miércoles, 31 de marzo de 2010

"Gritá cuando te quemes": Charles Bukowski por Maximiliano Jozami.


LA JETA LITERARIA: ESPACIO ROTATIVO DE APRECIACIÓN ARTÍSTICA. En construcción permanente.
Ciclo Jetón 2010.
Vuelven los sábados Jetones. Cada 15 días en Biblioteca 9 de Julio a partir de las 16 hs.
La previa del domingo de Pascuas la hacemos con Bukowski, presentado por Maxi Jozami.
Están todos invitados a participar. Si desean presentar algo, música, cine, historieta, literatura, teatro... envíen mensaje a nuestra casilla de correo o grupo en Facebook. Las fechas para este ciclo son:
  • 03 de Abril - Grita si te quemas (Bukowski por Maxi Jozami).
  • 17 de Abril - Julio Carreras, presentado por Juan Manuel Aragón.
Fechas disponibles:
  • 08 de Mayo.
  • 22 de Mayo.
  • 05 de Junio.
  • 19 de Junio.
  • 03 de Julio.
  • 17 de Julio.
  • 31 de Julio.
  • 14 de Agosto.
  • 28 de Agosto.
  • 11 de Septiembre.
  • 25 de Septiembre.
  • 09 de Octubre.
  • 23 de Octubre.
  • 06 de Noviembre.
  • 20 de Noviembre.
  • 04 de Diciembre.
  • 18 de Diciembre.

domingo, 28 de marzo de 2010

El odio - Cristian Zani

Sabemos que el odio
es el peor enemigo del hombre
entre tantos que tiene.
Pero no hay que negar que a veces
nos amigamos con él,
sin darnos cuenta
se asoma en el rencor
o confundido en la desmemoria
de la indulgencia practicada
atiborrando la razón que nos permite;
mirar hacia el otro costado
equilibrando su mandato
en el por que de cambiar la cara
con los que peleamos a trompadas y puteadas,
sin querer saludarnos
o provocando la desgana
de pasar como si nada
pensando artimañas homicidas.
Sucede que su tinta inflama
Manchándonos el alma
el poder de lastimarnos
con una especie de justicia instantánea
el enojo lo absorbe
pero es la primera bocanada
que quien sabe cuánto tarda en alimentarnos el vicio,
o la virtud de querer matar
a los adulones que se jactan de su maldad
o los que les gusta el maltrato
o los violadores que deberían ser violados
eternamente por sus propias pelotas
tragando espeso semen amargo
o los que tiene que pagar desapariciones
o a los que le da lo mismo los asesinatos
que un cumpleaños
o los políticos que viven cómodamente en su paraíso,
o los que critican y no hacen nada por el cambio.
o los que se pierden en una filosofía de vida satisfecha.
Hay días que en el prójimo se reconoce.
queriendo unirse y sangrar nuestro cuerpo
para penetrarse en si mismo,
deberíamos dejar que no se nos acerque su idiosincrasia?
pero quien detiene el paso de las horas
y dispersa el viento con un soplido?

sábado, 27 de marzo de 2010

Carta - Maximiliano Jozami

Querido hermano Manuel
hoy el pan del desayuno
lo comí pensando en vos.
Hace días te llamé
y estabas tan lejos
no sólo en Tucumán
sino que hablabas de estoicos
Leibniz, mónadas
y Spinoza.
Te hiciste el perdido
y no mencionaste
a Wajda ni a la Ekberg
salvo que te habían robado la cámara
Pero esta mañana
me di cuenta
que los golpes nos mandan
cada vez más cerca
del mismo rincón.

Compartimos más
que las ojeras
una carga
como un yunque
atado al alma
esta mañana
me di cuenta
que la muerte
no es un cuadro;
es el montaje
de esta vida
duelo estéril.
Lo sabías
viejo choto
desde que tus padres
iraníes
te entregaron
en Tucumán.
Has vivido
tanto tiempo
con la puta
al lado
y los dos
sabemos
que no te has acostumbrado
que te espanta
como manchas blancas
por las noches
y que aúllas
a ver si se escapa
a ver si olvidas
a la
que te dejó
por un pigmeo
hecho de clichés
a ver si vuelve
aquel amigo
que subió a un colectivo
y no bajó más
aquellos días
cuando el Capital
no sabía de sutilezas.

No sé si te conté
pero estuve acompañado
en la Fontana
y en el túnel
de Ladrón de Bicicletas
Via Veneto
Piazza Vittorio
y la terminal
donde Pier Paolo
se embarcó
tras su última mamada.

Pero esa mujer
se ha ido
Y ahora mi sombra
es más profunda
que una daga.

jueves, 25 de marzo de 2010

Plagiaria: una pálida 90/60/90 - Andrés Navarro.


Soy una perra,
a pesar de Hegel.
Alejandra Pizarnik.
Todo,
ajenjo y todo;
y sin embargo…
en el cordón cuneta de la palabra
se ha adormecido un choborra
por hacerse el maestro.
La lluvia,
los olores,
los frascos de mayonesa,
todo,
derramóse en el vestido:
era una broma,
un truco,
un solo chasco entre las manos.
Era un ciego en la heladería,
pidió sandía con Isenbeck,
todo se lo llevó puesto.
Y sin embargo,
aquí tamos:
sin almohadas,
sin sueño rem,
sin esparpajos,
despanzándonos de risa de la plagiaria
con trapos y canastos surtidos
y.

lunes, 22 de marzo de 2010

El estar... - Mauricio Rey

La férrea voluntad de los hombres ha transformado el mundo
la estupidez gana terreno
la guerra y las "revoluciones" lo vuelven una bestia.
El amor es un invento
una manera de estar presentes
más allá del tiempo:
Otra ficción
recuerda nuestra brevedad
una y la misma ciudad
en el sueño y la realidad
los hechos se presentan
se los genera
se desespera
se desarma el hombre
vive y dice que es feliz
(a su modo).

domingo, 21 de marzo de 2010


HAY PICANA





En la cara de la niña que está parada en la esquina. En la del tipo que la levanta en su 4x4. En el pelo sucio y atado con trapitos, muy cerca del semáforo. En la ausencia de pan en la familia del barrio. En la caída del hachero de Ahí Veremos que palma durante un partido de fútbol, mientras la palabra CHAGAS se dibuja en el cielo. En la avioneta que riega glifosato, en la topadora que arranca sueños, en la gasa que no hay en los hospitales. En el maltrato a la empleada doméstica. En el cansancio del obrero de la construcción. En el libro de poesía que el mecánico no leyó. En el grito autoritario del Patrón. En la timba del usurero. En la violación sistemática del cura OPUS. En el desprecio y la risotada que le estampan al chico gay. En la señora del campo que no sabe leer ni escribir. En la noticia distorsionada. En la mano del tipo que roba con guante blanco. En el trabajo que falta…En los alcahuetes de siempre.

Créanme, ahí, hay picana.

En este gusano negro que se retuerce en mi estómago. En la falta de planes mediatos e inmediatos. En todos los cuadros que necesitamos y no están. En todos los Walsh y Urondo. En todos los Cecilio Kamenetzky. En los niños que dicen: “cuando sea grande quiero ser policía”. En la coima nuestra de cada día. En los chicos que aspiran pegamento.

Si, ahí, justo ahí… hay picana.

Y en este dolor que no sabe de aspirinas. En la pesadilla que me despierta en la madruga implorando por un vaso de agua. En mi cara que se asusta y ve en el espejo la cara de un país perdido. Y también en las esperanzas que se hunden en las cloacas del nunca jamás. En los libros que solo son adorno en casa del pequeño burgués. En lo que sobra a unos pocos. En lo que le falta a muchos.

Ahí, hay picana.

En esta manera cuasi inútil de teclear y escribir poesía. De preguntarme ¿para que? ¿Para que? Y a pesar de eso, seguir y seguir, teclear y caminar y vivir a pesar de toda esa cosa que llaman picana.


Néstor Mendoza

viernes, 19 de marzo de 2010

La fortuna - Julio Santillán

Al comienzo se creyó que el problema era étnico. Luego se cayó en la cuenta de que lo que hacían los gringos, lo imitaban los judíos, los turcos... La última historia fue contundente: ocurrió en Yining. Habla de una familia acaudalada que hereda una mansión paterna. Fueron sistemáticos en su tratamiento. Primero voltearon el edificio de un diseño arquitectónico que no contemplaba ningún libro. Luego hurgaron los estómagos de la heterogénea fauna hasta pisotear sus entrañas. Más tarde revolvieron la tierra dejándola limpia. Y finalmente vaciaron esa porción de agua que contenía a las últimas especies.
La faena los hizo sentar en una lomada. Al ver que todo fue en vano empezaron a mirar a sus hijos con cierto desprecio, un odio avivado por las ánimas ancestrales. Hasta que volvieron en sí y maldijeron al abuelo y su tonta historia sobre el cofre de tesoro escondido en esos cien metros redondos.

lunes, 15 de marzo de 2010

Seminario de Guión

La Dirección General de Cultura invita
a guionistas, dramaturgos, escritores,
realizadores y estudiantes afines al:

SEMINARIO DE GUIÓN
a cargo de
Patricio Vega

25, 26 y 27 de Marzo de 2010
De 15:00 a 19:00 hs.

Museo de Ciencias Antropológicas
"Emilio y Duncan Wagner"
Avellaneda Nº 335.

Patricio Vega es el hombre que ideó Hermanos y Detectives y trabajó junto a Damián Szifrón en los guiones de esta serie, y del ya clásico de la televisión argentina Los Simuladores –ambas varias veces galardonadas y recientemente lanzadas en DVD. También colaboró como escritor adicional en La señal (Darín, 2007), y escribió el guión de Música en espera (Golfrid, 2009). El seminario tendrá énfasis particular en la escritura de ficción para televisión.

Gratuito, cupos limitados.

Inscripciones:
Dirección General de Cultura de la Provincia
25 de Mayo Nº 155
De lunes a viernes de 08:00 a 13:00 y de 18:00 a 21:00 hs.


Sujeto tácito - María Julia Jorge Auad.

Cuidado con mi corazón.
Puedes errarle.

Muy lejos de la niebla, no puedo deshacerme de mi frío.
Por más que escriba mil poemas. Nada podrá salvarme de estado que se oculta de mis propios ojos.

(Papeles húmedos)

No debo exhibir más gritos, ojos, flores, etcétera.
Dejaré de ser, nunca seré tampoco.

Quiero despertarme en una caverna donde este mal no se sienta incómodo. Donde mi sangre pueda correr también fuera de mi cuerpo y por el suelo.

Pulso, silencio.
Un pez, un ángel, un humano.

Literalmente, la nada.

Parlètre

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Presentación Parletre N° 6.

Revista de difusión de Psicoanálisis y Cultura.

Amira Juri y Lucas Cosci comentarán sus artículos sobre: “Poesía árabe” y “Tierra y Destino” desde O. Di Lullo.

Salón del Hotel Libertador - Catamarca N° 47- Viernes 19 de Marzo 20:30 hs.

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jueves, 11 de marzo de 2010

Juventud Postrada

Retoño aferrado
A esas metalicas base
Ojos curiosos mirando
Cualquier cosa que pase


Retoño que estas postrado
Con ese calido perfil
Siempre que paso apurado
Siempre te encuentras ahí


Aglomeración de lamentos
Ahogan mi alma
Esas broncas agobiantes
Que me arruinan la mañana


Porque veo tu vida
Postrada en esa silla
Mientras curiosa observas el mundo
Que indiferente ni te mira
Girando sobre ti
Ni te expresa... ¡Buen día!


Que sueños, que ilusiones
Desearías cumplir
Mientras piensas como los sanos
Se arruinan por ahí
Y deseando esa salud, que muchas veces,
Dejan indiferentes partir


Casi te contemple crecer
Encausada en esa silla
Soñando con algún día tener
La cura a esa espinilla


Que te limita de manera abismal
Induciéndote a la cornisa
Por culpa de un mundo cruel
Sin compasión, hastío de sonrisas


El mismo que automatiza al hombre
Impulsando su descompromiso
Hechizándolo a ser sumiso
De su rutina que lo hunde en el piso




De una falsa realidad
De una oscura soledad
Cargando las cruces
En pena y mediocridad


El que le nublo el corazón
Morada primordial del amor
Fuente esencial de la pasión
Causal fundamental de unión


Retoño de bases férreas
Hoy te volví a ver
Mientras pasma la razón en mi conciencia
La pregunta... ¿De ti que va a ser?


Princesa de la dulce espera
Desmesurada traducción de mi impotencia
Manifiesta Suplica carnal de milagros
Que Estiras tu mano saludando
A aquella cruel gente, que al verte
Sin Atención, Te hace a un lado


Es que los ahogo el mundo acelerado
El que hoy en día a nadie deja salvo.
Mientras que no les deja ver
Aquella salud que dichosos han de tener
Mientras que tú, inmutable, ruegas poseer.

De Juan Schamun

Absurdos

Se cuelan gritos, delirios, asfixias.

Hay una grieta en la tierra y por allí emanan.

Son vómitos de angustias, risotadas de llagas, estigmas de vida.

Me arrimo y espío, hay llanto con cubitos de mierda. Un duende me escupe un susto, salta y corre... se esconde.

Ha logrado escapar de la fisura y zapatea rompiéndose los talones.

Meto los dedos donde se esconden los grises y viven los oscuros, efluvios de miseria endulzados con sacarina de sonrisas, desvíos de miradas, jugar a no saber nada... entelequias.

La fisura se cierra y ya no me permite ver nada.

El duende se ha sentado junto a mi paciencia. Juntamos ansiedades pariendo la calma.

Esperaré mil tiempos para que la fisura otra vez se abra y huiré con mi espalda pesada.

No quiero que mañana sea otra noche oscura, quiero que mañana sea un circunloquio de absurdos en tu mirada.


De Diana Beláustegui

miércoles, 10 de marzo de 2010

CASITAS

Contar casitas. Internarse en el fondo de lugares que no existen, pero son. Contar casitas comunes. . . Detectar timbres, ver los postes de luz, la caja de los medidores. Imaginar la rutina de los que adentro sienten confortable el día cuando el perro ladra. Y repetir, todo el tiempo repetir, los gestos aprendidos ayer. Y saber, con tristeza, que esta poronga de la nada, estos dedos oxidados, con alambre están atados.


Contar casitas es lo que hago en esta cuadrícula dormida sobre yacimientos de miedo. Escucho gritos, conversaciones, miradas y no tengo más remedio que contar. . . Y la mujer que arrastra siete críos por la calle de tierra, no ladra pero parece: Esa es la mujer biónica. Con sus tetas llenas de leche y sus manos cuarteadas por la lavandina de los baños que limpió en el centro. Mas allá, dos nenes aturdidos por el sol hurgan en la basura, no encuentran a Dios. El hombre nuclear pasa en su moto de 50 centímetros cúbicos; el hijo, no sé si lo es, le llena un vaso de plástico con cerveza rubia. El hombre nuclear, sin dejar de manejar, la toma de un saque.


Contar casitas es lo que hago: La de aquí tiene cerca de palos y patio de tierra; más allá, un pieza sola con techo de chapa y ventana de madera al frente. Y nunca un número. . . ¡Bárbaros! No saben nada de Pitágoras, ni del existencialismo Sartreano, ni de la dialéctica Marxista. Diez tipos pasan por la calle, me piden monedas, ven mi credencial, tienen camisetas del Liverpool, del Ajax, y algún que otro chauvinista, la aurinegra típica del ocho.


Y la cumbia nos confunde a todos: Por aquí Gilda. Más allá Adrián y los dados negros, y la bomba que me muestra su pollera amarilla. También el fútbol para todos en la tele, y la novela de la tarde. Y sin embargo late y se adivina algo. Algo como vida, palpitaciones, movimientos. . . Y los toros de la Sociedad Rural que ladran por TN: “Esto no es así, no da para más”.


Esto no es así, no da, me digo, cuando vuelvo con la frente marcada por los polvos de la tarde. Llego a casa, miro mi credencial: Néstor Mendoza, dice. . . ¿Quién es este tipo? ¿Por qué siente que adentro le viborea una mamba negra? ¿Estará vivo? ¿Adónde va? Mi padre se muere el día de mi cumpleaños –viejo puto- y yo contando casitas. . . (Y no sé si es un tema de tenerla más larga o más corta). Mancho papelitos. Tengo veneno en la lengua y Chagas en las venas: Esto no es así, no da. Nunca da.


Néstor Mendoza

martes, 9 de marzo de 2010

LA PANTERA

No es por mí,
¿sabes?
Yo todavía tengo el verano
la lucha, la risa
y eso.

Pero adentro
ha quedado
el felino.
Lo conoces bien
lo has invocado en las siestas
te ha perseguido
te ha agotado
te ha desgarrado.

Como nadie
lo calmabas
extraviada en su pelaje
sus juegos
y eso
que sólo
ustedes dos
conocen.

Pero ahora
se ha quedado en la jaula
mordiendo los barrotes.

Ruge
cuando sueño
y te trae consigo
alucinada.

Compro el diario
o leo en la calle
una palabra insospechada
y se agita molesto
se arroja contra el alma.

"Ya", le digo
"olvidá"
y muy pocas veces hace caso
y me siento
de vidrio finito
y no entiendo
por qué él está ahí
desde siempre
y no entiendo
por qué vos ya no.

Maximiliano Jozami

viernes, 5 de marzo de 2010

Quemados



Cuando todo ésto pase,
digo este verano,
con bajas de tensión,
la rabia cargada
en los bolsillos…
La espera en la parada Blanca
de infaltables y comestibles aves,
de Fumar para tener sed
y la música de Cave.
Digo que cuando todo ésto termine:
la vegetación enmarañada
de colgados en el cielo
y cocinar en silencio,
quemados estaremos.
Quemados
Cocidos
Dolidos
Doblados.


Cuando todo ésto sea
una vaina servida de
otros tantos días,
-rogarás por Jim Jones
hablarás a tu gente querida,
la más querida,
harás de tu casa
el templo del pueblo, el juguete
emblemático de la revolución-
y vas a preparar la poción
que soluciona
todo eso que estaba
Quemado
Cocido
Transido
Y quebrado.


Y después de mirar
tu artístico ombligo,
de vomitar el odio congénito,
de siglos de agua turbia,
dirás que no.
Que no es así.
Sonreirás,
la mirada queda,
las manos atadas
a un imposible
y ocasional deseo
que gana por goleada
a los designios de un tal Jim Jones.

De Néstor Mendoza

martes, 2 de marzo de 2010

domingo, 28 de febrero de 2010

Pesadilla



Nunca creí que iba a llegar a esto. Claro, cuando una es joven le parece que la vejez es algo tan lejano que no existe, pero inexorablemente se hace presente. No le tengo miedo a la muerte, la muerte suele ser una liberación y en mi caso debe ser así, porque ya no soporto esta vida.

Ser anciana no me molesta, lo peor es caer bajo la dependencia de otras personas que no tienen el más mínimo interés en una. Y aunque haya sido una personalidad destacada de la cultura y las artes, todos se empeñan en tratarme como si fuera una idiota que no sabe pensar por sí misma.

No sólo se trata de que quieren imponerme dónde sentarme, cuándo acostarme, cuándo levantarme, si debo tomar fresco o ver la televisión. Lo más grave es que ya no puedo vestir mis prendas femeninas. Porque soy crossdresser, ¿sabe? Primero tuve que renunciar a mantenerme depilada y ver crecer ese vello que me remite a la parte de mí que detesto. Y de la ropa ni hablar. Les pedí a mis hijos que me trajeran algo aunque sea de todo lo que tengo en los roperos pero ellos no contestaban, era como si le hablara a la pared. Traté de hacerme de unas prendas que encontré en el canasto de la ropa sucia y me descubrieron las empleadas del geriátrico.

—¿Qué? ¿Ahora se hizo maricón? —dijo una de ellas, y las demás se rieron como si hubiera dicho una verdadera gracia.

Cuando insistí con mis hijos, finalmente se hartaron y me confesaron que Elena y Sara habían tirado todo a la basura. Elena y Sara son mis nueras, las muy brujas. Les pedí las fotos, esas fotos que adornaban mi dormitorio donde aparecía, entre otras cosas, con mis botas favoritas o con el vestido de seda verde que tanto me gustaba. También las tiraron, me confesaron. Mis nueras dijeron que era una inmoralidad, que yo era un pervertido y que sería la vergüenza de la familia si se sabía que me pasé la vida andando por ahí vestido de mujer.

Usted ya está viejo para esas cosas, argumentó la única empleada que me escuchó atentamente. El tiempo que prestó atención a mis reclamos antes de decirme esas palabras fue la única muestra de amabilidad que he conseguido en todo este tiempo.

¿Qué voy a hacer sin mis prendas femeninas, sin mi caja de maquillaje, las pelucas o la bijouterie? ¿Por qué tengo que renunciar a una parte de mí? Me han aprisionado. Dos veces, una en este maldito hogar de ancianos y la otra dentro de mi cuerpo de varón que ya no puede volar, como antes, adonde la fantasía no tiene límites.

Así que ando llorando por los rincones. Bueno, a veces llorando y otras mirando atentamente dónde el empleado de mantenimiento suele dejar el veneno para ratas.



Alexia Montes

4



Amigos míos

piensen mucho en mí

amanezcan

y, apenas,

escriban mi nombre

en la espalda de quien haya dormido con ustedes

átenme con piolines de desvelo a las patas de vuestra muerte



porque yo

no sé cómo explicarles

a veces resulta que voy y, distraído,

remonto vuelo

yo precisamente

a mí que me acobarda lo impensado

qué espanto

si un día aprendiera a volar

si después de todo al Ícaro torpe lo salvara la oscuridad



por eso amigos

llévenme al cine con ustedes

vayamos a cenar

llámenme

muerdan las cenizas de anoche como si me llamaran.




Ramón Esteban Chaparro

Género: poesía lírica

sábado, 27 de febrero de 2010

Poema para Dulce

Como todo el mundo
también yo una vez
fui joven.
Y me casé.
Ella tenía 16 años
la cintura apretada
y pechos eclipse.
Pero su rostro
inasible
extraño como un perro oriental
parecía el amor
ese rostro
no podía estar del lado equivocado.
Y no estuvo.
Nos lamimos
tantas veces
nos gemimos
nos cantamos.
Hacíamos el amor
en Roma
y seducíamos
a los italianos.
Todos querían ser
la parejita argentina
encantadora.
Y cuando yo volvía
de servir café
y hacer mudanzas
ella estaba ahí.
Y también
cuando no había
mudanzas
y el dinero
para la pizza o la pasta
se hacia siempre menos.
Ella estaba.

Volvimos.

Y ella estuvo.
Me sonreía
me apretaba
me mordía.
Ella no sabía
cocinar
pero intentaba.
Y yo odiaba
lavar los platos
pero lo hacía.

El tiempo
es ahora
más rápido
que cuando
éramos niños.
Un día el monstruo
vomitó
su asco
su bronca
su envidia
sobre mí.
Ella había cumplido
22 años.
Y sus ojitos
de perro
tuvieron
la sinceridad que ella no.
Y ya su mano no
me dio escalofríos
su lengua no me buscó
cómplice
ni helada ni caliente

Apareció un cementerio
vivo
de nervios.

Que los amantes
que las pijas
las conchas
los culos
la mentira.

El miedo.

Yo supe
que era el
miedo.

Pero lo supe
muy tarde.
No le había
enseñado.
Y ella no
se atrevió.
Y me quedé
solo
de este lado
del mundo.

Todavía recuerdo
a diario
la sonrisa
los dientes
la piel.
Las películas
de Fellini
con el Gran Marcello.
Los helados
de un euro cincuenta
frente a la inverosímil
Fontana.
Su ano
recibiéndome
como a los
Reyes Magos.
Su olor
insoportable
al volver
del laboratorio.
Su cuerpo
sin ropas
cuando
la playa nudista.
Los piropos
en mal
italiano.
Las canciones
burdas.
Y también las buenas
como las de "Artaud" o Nina Simone.

Ahora el miedo
a la muerte
tiene nombre:
sé que van a ser
ésos
los últimos destellos
antes del crepúsculo.


Maximiliano Jozami

lunes, 22 de febrero de 2010

Fidel o Pinochet

-¿Sabes qué? El mundo es redondo y da vueltas –decía el Víbora
mientras con el índice de la izquierda señalaba una pelota inexistente
en la derecha- hoy estás arriba y yo aquí, ¿ves?, abajo. Pero,
guardia, mañana se da vuelta la tortilla y yo estoy aquí- movía la
muñeca y señalaba el pulgar que ahora apuntaba con un nudillo para
arriba- ¿entonces? Entonces no jodas, viejo, no te preocupes por esos
que hoy te miran desde arriba, porque todo lo que sube, baja y todo lo
que baja –hacía un instante de silencio como pidiendo la respuesta-
¡sube! ¿Entiendes, amigo? ¿Capichas lo que te digo?
-Claro, capicho.
Un compendio de ideas hechas al gusto popular era el Víbora. Casi
siempre empezaba con Colón que descubrió que la Tierra es redonda,
¿sabías?, el mundo que da vueltas, seguía con el mil de ladrillos que
precisaba para construir un paredón móvil y matar a todos los
corruptos de la Argentina. Y terminaba con que el primer gobierno de
Perón fue bueno, pero en el segundo desbarrancó un poco.
-Porque ya no estaba la Eva- decía, quizás sin saber que esa forma de
nombrarla era típicamente anti peronista. Digo, porque otra de sus
frases hecha era que él no era anti nada o mejor dicho “soy anti
ladrones”.
Tenía varias frases de cabecera el Víbora, algunas políticas.
Conseguía una noticia “posta”, “de adentro” o “de un muchacho que
sabe” y entonces largaba:
-Cuando digo que la vaca es overa es porque tengo el cuero en las manos.
O aseguraba que ya se venía una difusa revolución de no se sabía muy
bien quiénes ni contra qué. Apenas veía que dudabas, advertía.
-Cuando te diga que es carnaval, vos apretá el pomo.
O daba consejos sobre las mujeres.
-Mujer que no coge, vuela, ¿vos has visto alguna que vuele?... Bueno,
todas cogen.
-Las mujeres son como las chapas, hay que clavarlas para que no se vuelen.
Y siempre terminábamos en la misma.
-Cuando uno se casa, lo primero que tiene que hacer es pegarle un buen
sopapo a la mujer. En la luna de miel hay que calzarla para que sepa
quién es el que manda.
-Che, ¿vos le has pegado a la tuya?
-No. Así me va también.
Al último aburría enormemente el Víbora. Lo veía y me daba una
sensación de hastío, Era como leer veinte mil veces el mismo
Patoruzito. Un decir, llegabas al café y le comentabas un asunto que
habías leído en el diario, no sé, cualquier cosa.
-Parece que el gobierno se ha quedado con un vuelto en el….
-Pará, pará, no me digas nada.
-Ah, ya sabes todo, ¿no?
-No sé nada. Pero a esos hay que matarlos a todos. Hay que pasarlos a degüello.
Y claro, te cortaba la inspiración. Porque si todo se arregla con un
paredón móvil entonces no hay conversación que dure. Además tenía una
confusión ideológica que te la voglio dire. Un día llegó a decir que
los dramas de la Argentina se arreglaban con un Fidel o… con un
Pinochet. Una vez no sé quien llevó unos amigos socialistas. Se
querían matar, porque además el Víbora se proclamaba socialista de la
primera hora, socialista de José Ingenieros, que era otro boludo, pero
boludo atómico, boludo nuclear.
Al final, qué quieres que te diga, al cabo de tantos años ya me tenía
podrido el Víbora con sus ideas de Compendio General Etimológico de la
Frase Hecha. Repodrido estaba. Cada vez que lo veía las bolas me
llegaban hasta la tercera napa freática.
Ese tiempo vino con la idea de las máscaras mortuorias. No sé dónde
habría leído o le habrían dicho que a los tipos importantes de antes,
cuando se iban para el otro barrio, les sacaban una máscara en yeso.
Una forma de guardarlos por si a alguien se le ocurría levantarles una
estatua.
-Deberíamos hacernos una máscara mortuoria nosotros también, pero
antes de morir- largó en una reunión.
Creo que fue el Gordo Tornillo el que le respondió:
-Mirá Víbora, te he oído decir miles de boludeces, pero como esta, ninguna.
Después vino con que había que aprovechar los cajones de los finados
de los monumentos de los cementerios para hacer muebles.
-Así nos ahorraríamos un montón de madera- explicó.
Pero para ese tiempo ya nadie lo consideraba como para andar
respondiendo las estupideces que se le ocurrían.
Yo quise hacerle una joda. Conté que en Reyes pondría un negocio en la
Tucumán frente al mercado: venta de agua y pastito para los camellos.
-Tantas macanas se venden para este tiempo, que qué voy a creer que no
voy a vender siquiera alguito- dije.
Pero nadie, salvo el Víbora, captó el chiste, la cargada. Tomó nota.
Otra ocasión propuso pena de muerte para los acaparadores. Y se enojó
porque le dije que acaparan porque tienen dónde.
-Cómo es eso.
-El tipo que acapara mercadería es porque tiene un galpón- le dije.
-Yo también terminaría con todos los galpones- respondió medio picado
No sé quién exclamó:
-¡Ah!, ¡bueno!
Y agregó
-Pero éste no es más pelotudo porque no se entrena.
Tuvimos que separarlos entre varios, porque así como lo ve, todo
flaquito, el Víbora tiene una fuerza bruta de la mierda.
Pero, ¿sabe qué era lo peor del tipo? Era porteño, hablaba como
porteño y ceceaba las eses como los porteños arrabaleros, ¿ha visto?
Eso que venía de una familia de chuchetas de allá, venidos a menos. Se
decía descendiente de Juan Manuel de Rosas, por los Anchorena, algo
así. Usté sabe como odiamos a los porteños en Santiago, sean
descendientes de Rosas o de don Juan de Garay. En realidad no es odio,
es odeo.
El Víbora no iba a cambiar sus pensamientos por una agarrada así
nomás. Es como si uno naciera con una idea y nadie se la va a sacar de
la cabeza. Parece que algunos vienen así de cuna. Pueden ser
excelentes guitarristas, pintores magníficos, escritores de nota, pero
cada vez que hablan, largan un macanazo. Hay varios dando vueltas por
el centro de Santiago todos los días.
Otra vez propuso no sé qué. Alguien también lo atajó diciéndole que
era una huevada, pero se defendió:
-Este- señalándome –anunció que iba a vender pasto para los camellos
de los Reyes y nadie le dijo nada.
Ahí me di cuenta de que había tomado nota de que mi supuesto negocio
de Reyes había sido una joda para él. En ese sentido, ningún quedado,
le digo.
Justo en ese momento yo estaba enfrascado en una discusión sobre una
película de la Sofía Loren, no sé qué y la dejé pasar. Pero me juré:
-Esta es la última que me haces, Víbora.
Y comencé a salir con el chumbo. Un Orbea del 32 que tenía en casa.
Por las dudas lo llevaba descargado.
Una mañana lo fui arreando despacito. Comencé hablando de un Fulano
que había sido amigo, ahora estaba de funcionario y me negaba el
saludo. Como nunca, ese día el bar estaba hasta el ojete de clientes.
Lo seguía llevando. Le digo más, llegó el Profe, que raras veces solía
venir, estaba también el Gordo Silva, Daniel Guerra, ¿no le digo?
Todos. Y yo seguía contando las cosas que se había comprado el amigo
funcionario.
-Antes no tenía ni para una bicicleta, ¿te acuerdas? Y ahora tiene dos
autos, a uno lo ha puesto a laburar para remís- seguía contando.
Y ahí fue cuando se le salió la cadena al Víbora.
-A esos hay que matarlos a todos.
-Sí- le respondí.
Y, del portafolio saqué el revólver.
-Tomá, andá, matalos y volvé.
Le dije.
El silencio que siguió fue como esa parte de la misa, después de la
comunión, cuando el cura se va a sentar y todos quedan quietitos,
esperando quién sabe qué. Primero quiso hacer como que agarraba el
arma, pero se dio cuenta de la cargada y de sentado nomás me largó un
semerendo seco que me tiró voleando a la mierda. Se me vino al humo,
diga que nos separaron, que si no, me mata, ¿no dije que es flaquito
pero bien fortacho?
Cuando se acuerdan, los muchachos siempre me piden el chumbo para
salir a matar funcionarios, me cargan de lo lindo. Pero yo he dejado
de frecuentar los bares a los que iba, para no encontrarlo al Víbora,
verlo nomás me produce una cosa como rabia, mezclada con no sé qué,
bilis pongalé.
Yo digo solamente dos cosas, primero que me enferman los tipos que
tienen ideas comunes, frases comunes huevadas comunes. Segundo, que se
cague, Víbora de mierda. El pez por la boca muere.

De Juan Manuel Aragón