. También habló de los suplementos culturales, y de los encuentros y desencuentros entre la universidad, el periodismo cultural y la industria editorial.

Después de recibirte de licenciado en Letras, ¿se te planteó una disyuntiva entre seguir inmerso en la academia o salir de ahí y trabajar en otra cosa, como finalmente lo hiciste?

Sí, bueno, se me planteó el problema laboral. Yo era docente y profesor pero rápidamente vi que no había muchas expectativas y ahí empecé a trabajar como notero, no haciendo periodismo cultural. Poco después me llamaron del diario La Capital, ahí comencé en la sección de policiales. Para mí fue un descubrimiento maravilloso.

Ir a la sección policiales, ¿fue una imposición o una elección?

Me destinaron ahí porque yo publicaba en una revista local, de distribución gratuita, unos pequeños cuentos policiales en base a notas de los diarios. Yo recreaba los casos y los contaba como una especie de cuento, y eso fue lo que les interesó. Justamente, en ese momento, la sección policiales era malísima, tenía muy malos periodistas, estaba muy desprestigiada en el ámbito periodístico y de los lectores.

Decías que el trabajo en el diario había sido un “descubrimiento maravilloso”. ¿Por qué?

Para mí fue un descubrimiento, porque yo había leído mucha literatura policial: había leído a Rodolfo Walsh y la novela negra. Entonces, entrar ahí fue un descubrimiento del mundo, porque las noticias policiales te sacan del centro de la ciudad, te llevan a los márgenes en todo sentido. Fue también un aprendizaje y una experiencia muy interesante, pero también con su contraparte. Qué se yo, el trato con la policía es una cuestión agotadora, que finalmente a mí se me hizo insoportable en algún momento. Y también obviamente con el propio diario, porque vos en un diario tenés que confrontar, porque tus ideas no son necesariamente las del diario ni las del jefe con el que trabajás. Hubo coberturas de notas que me dejaron muy mal, pero bueno, también eso era un aprendizaje.

¿Algún caso que recuerdes?

Siempre recuerdo el caso de una nota que hice sobre un caso de gatillo fácil que ocurrió en Rosario; era claramente un episodio que involucraba a la policía y la indicación del diario fue de alguna manera torcer los hechos, no dejar tan mal a la policía. Pero bueno, son cosas que hacen al oficio. En comparación con eso, el trabajo en periodismo cultural es mucho más libre, o sea, raramente te hacen indicaciones, y cuando te las hacen son malas. Tampoco me puedo quejar porque en el diario donde trabajo me han dado libertad para trabajar en el suplemento, me han dado la posibilidad de hacer un suplemento como a mí me parecía, y estoy contento con eso.

¿El periodismo, además de un medio de vida, se convirtió en una pasión?

Aguirre: Sí, obviamente. Yo he sido un lector de diarios desde chico, por una cuestión familiar. Mis padres eran lectores de diarios, todos los días en mi casa se compraba el diario. Es algo que me gusta, me gusta el diario en papel. Creo que me gusta el periodismo por esta cuestión de contacto con la gente, este descubrimiento del mundo que hice como cronista policial, de ir a lugares de la ciudad que ni siquiera me imaginaba que existían. De hablar con gente, de escucharla, de descubrir historias. De ahí es que yo pienso que los suplementos literarios de los diarios no están en las páginas de cultura sino en las páginas policiales. Te encontrás con historias que vos decís “esto es una novela”, pero son verdaderas.

¿Cómo hacer para vender en un titular o en la tapa de un diario una nota de policiales sin caer en el morbo o en el amarillismo?

Es todo un problema. Justamente lo que pasa en el periodismo, es que el lenguaje periodístico tiene dos aspectos: uno negativo y uno positivo. Me parece que el positivo, sobre todo cuando uno viene de una formación muy especializada como puede ser la de letras, es que te puede ayudar a liberarte un poco y a mejorar el lenguaje, a usar un lenguaje preciso. Pero la contraparte es que el periodismo se maneja con estereotipos. El periodismo continuamente está acuñando estereotipos, un poco por una regla básica del discurso periodístico que apunta al reconocimiento inmediato por parte del lector. La tapa de un diario tiene que ser de reconocimiento claro, instantáneo, el lector no se puede quedar pensando qué quiere decir esto. Entonces, por eso es que se acuñan expresiones tipo “robo del siglo”. Si uno hace historia no sabe cuál fue el verdadero robo de siglo.

O lo mismo sucede con “Pepita la pistolera”, como lo contabas en una conferencia el año pasado: a cualquier mina que asalta con un revolver en la mano le llaman así.

Claro, los estereotipos funcionan en ese sentido. El discurso se transforma en una sucesión de estereotipos y ahí uno ya no está diciendo nada. Por supuesto, hay una retorica y una visión dominante de los hechos policiales, que me parece que hay que poner un poco en cuestión. Creo que uno de las transformaciones que se ha dado en el relato policial en los últimos años, es que la llamada prensa seria ha adoptado una retórica sensacionalista. Hoy lo vemos en la comunicación del delito y en el tipo de notas que se hacen. Toda esta cuestión de “la ola de inseguridad”.

Creo que hay que ser muy cuidadosos y me parece que la cuestión es preguntarse cómo se tratan estos sucesos. Obviamente, si ocurre un secuestro extorsivo hay que tratarlo, pero hay que ofrecerle la mayor cantidad posible de elementos al lector. No apostar a la indignación del lector, porque el correlato de todas estas visiones estereotipadas son estos discursos de la mano dura y el pedido de que “hay que matarlos a todos”. Me parece que hay que apuntar a otra cosa, qué se yo, tratar de hacer análisis, tratar de contextualizar los sucesos, ver qué antecedentes tuvo esta historia criminal; también tender a la reflexión.

Y no poner el micrófono a la esposa del tipo al que lo acaban de asesinar, por ejemplo

Sí, porque ¿qué puede decir una persona desde el dolor terrible? No puede reflexionar con tranquilidad y uno no se lo puede exigir tampoco. Obviamente hay una demanda de justicia y de reparación que obviamente debe ser atendida, pero a la vez no podemos retroceder a una cuestión primitiva, bárbara, de una justicia por mano propia y de los linchamientos. Me parece que eso no va a ayudar en nada a la sociedad.

Argentina es uno de los países latinoamericanos con mayor cantidad de suplementos y revistas culturales. Con este panorama y teniendo en cuenta tu rol de director de Señales, ¿qué suplementos y revistas te interesan dentro de este amplio abanico de publicaciones?

En particular, yo me interrogo sobre mi rol en el diario en el que trabajo. Pensando que es un diario que sale en Rosario, en el interior del país, o sea que no es un medio de Buenos Aires. Yo siempre pienso que el lector del suplemento es un lector preocupado por la información cultural, y que muy probablemente lea los suplementos y las revistas que se hacen en Buenos Aires: ADN, Ñ, Perfil, que son suplementos que tienen más espacio…

Y más dinero…

Claro, más presupuesto y muchos más recursos. En definitiva, lo que yo hago no puede competir de ninguna manera con eso medios. Si sale un libro de Ricardo Pigllia en Buenos Aires, siempre va a salir mejor en Ñ o ADN, porque Piglia les va a dar la entrevista a ellos, porque la editorial les va a dar un adelanto del libro a ellos. Entonces, ¿qué tipo de trabajo puedo hacer yo? Justamente, tengo que atender a aquello que esos medios dejan de lado, que es la realidad cultural que tengo más cerca, la de la producción cultural con sede en Rosario y en la provincia de Santa Fe, o en la producción de provincias vecinas. Me parece que se trata de atender a eso y valorizar y redescubrir ese conjunto de temas y personajes que no aparecen en los medios y que tradicionalmente, por lo menos en los medios rosarinos, no se les había dado importancia. O sea, ahí está el plus que puede tener el suplemento. Por supuesto, también hacemos notas y entrevistas que tienen que ver con cosas que ocurren en Buenos Aires, porque a los lectores de Rosario, como a los de cualquier parte del país, les interesa lo que pasa en Buenos Aires.

En el marco del periodismo cultural hay distintas tradiciones. La tradición que más me interesa es la que viene de grande periodistas como (Homero) Alsina Thevenet, Jorge Rivera, bueno, Rivera ha reflexionado sobre el tema del periodismo cultural.

Ha compilado un libro muy interesante: “El periodismo cultural”

El tiene dos libros: “El periodismo cultural” y “El escritor y la industria cultural”. También escribió muchos artículos de divulgación en la colección de historia de la literatura argentina del Centro Editor de América Latina.

Entonces, ¿qué periodismo cultural te interesa?

Me interesa un periodismo amplio en su temario, inquieto, curioso, que apuesta a ampliar los intereses de los lectores, que no se queda en la cuestión de lo que los lectores ya conocen, que apuesta a la lectura. Esto de que hay editores que parecen que se dirigen a lectores que no leen, ¡y no!, uno tiene que apostar a la lectura.

¿Cuáles son las carencias más notables que vos percibes dentro del periodismo cultural en Argentina?

Yo creo que las carencias pueden estar en lo que se define como objeto de nota. Por ahí hay cosas que no aparecen o que tardan en aparecer. También lo que te diría es carencias en los propios periodistas. El tema de la formación de los periodistas culturales es todo un problema. Uno lo que encuentra son escritores que hacen periodismo, o bueno, también periodistas eventualmente. Lo que decíamos en el curso es que hay una especie de tensión entre lo periodístico y lo cultural. Lo que pasa es que a veces se abordan sucesos o temas ya con una visión establecida. Qué se yo, uno llega a la cultura santiagueña y cree que la cultura santiagueña es el folklore. Me parece que justamente lo bueno es tratar de despejar eso. Cuando uno escribe literatura, se dice que a la primera frase hay que dejarla de lado. Bueno, en el periodismo cultural, a la primera idea habría que dejarla de lado.

Hace poco salió en Ñ una tapa sobre “la literatura neoperonista”. También algunos críticos hablan de literatura kirchnerista. Por otro lado, el editor del suplemento Cultural de Perfil se quejaba de que algunos escritores señalaban que dicho suplemento representaba a la derecha literaria ¿Qué te parecen este tipo de discusiones? ¿Crees que están bien planteadas?

Lo de Ñ y la literatura neoperonista, me queda la duda de hasta donde Ñ está registrando una tendencia objetiva que existe o hasta dónde es una interpretación o un invento de Ñ. De todas maneras, no estaría mal si fuera un invento de Ñ, porque una perspectiva interesante del periodismo cultural es adelantarse. O sea, puede delatar una actitud atenta. Yo no estoy embebido en el tema, pero en todo caso lo analizaría.

En el caso de Perfil, lo que uno puede ver es cómo funciona el periodismo cultural en sintonía o en desacuerdo con otros actores como la industria editorial y la universidad. Por ejemplo, dentro del periodismo cultural y la universidad, uno puede ver que hay cortocircuitos, básicamente en cuanto a qué escritores son los que se valora, qué escritores forman parte del canon. No vamos a encontrar la misma respuesta en la universidad que en los suplementos. Podemos encontrar más cercanía entre el periodismo cultural y la industria editorial. ¿Por qué? Porque la industria editorial está operando sobre el periodismo, es decir, si sale un libro te va llamar la encargada de prensa de la editorial para hacer una nota y para darle difusión.

Entonces, tenemos una serie de fenómenos de la industria editorial de los últimos años, como la nueva narrativa argentina y el auge de la crónica. Lo que uno puede ver es que esos fenómenos editoriales se han producido justamente en sintonía con el periodismo cultural. Eso ha ocurrido hace unos años y hoy uno puede hacer una reflexión sobre esos fenómenos. Hasta dónde existieron realmente o hasta dónde fueron una operación, como se hacen en otros ámbitos del periodismo. Hoy uno puede ver que con la crónica, bueno, no pasó nada.

¿Por qué “no pasó nada”?

Porque los diarios y las revistas siguen sin publicar crónicas. La publicación de crónicas en los medios argentinos es muy aislada. Acaba de salir un libro de Leila Guerriero (“Frutos extraños”), que es un libro de crónicas, y la mayoría de esas crónicas fueron publicadas en el extranjero, porque aquí no hay espacios para eso.

Por otro lado, el tema de la nueva narrativa argentina, se han publicado muchas antologías. Y lo que uno puede ver es que hay autores interesantes, pero hay mucha hojarasca. Y de ahí a pensar que hay un nuevo canon de la literatura argentina hay una distancia considerable.

Por último, ¿cuál es la mejor crónica que escribiste?

Bueno, por ahí la ultima, que fue un libro, “La conexión latina”, que es una crónica sobre un grupo de franceses que traficaron heroína, que se establecieron en Argentina y querían hacer un triángulo Francia-Argentina-Estados Unidos en los años sesenta y setenta. Me gustó mucho la investigación, que es lo que más me gusta: entrar en movimiento, empezás a ver gente, los abogados, los familiares de los acusados. Todo ese movimiento, viajar, es algo muy lindo.

Después, una de las primeras que hice y me impactó mucho fue una entrevista que le hice a un hombre que había sido integrante de la Prefectura, y que estaba preso porque había asesinado a su madre. Lo fui a ver a la cárcel y lo que me dejó asombrado era cómo él relataba el crimen, cómo lo contaba. Y era algo que no podía publicar en un diario, lo que hice después fue un relato que salió en un libro.

Ahí lo que se me apareció fue algo muy importante en el periodismo, que es la cuestión de escuchar. Me parece que el periodista es alguien que debe escuchar, y justamente ese es el problema: lo que veo es periodistas que no escuchan nada o que escuchan lo que ya tienen en la cabeza.